Aunque la ciudadanía ha expresado un alto nivel de rechazo a las ofertas electorales de los tres partidos mayoritarios, y así lo ha hecho constar en las recientes encuestas de opinión, la clase política tradicional espera que, como en otras oportunidades, tenga que renunciar a escoger lo mejor entre lo bueno para tener que votar por lo menos malo.
Aún en el caso de que no existiera una crisis de los partidos políticos en el país, lo cierto es que, al menos sobre los tres partidos mayoritarios hay un fuerte cuestionamiento y un gran descontento.
Se han sucedido en el ejercicio del poder, pero los problemas fundamentales del país permanecen sin ser resueltos.
Los tres han hecho gala de un pragmatismo salvaje donde todo se ha valido, han practicado el clientelismo, desde las formas mas refinadas a las más primitivas y todos también han hecho un uso abusivo de los recursos públicos en las campañas electorales, sobre todo cuando buscan la reelección.
Los tres representan experiencias conocidas en la dirección del Estado por lo que dificilmente puedan ofrecer, y menos realizar, algo diferente de lo que han hecho en su paso por el poder. Sus ofertas serán, necesariamente, “más de lo mismo”, aunque en el discurso pretendan presentar alguna renovación. No podrán convencernos de que ahora harán lo que no pudieron o quisieron hacer antes.
Aunque la ciudadanía ha expresado un alto nivel de rechazo a las ofertas electorales de los tres partidos mayoritarios, y así lo ha hecho constar en las recientes encuestas de opinión, la clase política tradicional espera que, como en otras oportunidades, tenga que renunciar a escoger lo mejor entre lo bueno para tener que votar por lo menos malo.
Ha sucedido, sin embargo, que por la forma en que se desarrolló la competencia interna para la selección de los candidatos a la Presidencia de la República en las próximas elecciones, a los descontentos en la sociedad civil se suman ahora dirigentes y militantes de partidos políticos, también descontentos, porque para vencer a los adversarios internos se utilizaron procedimientos que solo se habían utilizados antes para derrotar a los externos. Ahora se emplearon contra amigos y compañeros del propio partido.
Esta realidad ha dado lugar al surgimiento de una nueva opción política que cuenta ya con un candidato a la Presidencia de la República, sustentada, al menos, por un partido político que cuenta con reconocimiento por parte de la Junta Central Electoral.
La llamada Cuarta Vía representa una oportunidad, en varios sentidos, para el sistema de partidos y para el propio sistema político.
Pudiera ser la posibilidad de que la ciudadanía no tuviera que votar por la oferta electoral menos mala de las que hasta ahora son las opciones de poder. Pudiera permitir también que se expresara, de forma electoralmente válida, un rechazo a las ofertas tradicionales votando por una opción diferente, sin tener que votar en blanco (que no se cuenta) ni trazar un signo que abarque las tres candidaturas, que se interpretaría como un voto nulo (que no se supo votar) o quedarse en su casa el día de las elecciones (abstención)
Podría representar, además, la oportunidad de una renovación desde dentro del sistema político, cerrando la posibilidad de que aventureros políticos aprovechen, como ha sucedido en otros países, las deficiencias de los partidos y el descontento de la ciudadanía para hacerse con el poder, con un discurso anti partido y anti política, para terminar formando un nuevo partido o haciendo pagar muy caro al pueblo las realizaciones de su sueño aventurero.
Pudiera ser la posibilidad para que la izquierda apoye o se integre en una opción política en la que pueda influir sobre la definición de su contenido y alcance, en vez de repetir las subdivisiones de las divisiones o invertir esfuerzos y esperanzas en intentos que no pasan de ser eso: un nuevo intento que termina en fracaso.
Este nuevo referente pudiera ser también la posibilidad de que los descontentos de la sociedad civil puedan apoyar una opción que quiera ser diferente, que sólo lo será realmente en la medida de que reciba colaboración e influencia de sectores que han reclamado la necesidad de una alternativa diferente a la que representan en estos momentos los tres partidos políticos tradicionales.
¿Podrán políticos tradicionales convertirse en una opción política moderna y progresista? Es lo que espera la ciudadanía no comprometida partidariamente y la Cuarta Vía puede ser la oportunidad de hacerlo.