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Ramon Tejada Holguin | 09 de Febrero del 2006
Lágrimas negras

Hace alrededor de 70 años Miguel Matamoros exhibió al mundo sus lágrimas negras: “Y lloro sin que tu sepas que el llanto mío/tiene lágrimas negras/tiene lágrimas negras/como mi vida”.

 

Hoy las exhibo yo, las muestro por muchas razones y no son “las mil razones” de Juan Luis Guerra. No las exhibo para que la Ruth de mis amores me perdone por algo que pude haber hecho.

 

Exhibo mis lágrimas negras pensando en Fermín Holguín Bonó, mi abuelo materno, negro de pura cepa, cuyo color de piel, cuando era niño, envidiaba. Conocí la poesía de sus labios.

 

Recitaba como nadie y sin que todavía fuera yo capaz de descifrar bien el alfabeto me enseñó a recitar uno de sus poemas jocosos y yo vivía orondo declamándolo.

 

Sembró en mí este gusanillo del interés por la política y los estudios sociales. Sólo un paso separa la sensibilidad poética de la sensibilidad política.

 

Pero, no es él quien motiva la exhibición de mis lágrimas negras.

 

Hablé de mi abuelo materno para que quede claro que él es quien tiñe de negro mi oreja y ante tanta xenofobia digo que me siento orgulloso de este abuelo mío.

 

Pero, no lloro por él, sólo lo recuerdo porque fue un febrero la última vez que lo vi. Sólo pienso en él. Exhibo mis lágrimas negras por un país que se resiste a la democracia y la modernización.

 

Ése es el motivo de mis lágrimas negras. En realidad creo que debería ser la nación la que llore lágrimas negras. Intenté no llorar y tomar algunas cosas a chiste.

 

Por ejemplo, cuando el lunes en la tarde me enteré de la sentencia que absuelve a los acusados del Plan Renove, califiqué dicha sentencia como una jurisprudencia que podía ser llamada “crónica del desmoronamiento de una estructura jurídica o de cómo empezar aceptando la prevaricación y la corrupción como algo accesorio y finalizar aceptando que las leyes humanas, sociales y la justicia se basen en la ley de la selva o de la selección natural en la cual sólo el más corrupto o el que tenga menos escrúpulos sobrevive, perdón, el más fuerte sobrevive”.

 

No sé si ustedes se dan cuenta de cómo esa sentencia contradice todo lo que me decía mi abuelo sobre el respeto a las leyes, la justicia y todas esas cosas que ahora parecen ser accesorias, puros accesorios de lujo.

 

¿No es para llorar lágrimas negras este hecho? Yo quisiera ser visto como un anciano que aconseja sabiamente a sus nietos, ¿pero quién me va a hacer caso? Nadie, la verdad es que la sentencia del Renove es otro agujero más en el tejido social y el mensaje que se envía a la juventud es uno de los más nefastos.

 

El mensaje es que más vale el dinero que la justicia, que la capacidad de chantaje político está por encima de la sociedad y de las leyes, y que la estulticia puede seguir teniendo poder fuera de la presidencia.

 

Pero, no sólo es el caso “Rerrobe”, piense en la perversión política de cambiar dinero para un metro por cuartos para ONGs apoyadas por legisladores para hacer clientelismo, hay ONGs honestas afectadas porque a todas se les mete en el mismo saco.

 

Me hace falta mi abuelo, pero temo que viendo las cosas como están quizás me lo habrían deportado para Haití o agredido vilmente. ¿Cómo no llorar lágrimas negras?

Impresora



 

 
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