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Ramon Tejada Holguin | 18 de Enero del 2007
Militares, transparencia y pobreza

Voy por la Avenida República de Colombia, ¿avenida?, es estrecha y no soporta la cantidad de vehículos de las personas que habitan la zona. El tránsito es muy lento. Aprovecho para pensar en mi artículo. Puedo escribir acerca de SOMO, la JCE y cómo están jugando a que lo olvidemos, botaron a quienes hicieron la denuncia y al que involucran en las irregularidades le permiten formar parte de la investigación. ¿Qué dice mi querido amigo Líster? Debo preguntarle en qué está el Departamento de Prevención de la Corrupción en el caso SOMO. He escrito mucho sobre la corrupción y veo muy poca voluntad, tanto en las máximas autoridades como en el liderazgo político que alguna vez ha ocupado un puesto de importancia. ¿Quién tira la primera piedra? Hay gente seria, pero los puestos son partidarios, por lo que sus acciones las determinan el partidismo y no la justicia. Muchas organizaciones civiles son inconsistentes y se la pasan haciendo encuentros y debates. Necesitamos acción, movilización, manifestaciones cívicas. ¿La transparencia ha huido despavorida de la nación?

 

Quisiera contar una historia edificante, que haga más agradable el desayuno, pero no la hallo. ¿Desayuno? Hay gente que no tiene para alimentarse y cuidado si se enferman. Mire el lío del plan básico de salud. Sólo en la clase media podemos enfermarnos. Para colmo las autoridades no hacen valer la ley. Hubo una reunión del Presidente con los empresarios, los trabajadores, los médicos y el sector público, hicieron un acuerdo, pero otra vez están como olla de grillos denunciando lo pactado. El presidente debe gobernar y hacer cumplir la ley a todos, es necesario que la gente tenga acceso a la salud. ¿Será que la reelección está determinando las acciones del Ejecutivo?

 

Giro hacia la Jacobo Majluta. Sigo pensando y de repente un militar me manda a parar. Me detengo. El milico mete su cabeza por la ventanilla de mi auto. Le pongo la peor cara, la más agria, diría un amigo que para mí no es difícil. Es del ejército, lo miro directamente a los ojos con mi rostro de fastidio infinito.

 

- ¿Es usted militar?, me pregunta.

 

Quiero mandarlo a la porra, vengo cansado del trabajo, soporto un tapón enorme, paso por este mismo lugar dos y tres veces al día. Pero, lacónico, le respondo:

 

- No.

 

Desconcertado, parece que no está acostumbrado a esa frialdad de un ciudadano común y corriente, por lo que contraataca:

 

- ¿Tiene arma de fuego?

 

Le obsequio otro frío “NO”.

 

Me mira y se confiesa:

 

- Mire, estamos para protegerlos a ustedes, esto es para protegerlos, pero a uno ¿quién lo protege?, tengo dos niñas, los reyes no le han dejado nada y….

 

Lo interrumpo, le digo que soy de la Comisión Nacional de Ética y agrego:

 

- Estamos contra el macuteo...

 

Pone un rostro de espanto y en cuestión de segundos me hace el saludo militar y mientras saca su cabeza de la ventanilla de mi auto me dice:

 

- Usted es de los buenos.

 

Corre junto al resto de los policías y militares, uno de ellos ve la placa de mi vehículo que dice “No a la Corrupción”, y pone su rostro en modo de risa. Veo por el espejo retrovisor que mi milico manda a parar otro vehículo.

 

El balance de estas acciones es a todas luces negativo en términos institucionales: violan el artículo 8 de la Constitución que garantiza los derechos individuales y sociales y fija la norma de “libertad de tránsito”. Estos retenes entorpecen sin causa justificada el desplazamiento de las personas, con la agravante de que se realiza sin la presencia de ninguna autoridad judicial competente, por lo que van en contra del código penal. Para colmo, no combaten para nada la delincuencia, yo pude tener algún arma ilegal, nadie me registró. Cuando me preguntó si tenía arma y dije que no confió, en mis palabras. Claro, la verdad sea dicha, el objetivo real de estos milicos y polis no es detectar portadores de armas de fuego ilegales o potenciales delincuentes. Estos retenes constituyen la forma en que el gobierno compensa el salario de policías y militares.

 

Hay aspectos “positivos”: el ejército dominicano ha aprendido mucho de la policía, incluso puedo decir que saben macutear con más garbo. Esas patrullas mixtas sí que mejoran los ingresos de quienes nos defienden.

 

Todas las noches veo el retén en el mismo lugar. Hace poco una estación de gasolina de la Jacobo Majluta fue asaltada, lo ladrones llevaron un camión cisterna en el cual transportaron los miles de galones de gasoil robados. Un camión cisterna es mucho más grande y visible que mi auto. ¿Dónde estaba el milico que nos protege ese día?

Impresora



 

 
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