Nuestra posición en torno al Voto Electrónico
15 de Diciembre del 2005

En diciembre del año 2004 hicimos pública nuestra posición de apoyo a los planes de la Junta Central Electoral (JCE) para la modernización  del registro del estado civil, a la vez que llamamos a una mayor ponderación en relación con la instalación del voto electrónico. 


Dado los actuales aprestos de la JCE para introducir esta modalidad de votación en las próximas elecciones congresuales y municipales, nuestra organización desea reiterar nuestro criterio respecto a este tema. 


Entendemos que la prioridad debe ser la modernización del Registro Civil, que no debe limitarse a la automatización de la información, sino que también debe tocar otros aspectos, como la creación de ágiles sistemas de información entre los ayuntamientos y las Oficialías del Estado Civil, la adopción de medidas permanentes que tiendan a disminuir el número de personas sin declaración de nacimiento y la propia reestructuración de las Oficialías, regulando estrictamente la contratación, competencia y remuneración de su personal. 


Asimismo, seguimos considerando que no debe precipitarse la decisión en cuanto al voto electrónico, pues no existen razones contundentes para adoptar una modalidad de votación que implica una inversión significativa de recursos para adquisición  de tecnología, cuando el país todavía no acaba de superar una de las peores crisis económicas de su historia. 


Aspiramos a que la implementación del voto electrónico se realice de una manera gradual considerando la realidad nacional y de esta manera  mejorar, en la propia marcha,  las posibles dificultades que se puedan presentar en el proceso. Brasil, que es mencionado como un modelo a seguir en esta materia,  duró alrededor de diez (10) años para aplicarlo en todos los niveles de elección y luego de haber concluido precisamente con la actualización y modernización de su registro civil. 


Dentro de los elementos críticos que tiene la propuesta de voto electrónico que ha formulado la Junta Central Electoral,  podemos señalar los siguientes: 


§         Incongruencia entre lo externado por la JCE en torno a que el voto electrónico se limitaría a un proyecto “piloto” en las elecciones congresuales y municipales del 2006, y que entonces incluyera en su presupuesto para el 2006 las máquinas necesarias para una implementación general del voto electrónico. Los propios técnicos de la Junta hablan de “las trece mil” máquinas compradas, como si se fueran a utilizar en la totalidad de colegios electorales habilitados. 


§         Que se considere el uso de las máquinas en las elecciones primarias de un partido y en una demarcación específica (el Distrito Nacional) como el plan piloto que la Junta se había comprometido a implementar en las elecciones de medio término.  


§         Que la votación  a través de este proceso sea a través de números, utilizando una pantalla en blanco y negro en la que no pueden identificarse los colores y símbolos de los partidos; con un sistema que le hace preguntas al elector y tan sólo da un (1) minuto para que cada votante ejerza su derecho.  Estos aspectos  pueden provocar dificultad en los electores, considerando que no se adapta con las leyes y tradición  política dominicana, sobre todo cuando una gran población no sabe leer, obligando esto a que el  elector lleve a la votación una “ayuda-memoria” donde escriba previamente los números que identifican a sus candidatos. Esto también podría facilitar la “compra” de votos en las propias filas frente a las urnas, y afectar directamente el acto de votación del ciudadano.  


§         La propuesta de la Junta se concentra en el acto de votación, aún cuando el número de votos nulos y observados en nuestros procesos electorales es mínimo, lo cual prueba nuestras dificultades no se presentan en el acto mismo de votación sino más bien en el momento del escrutinio, redacción de actas y entrega de los resultados en las Juntas Electorales. Por ello entendemos que deben estudiarse otros modelos de voto electrónico que, por ejemplo, sólo consideren la tecnología electrónica para el escrutinio de  los votos y la expedición de las actas y se mantenga el ejercicio del sufragio mediante una boleta física. 


Por último sería importante  que se analizara si la implementación del voto electrónico no amerita de una reforma a la ley electoral ya que esta se refiere en distintos momentos a las “urnas de votación” o a los procedimientos para la elaboración de las actas escritas. 


Por las razones apuntadas precedentemente, reiteramos nuestra opinión, en el sentido de que: “a lo sumo, podría analizarse la conveniencia de realizar una prueba piloto del sistema, en las elecciones del año 2006, que no abarque más de medio del uno por ciento (0.5%) de los colegios electorales, repartidos aleatoriamente entre un sector urbano de clase alta y media alta, un barrio urbano pobre y un área rural”.

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