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Ramon Tejada Holguin | 08 de Diciembre del 2005
El año que vivimos de decepción en decepción

La acción de gran parte de las elites políticas y económicas se concentró en la defensa de sus mezquinos intereses inmediatos, sin importarles la forma en que comprometieron el futuro de la nación, la manera en que afectaron el medio ambiente, desgarraron el tejido social y fragmentaron más la sociedad. ¿Queremos indicadores? ¿Cuáles estudios de impacto ambiental se realizaron para llevar a cabo proyectos como la isla y la extensión de las áreas para explotación turística? Hay poca preocupación por el control de las emisiones de plomo. Proliferan generadores eléctricos contaminantes en términos sonoros y ambientales. Recientemente los diputados han dado una muestra de supina ignorancia en cuanto a ecología y ahorro de combustible. Elevaron el impuesto a la gasolina premium, la cual es menos contaminante que la regular, corroe menos el vehículo y rinde más. Aumentarle los impuestos es desestimular su uso. La gente tenderá a usar combustibles más contaminantes que salen más caros al país, los vehículos se dañan más y afectan más la salud de usuarios y gasolineros. Lo decepcionante es ver la ligereza con que se toman las medidas, la falta de análisis, la inobservancia de todas las aristas de un problema antes de tomar una decisión.

 

Indicadores de cómo el tejido social se desgarra, eso que nos une a los dominicanos y nos hace sentirnos parte de una nación o comunidad, se encuentran por doquier. La exclusión de la mayoría a la hora de debatir temas importantes, como la reforma fiscal, es el más notorio. Se reunieron sin tomar en cuenta a quiénes según la Constitución tienen la facultad de convertir la reforma en ley. Ciertamente, en el Congreso hay muy malos legisladores, pero eso no es óbice para obviarlos, ellos son quienes hacen las leyes, esa es la democracia. El primer error fue reunirse en una universidad con una parte del empresariado, con unas cuantas organizaciones sociales a las que no se les hizo caso y salir con una reforma que al final fue del agrado sólo de un grupito, y precisamente la propuesta del empresariado menos evasor fue desestimada. Para colmo, la reforma afectará a los más pobres y los sectores medios, y está siendo asesinada en el Congreso. Decepcionante, ¿verdad?

 

También decepciona saber que la mayoría de los expertos, e incluso un mecanismo como el Consejo Económico, Social e Institucional, se opuso a la construcción de un metro, de cómo lo costoso del proyecto no se compadece con el discurso oficial sobre la marcha de la economía y sin embargo lo empiezan a construir a sangre y fuego. Quedará como monumento al dislate, porque no se termina en este cuatrenio, ni en el próximo. Decepciona saber que dentro del gobierno no hay un liderazgo que imprima su sello, que haga coincidir el discurso bien dicho y mejor pensado con la acción de jefecitos y jefecitas feudales que dirigen las diferentes carteras. Decepcionante es el mal llamado Gabinete Social y los reveses de la lucha contra la corrupción. Para mayor desazón somos un país sin partidos de oposición confiables. Dios mío, ¿por qué nos has abandonado?.

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