Tomando algunas ideas de Gadamer sobre el método y la teoría de la verdad, me atrevo a proponer el desarrollo de un nuevo arte, el de la hermenéutica política. En este caso no sólo se trata de interpretar textos, sino también la realidad y las interacciones y acciones humanas en el marco de lo político.
Digamos que es una forma de saber interpretar los mensajes que la ciudadanía le envía al liderazgo político y la necesidad de ver cómo las acciones actuales pueden tener consecuencias en el futuro, en términos de apoyo político, de legitimidad y de construcción de una sociedad en la que la gente pueda desarrollar sus capacidades y potencialidades al máximo.
Aquí estoy asumiendo la ciudadanía como una voluntad colectiva que envía mensajes cifrados.
Los mensajes varían en contenido e intensidad y se transmiten por diversos medios. Debido al espacio disponible hablaré sólo de dos.
El primero es “Medios de comunicación”: se debe distinguir la “opinión pública” de la “opinión publicada”.
Hay que diferenciar con claridad la forma en que los medios, radiales, televisivos, escritos o virtuales, defienden intereses específicos, que van desde intereses empresariales hasta intereses políticos.
El liderazgo, pues, debe de tener sus vías alternativas para conocer lo que la ciudadanía real y efectivamente está pensando y dejar de creer que las realidades creadas por ciertos grupos, a través de sus medios y bocinas, pueden convertirse en la realidad real.
El sol solo se oculta con un dedo cuando cerramos un ojo y tapamos el otro con el dedo, pero a pesar de eso seguirá quemando igual.
El segundo medio son las elecciones, en este caso, las congresionales y municipales. Hay que conocer bien el proceso para entender el mensaje que envía la ciudadanía. Por ejemplo: en el 2002 el PRD celebró porque logró obtener el 91% de los senadores, el 55% de los diputados y el 83% de los síndicos.
Se festejó la gran estrategia del PPH y se pensó que un resultado de esa naturaleza era una evidencia de que la gente estaba apoyando la ejecutoria de Hipólito Mejía, por lo cual éste debía lanzarse a la reelección. Incorrectamente se percibieron esos resultados como si fueran un plebiscito.
No tomaron en cuenta que el PRD obtuvo 112 mil 72 votos menos que en 1998, a nivel del país pasó del 51% al 42% de los votos.
El nivel de abstención en las zonas donde existen los mejores indicadores socioeconómicos, la gente tiene mayor nivel educativo y hay mayor presencia de las clases medias fue altísimo: Distrito Nacional 59%, en Santo Domingo 61% y Santiago 55%.
La derrota del PRD en el 2004 con una votación en contra jamás vista evidencia que no se usó bien la hermenéutica política.
El voto en las congresionales es complejo y no sólo se ejerce como castigo o premio a la gestión gubernamental, la relación de las candidaturas locales con la gente tiene mucho peso y cada vez más las clases medias y los sectores de mayor educación dan poca importancia al voto en las congresionales.
Se demanda mejores candidaturas y más hermenéutica política o el liderazgo irá deslegitimándose.