Nadie puede negar las buenas intenciones del Presidente de la República en su cruzada por promover y lograr una profunda reforma institucional, que empiece con la constitucional, en el marco de una revolución democrática con la que se ha comprometido. También hay que reconocer que expone sus convicciones de manera brillante y con sólidos argumentos, como el excelente académico que es, tanto para defender sus posiciones como para rebatir a las que se oponen a las suyas.
Su discurso desde el Aula Magna de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, lugar escogido y justificado por él mismo para que se iniciara desde allí la Consulta Popular que recabará las opiniones de los distintos sectores de la sociedad sobre el contenido de la reforma a la constitución, fue una conferencia magistral impartida en un escenario adecuado. Sin embargo, pienso que no llenó las expectativas.
Se esperaba, después de promesas en ese sentido, que la Consulta Popular se iniciaría con la presentación de la metodología en base a la cual se realizaría esta consulta, presentada como excluyente de una Asamblea Constituyente, por ser mucho más democrática. Su alocución, estructurada en dos partes, no aportó nada nuevo respecto a lo que había declarado en reuniones anteriores con distintos sectores en el Palacio Nacional, tanto respecto al contenido como a la forma, que después fueron ampliamente difundidos en los medios de comunicación.
Repitió las bondades de la Consulta Popular sobre la Constituyente y reiteró sus argumentos, para descartarla, de cuando es que procede que la reforma a la constitución se haga vía una Asamblea Constituyente, que según su opinión, no es el caso de la República Dominicana en estos momentos. Luego pasó a repetir también los grandes temas que, a su juicio, deben ser abordados en la reforma a la constitución que se inicia. Y lo hizo, hay que reconocerlo, como simples propuestas, señalando, además, que no se opone a que sean rebatidas sino que alienta la discusión sobre ellas, defendiendo que eso es consustancial a la democracia.
Contrario a la opinión del Presidente, soy de la opinión de que recurrir a una consulta popular en un proceso de reforma constitucional no es excluyente de una Asamblea Constituyente para que esa sea la forma de realizarla. Es más, lo conveniente y aconsejable es que todo proceso de reforma a la constitución se inicie con una consulta popular, amplia y plural, sea finalmente realizada la reforma por una Asamblea Revisora o por una Constituyente. Lo que sí es necesario, en caso de que se haga mediante la Asamblea Revisora, es que los resultados de la Consulta sean, al menos, políticamente vinculantes y esto puede lograrse mediante un pacto previamente firmado en el que las fuerzas políticas con representación en el Congreso Nacional se comprometan a respetar los acuerdos surgidos de las deliberaciones de la consulta.
Insistió en la necesidad de que la Constitución tenga un preámbulo, una especie de Declaración de Principios, en el que se establezcan con claridad las bases fundamentales del régimen político que aspiramos y sus características esenciales. Señaló que en ese preámbulo debe consignarse la declaración de que el Estado Dominicano es un Estado democrático y social de derecho, basado en la primacía de la institucionalidad democrática. Aunque se deplora que no incluyera instituciones de participación directa de la ciudadanía en decisiones de gran trascendencia política, como el referéndum, plebiscito, iniciativa legislativa o revocación del mandato, proponer la definición del Estado con las características anteriores, evidencia que estamos en presencia de la propuesta de la redacción de una nueva Constitución.
Una Constitución en que se defina al Estado como democrático, social de derecho y fundamentado en la institucionalidad democrático, es todo lo opuesto a la Constitución vigente que es, fundamentalmente, la de 1966, redactada después de una guerra civil, una intervención militar extranjera, el triunfo de un candidato apoyado por la fuerza interventora extranjera, que respondió a un proyecto político muy particular, a una concepción autoritaria del ejercicio del poder y donde los valores políticos fundamentales eran la preservación del orden y la estabilidad política, no las libertades, los derechos y la democracia. Lo que nos propone el Presidente Leonel Fernández en su discurso desde la UASD es la redacción de una nueva Constitución.
Si es así, sus argumentos para descartar que la reforma se realice por una Asamblea Constituyente pueden ser asumidos para justificar que se haga de esta manera. Si bien no estamos frente a la ruptura de la institucionalidad que haga necesaria la refundación del la Nación y del Estado, la propuesta del Presidente representa la concepción de un nuevo Estado y la redacción de una Carta Magna que lo refleje. Una Asamblea Revisora procede cuando las reformas son de forma, no de tanto fondo como la que se propone.
Gracias Señor Presidente, por haberme convencido de que la reforma constitucional que necesitamos y promueve sea realizada por una Asamblea Constituyente. Lamentaré que después de haberme convencido se haga por la Asamblea Revisora.