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Andres L. Mateo | 04 de Junio del 2012
Emilio Morel y los intelectuales de hoy

 

Siempre recuerdo la dimensión intelectual de Emilio Morel, y su fogosa presencia pública a partir de la década de los años veinte del siglo pasado.

Proveniente de un nacionalismo furibundo, su leyenda se inicia con el estremecimiento solemne que levantó contra la intervención norteamericana al país de 1916. Los periódicos de la época recogen sus numerosos artículos y denuncias, que revelan un espíritu intranquilo y una auténtica exaltación nacionalista. Coraje y vergüenza que la inteligencia  deja caer como una propuesta simultáneamente realista y utópica.

A la salida de las tropas norteamericanas de intervención, su militancia horacista flamea con los mismos ímpetus del nacionalismo, y aunque los vestigios nacionalistas del general Horacio Vásquez son ya remotos, él hace de su gloria guerrera el depósito estable de un valor. Después enarbolará un magisterio de fuego, a raíz de la ruptura con el horacismo. El general Vásquez había echado por tierra todos sus principios, y aferrado al poder, había planteado primero la prolongación de su gobierno por dos años, y luego la relección. Emilio Morel pasó con todos sus hierros a las filas del velazquismo, que organizó el disidente vicepresidente de la República Federico Velázquez.

Sus ataques al gobierno crearon una escuela de periodismo, en la que el vuelo lírico se aparejaba con la crítica mordaz a la decrepitud de su antiguo líder. La influencia de estos escritos de Emilio Morel puede ser comprobada leyendo los periódicos de la época, o estudiando el testimonio que sobre este intelectual ofrece el doctor Joaquín Balaguer, en la página 32 de su libro "Memoria de un Cortesano de la Era de Trujillo". Después de la "revuelta" del 23 de febrero de 1930, tras una débil resistencia, pasó al trujillismo con el mismo tono mayor de sus otras militancias, y en breve tiempo, ocupó numerosos cargos  de importancia en la administración pública y el Partido Dominicano. Fue el personaje que Trujillo usó para acusar públicamente a Rafael Estrella Ureña de la conspiración de 1935, y llegó  incluso a presidir el Partido Dominicano, el partido único del dictador.

Disgustado con el trujillismo mientras ocupaba un cargo diplomático en España, se le acusó de robo y fue juzgado y condenado por los tribunales trujillistas, habiendo sido declarado, además, traidor a la patria. Murió abandonado y escarnecido en el exilio, siempre temeroso de que la mano larga del trujillismo que ayudó con su intelecto a levantar, lo sacara del mundo de los vivos.

Creo que a partir de un "paradigma" como Emilio Morel, los intelectuales dominicanos se han quedado tendidos en el panteón del viaje, domesticados en un conformismo criminal, que los reduce al papel de sujetos  cuya misión es reintegrar al orden de la claridad todos los actos del poder.  En la era de Trujillo fueron el asombro por la abyección y sumisión, en la actualidad  dan pena al ver corrompido en su pobre imagen ese destino primero que hace del ejercicio del pensamiento una búsqueda de la verdad. Los que sobran ahora son personajes como  Emilio Morel, y valdría la pena preguntarse, si no me empobrece a mí también la determinación que lleva a un intelectual a convertirse en cualquier cosa por el disfrute del poder. Quizás estamos hartos, sin saberlo, de tantas tácticas y estrategias, de tantos genios que pretenden redimirnos, y  tan poca propagación de la sinceridad.

Yo estoy hablando de intelectuales, no de chiriperos y oportunistas que se aproximan a los partidos en cada campaña electoral para hablar de "cultura". Pero si se escudriña esa antropología del discurso intelectual dominicano, se comprobará, en un solo desgarramiento, que impera la traición, el cambio de ideas como una claudicación a la pragmática del poder, y el error. Es tanta nuestra miseria material y espiritual que si tuviéramos intelectuales verdaderos no tendríamos que hacernos esta pregunta: ¿Por qué los intelectuales dominicanos no esgrimen sus destrezas para engrandecer la vida en un país pateado por la histórica brutalidad del autoritarismo y la corrupción, mirando siempre hacia ese balcón de luz donde se aposenta la razón, y no hacia esa cavidad sombría en la que encierra el utilitarismo todos los artilugios del engaño y la mentira?

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