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Cesar Perez | 04 de Junio del 2012
Entonces, aquí no ha pasado nada

 

De desmemoriados nos auto calificamos nosotros, los dominicanos, tendemos a olvidar rápidamente las cosas, sin reflexionar acudimos a la prisa, a la prisa del olvido. Ahora, luego del recién pasado proceso electoral, algunos nos llaman a olvidar, porque “ya todo pasó” y lo que debe hacerse es ponernos a trabajar, porque “todos somos dominicanos”, entre otras expresiones de cinismo e hipocresía.

Pero no, para dejar de ser desmemoriados debemos comenzar a exigir que se analicen las cosas, que reflexionemos sobre las razones que la producen y combatir esa educación en la desmemoria que tanto le gusta a muchos, a esos que entienden que la historia no se puede hacer ni contar en el presente, sino en el futuro que erosiona, desdibuja los hechos para de ese modo ocultarlo,o hacer que olvidemos.

Voltear la página sin leer lo en ella escrito, sin analizar lo que sucedió, constituye un llamado a la desmemoria, a mantenernos en el pantano de la impudicia que nos tiene postrados como colectividad social y política

De ese proceso electoral, es necesario recordar cómo discurrió, cuando comenzó y cuáles fueron los factores fundamentales que determinaron su culminación, rechazando el chantaje y los adjetivos descalificativos de quienes, sin pudor, aceptaron ahora lo que antes le hicieron a ellos.

¿Cómo olvidar que la clase política dominicana ha hecho de la intolerancia y la trampasus principales armas para combatir al adversario y para provocar resultados favorables en las contiendas electorales internas y externas?

En lo relativo a los ilegítimos  resultados obtenidos por el partido ganador de esta contienda electoral que acaba de finalizar, no podemos olvidar que cuando Jaime David Fernández perdió la contienda interna por la candidatura presidencial de su partido, acusó a su vencedor, Danilo Medina de haberlo derrotado, aprovechando su entonces condición de segundo al mando en la conducción del gobierno.

Cuando, en su momento, este último buscó su candidatura presidencial y fue derrotado por su oponente, Leonel Fernández, acuñó la frase “me venció el Estado”, para expresar su pesar por las malas artes usadas para arrebatarle lo que entendía su triunfo.

También quieren que olvidemos aquellos “nubarrones” que ensombrecían el futuro de la puja de Danilo por su nominación, la carretilla de firmas que pedían la reelección de Fernández, el pánico que produjo en sus filas la inclusión de la señora Cedeño en la puja por la candidatura presidencial, etc. Quieren que se olvide que los seguidores de Danilo pugnaban porque este se distanciara del gobierno y que este hizo lo contrario: lo asumió para de esa manera pactar unacoyuntural unidad del partido.

Ese pacto, que significaba desdecir todo cuanto se había dichoantes, ha sido la clave del éxito electoral de Danilo, es una acción política que se saldó con un resultado, pero sin el más mínimo reparo a cualquier principio ético. Dirán que eso es lo que cuenta, pero es una concepción de la política que puede ser efectiva para determinados políticos, pero no para la sociedad, porque significa despojar la actividad política de imprescindiblesvalores éticospara construir ese sentido cívico que permite la observación de las reglas fundamentales para construir una  sociedad mínimamente civilizada.

No deben olvidarse los errores cometidospor Hipólito Mejía en este proceso, ni las limitaciones de una dirección partidaria que tiene graves déficit de racionalidad organizativa,  tampoco la actitud del presidente del PRD, que de hecho favoreció la derrota de aquel. Pero,sin dejar de reconocer el talento de Danilo, ni la competencia de su núcleo duro, lo determinante en el triunfo electoralde la corporación PLD, fue la unidad de sus faccionespara usar los recursos del Estado a su favor, además de los previamente invertidos en la promoción de la figura de la candidata vicepresidencia, a través de sus actividades clientelares, etc. De cara al futuro inmediato del país, nada de eso debe olvidarse.

Voltear la página sin leer lo en ella escrito, sin analizar lo que sucedió, constituye un llamado a la desmemoria, a mantenernos en el pantano de la impudicia que nos tiene postrados como colectividad social y política.

Impresora



 

 
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