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Tahira Vargas | 29 de Mayo del 2012
Maternidad y trabajo sexual

 

“Ser mujer es estar bien en su casa, tener sus hijos y no darle la espalda a sus hijos, no abandonarlos”. “Tener hijos y saber criar los hijos eso es ser mujer”. “La mujer es el ser más importante porque es la que procrea los hijos”.

Estas citas se extraen del capítulo “Cohesión Social” en el estudio “Política Social, Capacidades y Derechos” publicado por la ODH/MEEPYD en el 2010, Vol III p.100.

En este estudio se muestra el estrecho vinculo que existe en comunidades estudiadas entre el “ser mujer” y “ser madre”. Varias mujeres entrevistadas reducen su identidad como mujer a la maternidad y sobre todo a los roles tradicionales de reproducción. Esta identidad de ser mujer desde la perspectiva de la maternidad genera  condiciones de sacrificar su esencia y su sentido como personas subsumiendolo a la maternidad que se convierte en el rol principal.

La maternidad es cultivada en nuestra sociedad como la actividad principal de las mujeres y en muchos casos como su esencia principal. Así desde niñas las mujeres son educadas y criadas para ser madres entendiendo que contradecirlo es negar su identidad como mujeres.

Esta representación cultural de la mujer definida como madre debilita su capacidad de empoderamiento desde su femineidad  y la expone a condiciones de riesgo de su integridad física y social.

En una sociedad en la que la mayoría de la población se encuentra excluida de capacidades para ampliar sus libertades  con miras a su desarrollo humano las mujeres son las que más sufren inequidad.  Sus opciones son muy limitadas. La emigración de la mujer campesina a la ciudad en búsqueda de empleos se reduce  a la esfera del empleo doméstico por su baja escolaridad, igual ocurre con la emigración hacia el exterior en la que se expone en muchos casos a ser víctimas de trata, trafico o de explotación sexual comercial.

La explotación sexual comercial de las mujeres es una de las muchas situaciones de explotación que vive cotidianamente desde la niñez y adolescencia,  etapas en la que su alta vulnerabilidad como mujer, como niña y como pobre las convierte en sujeto atractivo para las redes de trata y trafico.

Una proporción significativa de mujeres que viven del trabajo sexual fueron víctimas de explotación sexual comercial en su niñez y adolescencia. Se mantienen en el trabajo sexual por diversas razones, una de las cuales es el flujo de ingresos diarios que supera al trabajo doméstico.

La mujer que se inserta en el trabajo sexual lo hace desde diversas formas desde el trabajo sexual informal, esporádico o la dedicación a tiempo completo.  En los casos de dedicación a tiempo completo este implica 10 a 12 horas de trabajo en la calle o en negocios que se combina con las labores domésticas y de maternidad.

Son muchas las trabajadoras sexuales que son madres de varios hijos/as y en algunos casos nietos/as. Su actividad económica las convierte en esclavas porque se acuestan a las 3:00 y 4:00 de la madrugada y tienen que levantarse a las 6:00 de la mañana a prepararles desayuno a sus hijos, atenderlos y realizar las labores domésticas tradicionales. Dedicarse a este trabajo implica para ellas una doble, triple o cuádruple jornada en la que la vida es solo dedicación y sacrificio porque su trabajo si bien es “vender placer” no significa para ellas “placer” sino solo sobrevivencia.

Este artículo fue publicado originalmente en el periódico HOY

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