Mientras desde el Gobierno se observa cierto liderazgo para apoyar el desarrollo sin trabas del sector privado, se descuidan las medidas que beneficiarían a esa parte de la ciudadanía cuya voz se expresa en susurros inaudibles pero con votos cada cuatro años.
¿Olvidaron que esa gente es casi el 100% de ese 57% de los votos que dieron el triunfo al PLD? ¿Cómo explicar la inacción gubernamental frente al pésimo manejo de la política social, el desorden del SIUBEN y Comer es primero, la inexistencia de políticas públicas que se supone deben estar dirigidas a esos que votaron mayoritariamente por el PLD?
¿Por qué los funcionarios no aplican las ideas, muchas de ellas muy buenas, que intelectuales de diversas tierras debaten con la intelectualidad dominicana desde las salas de conferencias de la Fundación Global? ¿Será que se necesita un liderazgo firme y capaz que además de plantear ideas novedosas predique con el ejemplo y la acción y enfrente a los sectores que desean mantener la sociedad dominicana inmóvil?
Hay la necesidad de un líder, pero no de cualquier tipo de líder. Se necesita quien dirija e incite a la gente para que se involucre en la construcción de una nación diferente. Se necesita un liderazgo colectivo que apueste por el cambio institucional, que estimule para una transformación democrática. No se necesita una monedita de oro. No se trata de querer complacer a todo el mundo. Hay la demanda de un líder capaz, con visión de futuro, con proyecto de sociedad propio. Se necesita quien no tema despertar amor y odio.
No es que el complejo de Chapulín Colorado se haya posado en mi cerebro fatigado y triste, que observa cómo la preocupación por las encuestas y darle a todo el mundo lo que quiere, está logrando el efecto contrario: haciendo que la gente se sienta más insatisfecha. Es necesario actuar según las convicciones. Las palabras que no se sustentan en hechos son de aire y van al aire.
Esa enorme ola social que rechazó a Hipólito y colocó a Fernández se ve un tanto desconcertada, debido a que el Gobierno no presenta una cara unitaria, no se muestra como una máquina que funciona con un objetivo común, ni ha planteado con claridad una política pública coherente y articulada. El sector salud se deteriora, la educación se estanca, y el conteo de pobres del SIUBEN podrá estar bien hecho técnicamente, pero no está llegando a quienes debe llegar, al final en término de votos creará más dificultades que beneficios. Crear expectativas exageradas es lo peor para un Gobierno que debe administrar una crisis como la presente.
Hay que recordar que Hipólito llegó al poder con un apoyo inusitado, y en el recién pasado proceso electoral fue sustituido por su falta de liderazgo serio, por su inacción frente a la corrupción, porque desdijo con los hechos lo que sus palabras prometieron, por una política social clientelista, asistencial y basada en lo electoral y por no enfrentar a los sectores que se benefician del desorden institucional. Tiene usted la palabra, conviértala en acción.