Del 2 al 6 de mayo, el Consorcio Internacional sobre Gerencia Financiera Gubernamental celebró en Miami su 19a Conferencia Internacional y Programa de Capacitación sobre la corrupción. Gracias a la USAID y a la Comisión Nacional de Ética, asistí.
El tema era: “Abordajes para maximizar la responsabilidad, minimizar los riesgos, mejorar la transparencia y reducir los fraudes”. Había gente de todos los continentes que contaban sus experiencias en la gerencia pública, sistemas contables, de compras y licitaciones y las auditorias.
Carmela Pérez, de Filipinas, presentó el “Sistema electrónico de contabilidad gubernamental”. No digo que el programa es aplicable al país y a cualquier gobierno.
Nos ofreció un ejemplo de cómo las herramientas tecnológicas más avanzadas pueden ayudar a la transparencia y rendición de cuentas.
Cualquier persona con acceso a internet podría analizar los procesos contables y los concursos para compras y licitaciones, si estos estuvieran informatizados.
Los proveedores gubernamentales podrían hacer sus ofertas por esa misma vía y conocer las razones de aceptación o rechazo de sus propuestas. Sabrían cuál compañía ganó el concurso y por qué.
Todo sin enfrentarse cara a cara con nadie. En este caso, la relación impersonal ayuda a la transparencia y la rendición de cuenta, el cara a cara es caldo de cultivo del picoteo.
Otro aspecto interesante: observar la importancia de un auditor general de la nación. En este punto hay que conocer la experiencia de Puerto Rico, no para copiarla, sino para ver qué tan útil son para nosotros algunos elementos de su funcionamiento. Allá se llama “Oficina del Contralor” y es totalmente independiente.
Aquí tenemos el contralor y la Cámara de Cuentas y nadie ha podido ver una sola auditoria de estas dos instituciones. Allá se elige por diez años, una vez aceptado no se le puede ni aumentar ni reducir el salario.
Lo propone el Ejecutivo, lo ratifica el Congreso. Se supone que no debe pertenecer a ningún partido. Como el actual tenía militancia partidaria, previo a la aceptación del cargo hizo un acto de renuncia pública a su partido. Ha sometido por actos de corrupción a funcionarios relacionados a su antiguo partido.
Un auditor dominicano me dio una sobrecogedora lección. Uno de los expositores hablaba de la responsabilidad de los auditores y la necesidad de que denuncien las irregularidades que observan. No deben callar, dijo el expositor, deben hablar.
El auditor, que tenía los audífonos de la traducción simultánea, dijo en alta voz: ¿quién le dará de comer a mi familia? Muchos lo escuchamos.
Para ser realmente autónomo, cualquier auditor debe tener garantizada una vida digna y sin escasez, teniendo las necesidades perentorias insatisfechas es difícil enfrentarse a la posibilidad de quedar sin empleo y con fama de delator.
El mismo auditor me contó que un funcionario muy cercano a Hipólito le regaló una “yipeta” al auditor de su Secretaría de Estado, con el dinero de la Secretaría. Aprendí la importancia del ciudadano auditor.