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Jose Angel Aquino | 20 de Enero del 2006
El Nuevo Discurso Político

Cada época de la vida política de una Nación tiene sus propias claves de comunicación, que son reflejo en gran medida de las corrientes de pensamiento y actitudes políticas predominantes en ese momento. Así, el discurso político de la guerra fría acuñó una serie de términos que expresaban las dualidades del momento: “imperialismo yankee”, “castro-comunismo”, “reaccionario”, “dictadura del proletariado”, entre otras denominaciones, eran la manifestación lexical del conflicto que afectaba al mundo bipolar.

 

El post – modernismo moderó el lenguaje, mientras el fin de la guerra fría y el surgimiento de un mundo unipolar, permitió la puesta en boga de otros adjetivos. En el ambiente nacional, la desertificación ideológica parece haber causado estragos en la calidad del debate, permitiendo que se instale un discurso ofensivo, degradante y peligroso. Aunque, como a todo puede buscársele justificación, también podría afirmarse que este nuevo lenguaje partidario refleja las nuevas “inclinaciones” de nuestra clase política y el interés por los “temas” que han colmado el escenario político.

 

Si revisamos algunas de las frases utilizadas por algunos prominentes personajes de la política vernácula, constataremos que en efecto se está abriendo el espectro de preocupaciones de nuestra clase política. Por ejemplo, Ramón Alburquerque ha expresado su interés por la gobernabilidad denunciando el carácter “subversivo” del Presidente Fernández y manifestando la fiera oposición que el PRD debe manifestar a los “actos de locura” del mandatario. También apeló a la necesidad de que el presidente mejorara su estatura espiritual dejando de ser “insensato y mal agradecido”. Sus preocupaciones llegan hasta la edad de piedra y los dinosaurios, cuando dice que Fernández tiene una “mentalidad de taparrabos” por querer manejar a su antojo el presupuesto de la República; o cuando califica al Secretario de Interior y Policía, Franklyn Almeyda Rancier, de “Trucutú”, por su actitud respecto a la fiscalización presupuestaria de los municipios.

 

Es precisamente Franklyn Almeyda uno de los que ha sacado la cara por el Gobierno, evitando que este se queda atrás en el uso de este moderno léxico político. El Secretario de Interior ha manifestado su preocupación zoológica de la política: califica a Alburquerque de “perro realengo y viralatas”, mientras el mismo se engloba en la categoría canina, aunque no precisa las características de su abolengo. Por la trayectoria del personaje, nos imaginamos que se considerará un Gran Danés, un Pastor Alemán o de cualquier otra raza noble del mundo de cuatro patas.

 

Otro tema que se ha incluido en este debate excepcional, tiene que ver con el uso y abuso del alcohol en la política. Rafael Núñez, encargado de relaciones públicas gubernamentales, ha realizado un enjundioso análisis del efecto que el alcohol puede tener en la memoria; atribuyendo desde luego a la oposición, las inclinaciones por las bebidas espirituosas. Se olvido de precisar, sin embargo, que todos los partidos políticos utilizan la repartición de estas bebidas en los mítines y campañas, pues parecen haber comprobado como este líquido milagroso estimula el espíritu “patriótico” y la “vocación de servicio” de sus militantes.

 


Lo peligroso del discurso político que inaugura esta campaña electoral no es que los partidos políticos y sus líderes no se detengan a analizar concienzudamente los problemas fundamentales del país, presentando las soluciones programáticas correspondientes. A fin de cuentas, a eso nos han acostumbrado en los últimos procesos. Lo verdaderamente riesgoso para la gobernabilidad, es que ese discurso incendiario, irresponsable y trivial; genera en las bases de los diferentes partidos una agresividad y violencia que puede enturbiar este proceso. Un proceso que de por sí promete ser conflictivo, no necesita más agitación por parte de quienes tienen la responsabilidad del liderazgo nacional y que deberían conducirse con la madurez de los estadistas y no con la malcriadeza de los niños.

Impresora



 

 
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