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DOCUMENTO DE PRENSA
PARTICIPACIÓN
CIUDADANA CONTRA
En
este sentido, hemos emplazado a los Magistrados de la Suprema Corte de
Justicia a que conozcan, decidan y fallen definitivamente los casos
siguientes:
De
igual modo, estamos emplazando al Magistrado Dr. Rafael Antonio Pacheco
Paulino, Juez de la Décima Sala Penal del Juzgado de Primera Instancia
del Distrito Nacional, en sus funciones de Sexto Juez del Tribunal
Liquidador, para que agilice y concluya dos casos de corrupción en su
poder:
Asimismo,
con igual propósito, hemos emplazado a los siguientes Magistrados:
En
las próximas semanas Participación Ciudadana hará emplazamientos
similares a otros Magistrados que tienen engavetados casos de corrupción
cuya situación estamos investigando, como lo son, por ejemplo:
el caso del fraude en la Lotería Nacional, el caso de los
taxis pollitos y el caso de la Asociación Popular de Ahorros y
Prestamos. Igualmente se
dará seguimiento a los dos casos más recientes:
el uso por parte de oficiales de la Policía Nacional de vehículos
robados y el Plan Renove.
Al
actualizar la investigación
sobre los casos de corrupción sometidos a los tribunales de la República
durante el periodo 1983-2003, publicada el año pasado con el titulo de
“Veinte años de Impunidad”, nos encontramos con la misma situación
deplorable, en la cual nadie guarda prisión por delitos de corrupción, a
pesar de la abundancia de pruebas en muchos de los casos bajo consideración
de los tribunales. Poniéndose
de nuevo en evidencia la inutilidad y la inercia del aparato
judicial dominicano, cuando de perseguir y condenar la corrupción se
trata.
En
todos los casos de corrupción se utiliza el mecanismo de otorgar libertad
bajo fianza a los inculpados y luego, los jueces apoderados se encargan de
engavetar los procesos o permitir que los mismos sean incidentados
indefinidamente, de tal manera que la libertad bajo fianza se convierte en
libertad definitiva sin llegar a dictar sentencia.
Eso da lugar, incluso, a que algunos expedientes desaparezcan de
los archivos de los tribunales como ha ocurrido en el caso que se seguía
contra Leonel Almonte desde el año 1989.
A
esta penosa práctica no escapa la propia Suprema Corte de Justicia, cuyo
ejemplo más patético es el del imputado de trafico de indocumentados,
Radhamés Ramos García, caso que tiene mas de dos años en su poder, sin
que ese tribunal haya sido capaz de conocer el fondo.
Es
evidente que este comportamiento del tribunal supremo del país envía una
pésima señal a los tribunales inferiores y le quita toda fuerza moral
para exigir firmeza y responsabilidad a la hora de juzgar los delitos de
corrupción.
Estamos
convencidos de que la lucha contra la corrupción y por el cese de la
impunidad sólo saldrá victoriosa cuando los tribunales del país asuman
la responsabilidad que les corresponde, sancionando drásticamente a los
culpables de estos delitos, sin importar su poder o su influencia política
o económica y sin hacer distinciones por razones de apellidos o abolengo
social. 26
de enero, 2005 |