Hasta en el propio gobierno hay quienes entienden que el manejo de la reforma fiscal, vendida esta vez como “rectificación fiscal”, no se hizo de la mejor manera y que se cometieron muchos errores. Esto se consideraba así antes de que el Presidente de la República diera su discurso el pasado lunes 4.
Desde la declaración en Washington al discurso anterior del Presidente se entendía que se había producido un error detrás del otro. Es más, la sensación en sectores sociales importantes era que en el gobierno no se sabía que hacer.
Pero después del último discurso todo ha cambiado: los errores de antes son presentados ahora como decisiones geniales. Nos enteramos entonces que al gobierno le quisieron imponer una reforma que no compartía; que el Presidente planteó en su primer discurso, no lo que quería, sino lo que se le exigía, con el objetivo de conocer las reacciones y propuestas alternativas.
Después de ponderarlas, rechazando cosas que había propuesto e incorporando algunas que había rechazado, en el discurso último expone una “rectificación a la rectificación”, que si bien no es aplaudida por todos, no recibe el rechazo que recibió la primera propuesta.
Desde el litoral del gobierno, amplificado por las “bocinas” a su servicio, lo que antes se entendía como crasos errores fueron genialidades tácticas. Ahora resulta que todo fue “fríamente calculado”. ¿Cómo es posible que lo que antes se consideraban errores ahora se nos presenten como genialidades que han conducido al éxito?
En la política no se comunican las razones de una decisión, ni lo que se persigue con haberla tomado. Se espera conocer los resultados para entonces hacer saber lo que se buscaba con la decisión tomada, y como nadie sabe, salvo el que la tomó, el por qué y lo que esperaba de ella, puede, tranquilamente, hacer coincidir lo sucedido con lo supuestamente esperado. Se dice que al médico le entierran sus errores, los de los abogados se evidencian en las cárceles y los del ingeniero se aprecian en la caída de una construcción.
El político tiene una ligera ventaja respecto a todas las demás profesiones u oficios: puede esperar los resultados para decir porque hizo lo que hizo. Si los acontecimientos desatados pueden ser manejados como beneficiosos, entonces el error puede aparecer como un éxito. Y parece que eso fue lo que realmente pasó con la rectificación a la “rectificación”: después de conocer las reacciones, en la segunda comparecencia pública el Presidente modifica sustancialmente lo que se había presentado como una propuesta. Una propaganda amplificada se encarga de todo lo demás. Pero el hecho de que fuera el Presidente que lanzara el globo de ensayo, precedido de diferencias entre miembros del equipo económico señalan lo contrario: lo que era una decisión terminó como globo de ensayo por las reacciones recibidas.
Maquivelo afirmaba que el político exitoso debía lograr una sabia combinación entre la fortaleza propia para determinar los acontecimientos (Virtú) y la capacidad de aprovechar para su beneficio (Fortuna) lo que las circunstancias le proporcionan. Expresa que a menor Virtú el político tiene que hacer un mayor uso de la Fortuna para aprovechar las circunstancias. En esta oportunidad, parece que el Presidente de la República utilizó la Virtú al desencadenar unos acontecimientos y aprovechó la Fortuna para que terminaran beneficiándole en su intento de que se aceptara una propuesta de reforma fiscal que había sido ampliamente rechazada.
Pero, no importa la suerte que corra la propuesta de reforma fiscal en el Congreso, lo cierto es que el proceso que se siguió ha tenido un costo político. Queda la percepción de que en el gobierno se ha disminuido la capacidad de saber lo que se quiere y cuando se sabe, la forma de hacerlo bien, además de que coherencia entre los miembros del equipo gobernante se ha tornado difícil de lograr. Esto nos conduce a la siguiente pregunta ¿ese manejo errático que se percibió en la propuesta de la rectificación fiscal y el costo político que ha supuesto, tienen algo que ver con la salida del gobierno de Danilo Medina, a quien se le atribuyen destrezas especiales en el manejo de los asuntos de Estado?