El miércoles 21de abril sucede el Lima, Perú, un acontecimiento que será de mucha importancia para el futuro de la democracia en Latinoamérica, y también en República Dominicana. En esa fecha se pone en circulación el Informe sobre el Desarrollo de la Democracia en América Latina 2004, elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Se espera que por las propuestas que hace sobre el objeto, contenido de la democracia y las reformas a ejecutarse para su expansión y fortalecimiento, tenga un impacto similar al que ha tenido el Informe sobre el Desarrollo Humano.
Como se recordará, aquel informe representó no solamente una nueva perspectiva con relación al desarrollo sino que aportó, sobre todo, una nueva conceptualización respecto a su contenido y la forma de evaluarlo, centrándose en la persona humana y dimensiones cualitativas en lo político, lo social y lo económico, de las que depende el verdadero desarrollo de los pueblos y de las personas, así como su bienestar espiritual y material. Este informe sobre la democracia hace la propuesta de sustituir el objeto de la democracia y de ampliar su contenido como forma de asegurar su sustentabilidad. Sólidamente fundamentado en una elaboración teórica y apoyado en indicadores, encuestas y entrevistas, que aportan los datos empíricos, propone que la centralidad del elector sea sustituida por la del ciudadano y que el contenido de la democracia se amplíe desde lo electoral a lo social y a lo económico. Que se pase de la democracia electoral a la democracia de ciudadanía. En esta nueva visión de la democracia el objeto es el ciudadano, no el elector y su contenido es la ciudadanía integral.
La democracia, aunque se ha establecido en América Latina y en nuestro país como el sistema de elegir las autoridades y de organizar el poder en el Estado, recibe un fuerte cuestionamiento, manifestada en la baja valoración de la ciudadanía sobre las instituciones fundamentales de la democracia, como son los partidos políticos, los parlamentos, la administración de la justicia, y los órganos de fiscalización, entre otros. Pero este cuestionamiento, que es cada vez mayor y que representa un preocupante distanciamiento entre la política y la ciudadanía, esta motivado no por las limitaciones al derecho al voto, sino por la incapacidad de los principales actores políticos y de las instituciones de la democracia para resolver los problemas sociales y económicos que mantienen a la mayoría de la población en condición de pobreza y marginalidad. Frente a estos hechos cabe formular esta pregunta ¿Cuánta pobreza y cuanta desigualdad puede tolerar la democracia? La crítica a la democracia no es por sus limitaciones en lo electoral, sino porque no ha contribuido al desarrollo integral de las personas. De ahí la necesidad de pasar de una democracia electoral a una democracia de ciudadanía, de sustituir al elector por el ciudadano, de que al tiempo que asegure el ejercicio de los derechos del elector asegure también los del ciudadano, centrados fundamentalmente en los sociales y económicos.
Para asegurar la sustentabilidad de la democracia hace falta que su sujeto sea el ciudadano y no el elector, un desarrollo económico que promueva la ciudadanía social y un Estado con poder y legitimidad para democratizar las instituciones y la sociedad, que garantice la ciudadanía política y la civil.
En nuestro país tenemos una fuerte democracia electoral, evidenciada en la concurrencia masiva de los ciudadanos a las elecciones y en la forma en que se han desenvuelto los últimos torneos electorales, que aunque con algunas dificultades, los resultados han sido aceptados y las autoridades electas han contado con la legitimidad debida. Sin embargo, tenemos un enorme déficit en materia de ciudadanía, que se ha incrementado de manera notable en los últimos años. Se impone como necesidad urgente que sea acogida la invitación al debate que plantea el Informe sobre lo que debe ser el nuevo objeto y contenido de la democracia. Esa será la mejor forma de contribuir a su fortalecimiento y sustentabilidad.