Según información de la autoridad, el año 2011 termina con un crecimiento económico de 4.5%. Supongo que se tratará de una proyección, como hacen en otros países, porque el dato se anuncia cuando todavía el año estaba en curso. Y en este caso, habría ocurrido un crecimiento espectacular en el último trimestre, para elevar el promedio, de 4.2% en nueve meses, a 4.5% en doce.
Siempre he tenido razones para opinar que estas cifras son sólo creíbles parcialmente, pero fuera cual fuera el crecimiento real, se puede considerar positivo, tomando en cuenta el contexto internacional.
Como experiencia para el gobierno que asuma en agosto próximo, uno de los factores de éxito de la actual gestión, y que no va a ser fácil replicar en el futuro, es cómo se puede hacer uso de manera tan masiva y sistemática del endeudamiento público para financiar mil actividades distintas.
Claro está, dependiendo de cómo se defina el éxito, porque mucha gente entiende que un crecimiento presente a cambio de hipotecar el futuro, no es señal de éxito. Pero es evidente que el próximo gobierno querrá también dar cuentas de altos porcentajes de crecimiento económico, salvo el riesgo de quedar en ridículo en la comparación.
Si al final del 2004 la deuda pública total rondaba los US$7,500 millones y al final del 2011 se encuentra por los US$22 mil millones (21,900 a noviembre), entonces quiere decir que en siete años el Gobierno ha hecho uso de un promedio cercano a los US$2,100 millones en endeudamiento público neto cada año. Se trata de cifras muy aproximadas, pues aún en este asunto, la contabilidad gubernamental es muy precaria.
Pero en todo caso, más de dos mil millones de dólares al año. Insisto en que se trata de endeudamiento neto, esto es, la diferencia entre lo que toma prestado y lo que se amortiza. O lo que es lo mismo, la magnitud en que la deuda se incrementa.
Nunca antes nadie había tenido la política explícita, ni mucho menos la oportunidad, de utilizar tantos recursos financieros. Hasta tal punto que los US$7,500 millones del 2004 constituyen el acumulado histórico hasta entonces.
Es importante tener en cuenta que una parte importante de esa deuda adicional es por medio de valores que quien los ha colocado es el Banco Central, lo cual tiene lugar cotidianamente sin discusión pública ni aprobación congresional. De hecho, en el caso de unos US$8,268 millones, más de una tercera parte de la deuda total, formalmente el acreedor es el Banco Central, según su contabilidad; pero no importa, porque este a su vez lo debe a otros.
Y muchos entenderán que ese dinero no ha ido a financiar al Gobierno, lo cual es un error, porque el dinero es fungible (lo mismo que se hace con un peso se puede hacer con otro) y si de todas maneras al Gobierno le tocaba pagar el déficit de dicho organismo, igual daba que le entregara los fondos desde el presupuesto, y fuera el Gobierno el que colocara los bonos.
Con ese endeudamiento anual se han financiado proyectos de inversión pública, subsidios al consumo de gas y electricidad, programas de asistencia social, déficit cuasifiscal, gastos operativos de instituciones oficiales y evidentemente una parte ha ido a parar a los bolsillos de unos pocos.
Pero difícilmente el próximo gobierno, sea cual sea, tenga la misma oportunidad. Recordemos que hay gobiernos que no han podido usar ni cero, pues han debido pagar más de lo que les prestan. Para que se haya podido usar una suma anual tan alta, se ha presentado un contexto poco habitual:
1. Un punto de partida de relativamente poca deuda pública
2. Una Venezuela "Saudita" con una gran disposición de usar su riqueza en pro de intereses geopolíticos.
3. La generación de un ambiente de confianza en el país y el exterior, basado en la certeza de que el Gobierno (o el BC) siempre podrá pagar y pagará.
4. Una gran habilidad para influir en los inversionistas locales, con expectativas devaluatorias que nunca lleguen a superar las tasas de interés internas, para inducirlos a preferir los títulos nacionales antes que en moneda extranjera. E incluso a endeudarse en dólares.
5. La estadística como instrumento de política económica: el bombardeo de cifras y noticias positivas por todos los medios posibles, incluyendo un tremendo aparato propagandístico.
6. Y finalmente, un excedente de capitales en el mundo buscando refugio seguro y rentable. Es bueno saber que, en los países antiguamente más seguros, además de haberse erosionado dicha seguridad, ahora los intereses no atraen a nadie.
Algunos de estos factores han sido también importantes para que, en adición a al endeudamiento público, el país haya captado muchos capitales del exterior por otras vías distintas del presupuesto fiscal, como inversiones extranjeras y endeudamiento privado, lo cual también ha contribuido al crecimiento de la economía.