A pesar de su origen boschista, el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) llegó al poder y se ha mantenido con el favor de la derecha dominicana de élite y base.
Leonel Fernández, llamado león por sus propios publicistas, se tragó el gallo balaguerista.
Episodio I: ante la proscripción reeleccionista de Joaquín Balaguer en 1996, y la posibilidad de un triunfo electoral de José Francisco Peña Gómez, Balaguer concibió el “Frente Patriótico”. Así eliminó al negro de origen haitiano y favoreció al joven mulato.
Enterrado Peña Gómez, y Balaguer casi en lecho de muerte, el viejo caudillo de Navarrete decidió probar suerte nuevamente y se llevó 25% de los votos en el 2000, suficientes para destronar al PLD.
Desde las gradas, Leonel Fernández presenció la derrota de Balaguer y de Danilo Medina, así como el estrepitoso derrumbe del gobierno del PRD.
Episodio II: sin Bosch, ni Peña Gómez ni Balaguer, la crisis económica y política de 2004 abrió un proceso para que Leonel Fernández pasara de tímido Presidente en 1996-2000, a sagaz articulador de la política dominicana.
Las élites necesitaban un nuevo príncipe y las masas un nuevo caudillo; y como muchos de sus adversarios nunca han admitido la capacidad de Leonel Fernández, le dejaron cancha abierta para la rearticulación política.
Las elecciones de 2004 produjeron los elementos centrales que definirían la política dominicana a partir de ese momento: 1) el desplome electoral y la desarticulación del PRSC sin Balaguer, 2) la dificultad del PRD para articular una mayoría electoral después de la debacle económica de 2003-2004, 3) la absorción por parte del PLD de un amplio segmento del antiguo electorado balaguerista, y 4) el apoyo cada vez más firme a Leonel Fernández de la élite ultra conservadora.
Sin Balaguer, los sectores conservadores dominicanos de élite y de base, encontraron en Fernández el líder con la formación y sagacidad política que más se acercaba al viejo caudillo. Por su parte, interesado en solidificar su poder, el Presidente fue desarrollando un sincretismo político con sus antiguas ideas de izquierda y la nueva articulación de derecha.
No por casualidad en su gobierno conviven figuras connotadas de la derecha y la izquierda, y todos encuentran afinidad con el Presidente.
El politburó del nuevo sistema es el Comité Político del PLD, donde la mayoría de sus miembros ofrecen apoyo incondicional a Fernández a cambio de continuar en el poder.
Episodio III: la fragmentación del PRSC en la campaña electoral de 2004, y el paso de connotados dirigentes reformistas a apoyar la candidatura de Fernández, inició el período de absorción formal del balaguerismo por el gobierno peledeísta.
Otros reformistas pasaron también al oficialismo antes de las elecciones congresionales-municipales de 2006, y el fracaso de la Alianza Rosada PRD-PRSC dejó al reformismo en peores condiciones.
Incapaces de identificar un líder con buenas posibilidades electorales, el PRSC siguió por una pendiente resbaladiza de confrontación y fragmentación, que redujo cada vez más su capacidad de atraer votantes.
La aplastante derrota de Amable Aristy en el 2008 selló la incapacidad política del PRSC para rehacerse después de Balaguer. Y en las últimas semanas, después del pacto Leonel-Miguel, la fragmentación reformista continuó, mientras el gobierno sigue empeñado en dar los toques finales para la completa absorción del balaguerismo.
El PLD necesitaba una masa electoral para competir con el PRD y la obtuvo del PRSC. Los reformistas, incapaces de articularse en torno a un líder con buenas perspectivas políticas, se han desperdigado.
Así el león se tragó al gallo, y para las elecciones de 2010, los reformistas tendrán que pedir limosna para conseguir algunos cargos.