Cuando el Presidente Leonel Fernández presentó su anteproyecto de reforma constitucional al Congreso Nacional, además de justificarlo, así como la forma escogida para que se realizara la modificación, se encarga también de dejar claramente establecido que ya cuenta con los votos necesarios para que sea aprobada, aunque, dijo, prefiere que sea producto del consenso.
Esta advertencia del ciudadano Presidente puede tener varias lecturas y una de ellas es que se puede discutir todo lo que se quiera, que al anteproyecto se le pueden formular todas las sugerencias que se estimen convenientes, pero que, no obstante, puede ser aprobado sin que los resultados de las discusiones y las sugerencias formuladas sean ponderadas, y mucho menos incorporadas.
Si al final es esto lo que sucede, entonces la participación en el llamado a la discusión de la reforma constitucional puede que procure la búsqueda de la legitimidad del proceso y no el arribo al consenso para que la nueva Constitución termine siendo asumida por todos. Los sectores que se sientan convocados a participar en el proceso, o con la vocación de hacerlo, deben tener muy presente esta posibilidad.
Enseñanzas obtenidas de experiencias recientes nos pueden adelantar lo que finalmente pudiera suceder.
Primero se era partidario de que la Constitución se reformara por una Asamblea Constituyente, pero luego se hace una vehemente defensa de que debe ser modificada por los actuales legisladores transformados en Asamblea Revisora. Se llegó a argumentar que una consulta popular es mas democrática que una Constituyente.
Propuestas que fueron aprobadas por la mayoría absoluta de los participantes en la Consulta Popular, como fue el caso de que la Constitución fuera reformada por una Asamblea Constituyente, no aparecen en la propuesta de reforma presentada por el Presidente de la República al Congreso.
Para lograr que los legisladores de su partido tengan la obligación de apoyar la nueva Constitución que propone la somete al Comité Político y como la decisión de ese organismo es vinculante, quien no la apoye en la Asamblea Revisora puede ser acusado de traidor. De esta manera asegura la mayoría de los votos que dijo contar para la aprobación de su propuesta, pero aún le faltan.
Como forma de completar las dos terceras partes de los votos que se exigen para que se aprueben las reformas busca en la oposición, sobre todo en el partido reformista, los votos que le hacen falta. Reuniones no han faltado para asegurarse ese aporte necesario. Si hace falta, puede encontrarlos también en el PRD, es sólo cuestión de “motivar” lo suficiente.
Por otro lado, muestra se ha dado en más de una ocasión de apertura al diálogo y a escuchar, pero sin hacer concesiones. Se escucha con atención cuestionamientos a posiciones externadas, pero es solo poder para argumentar en contra, no para ceder.
Como dice contar con los votos suficientes, es posible que solo se toleren las críticas, discusiones y cuestionamientos hasta que sea conveniente. Cuando se cuenta ya con la mayoría requerida, se puede pasar a la votación cuando se quiera y ahí termina todo.
En ese contexto y ante esa posibilidad, la participación en el proceso de discusión de la propuesta de reforma constitucional pudiera ser una estrategia para legitimar el proceso, no para la búsqueda del consenso.
Ojala me equivoque.