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Rafael Toribio | 24 de Junio del 2002
Un paso hacia atras

La Constitución de 1966 fue, por sus características fundamentales, una constitución para una época, para un proyecto político y para un Presidente. Aprobada después de la Revolución de abril y la intervención norteamericana, su contenido respondía a la situación y sociedad de aquella época. Respondía también a la forma y manera que se entendía debía organizarse y ejercer el poder del Estado para superar las heridas y conflictos dejados por la Revolución y la Intervención. Pero, además, era coherente con la manera particular como concebía el Dr. Balaguer la política y el ejercicio del poder y, sobre todo, con lo que entendía era lo esencial a realizar en ese momento: lograr la pacificación del país y restablecer la seguridad (el orden público) aunque se tuvieran que “limitar” algunas prerrogativas ciudadanas (la libertad). Por eso se utilizó la mayoría que se disponía en el Congreso para imponerla.

 

El nuevo intento de reformar la Constitución, esta vez en dos etapas, iniciado con la aprobación de urgencia en dos lecturas en el Senado, empieza con la pretensión de modificar ahora sólo tres artículos, pero con la promesa de que en la próxima legislatura se completará la obra. Como sabemos, el núcleo fundamental de las reformas que se piensan introducir en la Constitución actual, alentadas y promovidas desde perredeistas en el gobierno, no es otra cosa que una contrarreforma constitucional. Salvo algunos puntos, los menos, en los que hay consenso, la reforma propuesta pretende, en lo fundamental, abolir las reformas introducidas en 1994, consideradas como conquistas ciudadanas por lo que representan para la consolidación de la institucionalidad democrática.

 

La unificación de las elecciones, restablecer la reelección, la simple mayoría para ganar la Presidencia de la República, así como modificar la forma de elegir los jueces de la Suprema Corte de Justicia y abolir su inmovilidad, significa, fundamentalmente, restituir la Constitución de 1966 que creíamos obsoleta, además de impuesta por Balaguer. Ahora sucede que es el PRD, mejor dicho, algunos perredeístas en el gobierno, quien propugna por el reestablecimiento y vigencia de la Constitución que se entendía era la Constitución de Balaguer.

 

Como las circunstancias tienen una gran influencia en las decisiones y en el comportamiento de las personas, y en el político lo que es necesario y conveniente en un momento determinado es lo que debe hacerse, es posible esperar que en estas circunstancias el Dr. Balaguer se incline por no brindarle apoyo a la reelección presidencial, haciéndole un gran servicio a la nación y, de paso, seguir quitando algunas manchas de su imagen histórica. Además, como el PRD ha defendido ahora que la oposición a la reelección presidencial no es un problema de principio sino de táctica, el Dr. Balaguer está en su derecho de pensar igual.

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