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Cesar Perez | 19 de Julio del 2012
Espacio y lucha política

 

Pocos niegan que fuera el espacio del ágora, la plaza, donde surgió la política y meno aún quienes niegan que fuera en la fábrica donde nació la lucha de clases en la sociedad moderna. Los grandes movimientos gremiales y sindicales que dieron origen a los movimientos sociales y a los partidos como referencias organizadas de clases sociales surgieron en las fábricas.

El grado de diferenciación espacial, como reflejo de las diferencias de sociales, expresaban el nivel de desarrollo de las ciudades que les servía de marco territorial. De ese modo, los sujetos y actores sociales y políticos que se enfrentaban en lucha por el control, en parte o total, de los bienes colectivamente producidos quedaban claramente identificados.

Pero hoy, las funciones y significados de las fábricas y de las ciudades han cambiado, por mucho, el peso específico de los trabajadores fabriles convirtiéndolos en una minoría. A diferencia de antes, la producción se ha desconcentrado significativamente y la economía avanza en su sostenido proceso de virtualización.

El fordismo, o concentración de los trabajadores en grandes fábricas, desapareció hace décadas y en general, las mercancías se producen en unidades productivas repartidas en diversos países y continentes.

Nunca como ahora, la producción capitalista había necesitado la creación de tantos espacios y territorios para su reproducción, porque nunca había tenido tantos lugares como mercados para distribuir mercancías y para explotar recursos, humanos y naturales, en todo el mundo. Y, así como en sus inicios  las grandes ciudades que le sirvieron de mercados se llenaban de miserables tugurios donde se hacinaban grandes masas de trabajadores explotados, en los nuevos espacios conquistados se multiplican esos tugurios.

La diversificación de la producción en los más disímiles espacios y territorios ha diversificado la composición de las masas de trabajadores y de mano de obra. La ha fragmentado, dividido y casi pulverizado su capacidad organizativa, la ha empobrecido más relativa y absolutamente.

El capital ha incrementado hasta lo inverosímil su capacidad de producir riqueza, pero al mismo tiempo ha diversificado formas antes desconocidas de pobreza y miseria humana, además de los daños y desequilibrios regionales y territoriales que ocasiona.

Existe una enorme asimetría entre el desarrollo tecnológico para el proceso productivo  y capacidad de este de  absorber  mano de obra. El resultado es el incremento del desempleo y de  áreas urbanas superpobladas y degradadas que son tierra de nadie, focos de violencia e inseguridad, que el Estado es incapaz de controlar, zonas que desconocen quienes construyen áreas residenciales tipo bunker aparentemente seguras para las familias de altos ingresos.

Las áreas degradadas constituyen el caldo de cultivo de eventuales formas de insurgencias de sus pobladores, que pueden impactar todo el territorio donde se encuentran. Ya el Pentágono prepara su estrategia para intervenir en esos espacios, a través del MOUT, Operaciones Militares en Terrenos Urbanos, lo ha hecho en Mogadiscio, Panamá, Los Ángeles, etc.

A esa circunstancia conduce la presente forma de creación y ocupación de espacio del gran capital, la lógica de crecimiento de grandes metrópolis al margen de todo control de parte de sus autoridades municipales y la complicidad, por omisión, de los estados/nación, además de la inconsciencia de los grandes ricos que se creen protegidos en sus torres y bunkers/residencia.

La inseguridad y delincuencia que hoy se vive en las zonas empobrecidas de las ciudades, poco a poco se expande en zonas de gente rica e incluso en ciudades de países desarrollados, como España. Ninguna parte de una ciudad estará segura si no lo están todas sus partes.

El conocimiento de esta realidad resulta vital para el diseño de una estrategia de lucha política, que parta del reconocimiento de las diversas escalas del territorio para lograr articular todos los sectores que de alguna manera son conscientes de la peligrosidad e inviabilidad  del urbanismo excluyente del gran capital.

Impresora



 

 
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