Hay furia porque se nos acusa de ser un Estado en alto riesgo de ser Fallido. Hay una paradoja: la derecha estadounidense y la izquierda dominicana coinciden: la revista que publica el Índice de Estados Fallidos fue fundada por uno de los redactores del primer informe de la Comisión Trilateral: Samuel Huntington, pero la derecha dominicana rechaza el índice; mientras la izquierda habla del fracaso de las élites políticas, sociales y económicas. ¿Cómo podría llamarse un país dirigido por élites fracasadas?
El índice tiene errores metodológicos, dijo Carlos Dore, Secretario de Estado, y es cierto. En una discusión estrictamente académica encontraremos defectos en el método y la exposición del tema. Pero, el debate de si somos o no una estado en alto riesgo de ser fallido pone atención a un aspecto obviado por todos los gobiernos: el demográfico. En efecto uno de los indicadores que sugieren la posibilidad de ser incluido en el tristemente selecto grupo de Estado en riesgo de ser fallido, es lo que los autores llaman "Presión Demográfica". En una escala en donde 1 es lo mejor y 10 lo peor, República Dominicana tiene un 9 en ese indicador. Entre otras cosas, hablar de presión demográfica es hablar de asentamientos humanos sin los servicios públicos básicos, de asentamientos que atentan contra el medio ambiente, de gente que vive en zonas peligrosas como ríos que pueden crecer o cañadas con aguas negras, de posibilidades de catástrofes ecológicas provocada por los seres humanos, es hablar de si el país toma en cuenta la variable demográfica para definir sus planes sociales.
No sé si merecemos un 9 o un 5, pero pienso en los barrios del país sin agua corriente en las cañerías, sin electricidad, sin seguridad ciudadana en la calles, algunos sin calles y sin escuelas ni hospitales. Pienso en los campesinos y el uso de leña porque hay dificultades de suministro de gas o no hay dinero para comprarlo, en quienes viven a orillas de ríos y cañadas, en tantas aguas negras, en el porcentaje que vive hacinado y en casas en malas condiciones y desechables. En un cierto desarrollo turístico depredador del ambiente y en catastrofes ecológica como los incendios provocados de la Cordillera Central y la incapacidad para apagarlos. Pienso en que la tendencia de la pirámide de la población del país es a ensancharse en las edades centrales, disminuyendo la proporción de niños y aumentando los envejecientes y las personas en edad de productiva, debido a la reducción de la tasa de fecundidad y la de mortalidad. Esto significa que la población demanda de las autoridades una modificación en la estructura del gasto público, principalmente en el gasto social y las políticas de empleo.
El ensanchamiento de la pirámide provoca una mayor demanda en la educación media y universitaria, así como políticas de empleo y juventud, mientras que el aumento de los envejecientes presiona al sistema de salud para que redefina la oferta de los servicios que ofrece. El cambio demográfico de la nación puede verse como una "ventana de oportunidades", si se establece una clara y definida política de población, o una terrible pesadilla si a la gran cantidad de jóvenes que van creciendo no se les permite desarrollar sus capacidades. Muchos jóvenes con altos niveles de escolaridad significa energía para la nación, muchos jóvenes sin escolaridad, sin empleos y frustrados significa que pueden optar por satisfacer sus necesidades perentorias por métodos no legales, es decir que la delincuencia tenderá a crecer.
¿Quiénes se preocupan por esos jóvenes ávidos de empleo y educación? ¿Qué ha pasado que la política social no toma en cuenta el crecimiento de la población? ¿Existe realmente un Gabinete Social que entienda la complejidad del problema? ¿No somos un Estado Fallido porque sólo se le ha fallado a ese 60% de la población que es pobre?
Eso sí, respetable público, yo soy un patriota a carta cabal y jamás estaré de acuerdo con una revista estadounidense, que para colmo sospecho que es neoconservadora. Por eso reclamo acción inmediata de parte del gobierno: empecemos por demostrar que nos interesa la ecología y regulemos los asentamientos turísticos. Sigamos mejorando los equipamientos de los barrios, continuemos definiendo una buena política de empleo, mejoremos la calidad de la educación pública y el acceso de los pobres a ella. Demostremos a esa revista que se equivoca... con hechos, no con palabras.