Uno de los argumentos del Presidente Fernández para descartar la Constituyente fue que la Consulta Popular que precedió a la elaboración del proyecto de reforma constitucional que presentó ante el Congreso es mucho más democrática, después de haber defendido lo contrario durante años.
Una Consulta Popular no es más democrática que una Asamblea Constituyente. Razones: se puede producir autoexclusión, con posibilidad de ser masiva (como ocurrió). Además, la mayoría de los participantes pueden pertenecer a un partido político (como sucedió).
Cuando los resultados de la Consulta no son vinculantes, ni jurídica ni políticamente, se pueden desconocer los acuerdos, incluso los votados por mayoría absoluta de los participantes. El desconocimiento puede llegar, incluso, sobre temas esenciales (como aconteció).
Por otro lado, una Consulta Popular no es excluyente de una Asamblea Constituyente para realizar una reforma constitucional, sobre todo cuando la reforma propuesta determina decisión sobre una nueva Constitución. Una Constituyente puede partir, y es bueno que así sea, de los resultados de una Consulta Popular como material de trabajo. O de la reelaboración realizada por una comisión de juristas.
Lo que se aprecia es un cierto temor por un procedimiento para la reforma de la Constitución en que se corra el riesgo de que no se apruebe lo previamente decidido o que se apruebe lo que ha sido ya descartado. Se prefiere uno en que la aprobación de la propuesta pueda ser asegurada de ante mano.
La Asamblea Revisora, formada por los actuales legisladores, no refleja la diversidad de la sociedad. Aunque actúan en representación de la ciudadanía, lo cierto es que fueron electos con el compromiso de colaborar en la ejecución de un programa de gobierno del partido político que los postuló. Difícil será que contravengan las directrices del partido a que pertenecen, mucho menos cuando el presidente del partido es, al mismo, tiempo el Presidente de la República.
La robusta mayoría del PLD en la Asamblea Revisora, y los “amarres” realizados para agenciarse los diez y nueve legisladores que le faltan para contar con las dos terceras partes que se necesitan para aprobar la reforma, fue lo que le permitió expresar al Presidente Fernández al depositarla ente el Congreso que ya tiene los votos requeridos para su aprobación.
Quizás sea esta la razón fundamental por la cual el Presidente Fernández ha defendido con tanta vehemencia que la reforma se haga mediante la Asamblea Revisora.
Una Consulta Popular puede provocar una movilización social en torno a una propuesta de reforma, con las exclusiones y desconocimientos de acuerdo señalados. Pero nunca será más democrática que una Asamblea Constituyente.
Una Asamblea Revisora tendrá legalidad para decidir sobre una reforma a la Constitución, pero no la legitimidad para aprobar una nueva Constitución. Pero no es más manejable que una Constituyente, sobre todo cuando a la mayoría robusta que se tiene ya en el Congreso se pueden sumar, con una buena “motivación”, los votos necesarios para aprobar la reforma. ¿Será por eso que se prefiere?