Crear la Comisión Nacional de Ética y Combate a la Corrupción (CNECC) fue un paso de avance, aunque al principio hubo confusión, ya que algunas personas sugirieron que ésta perseguiría a los corruptos de ahora y de antes, los sometería a la Justicia, los condenaría y trancaría bajo siete llaves en una oscura celda para que sirvan de escarnio público y ejemplo a las generaciones futuras. Como los corruptos siguen comiendo en los mejores restaurantes y pasean sus “yipetas” impúdicas por doquier, se dice que la CNECC ha fracasado. Pero no ha fracaso porque sus funciones son bien acotadas.
Sus deberes principales son: 1) Asesorar al Presidente en materia de lucha contra la corrupción y fomento de la ética y la transparencia; 2) Elaborar un plan de combate y prevención de la corrupción administrativa y 3) Diseñar la estrategia para su ejecución. Ha recibido algunas denuncias pero las ha remitido a la Procuraduría, como debe ser. No investiga, no tiene estructura ni capacidad para hacerlo, no es su deber.
Las organizaciones de la sociedad civil que represento en la Comisión están comprometidas con el fortalecimiento de la institucionalidad por lo que de ninguna manera nos haríamos parte de intentos por sustituir al Ministerio Público, a la Policía, a la Contraloría o a la Cámara de Cuentas. Por el contrario, la Procuraduría de la República, el Departamento de Prevención de la Corrupción Administrativa y la Contraloría entre otras instituciones son miembros de la Comisión.
Como el Presidente dispuso que las auditorias realizadas a instituciones gubernamentales les sean entregadas, en su reglamento se estableció que las auditorias y las informaciones recibidas serán usadas como insumos para la elaboración del plan nacional anticorrupción.
El plan incluirá la búsqueda de mecanismos administrativos idóneos para evitar la realización de actos corruptos, permitir el acceso público a todas las auditorias e informaciones que se reciban, así como fortalecer los mecanismos institucionales de persecución para que cumplan con su deber de manera independiente.
La Comisión es un ejemplo de sinergia entre gobierno y sociedad. En este momento discute una “Propuesta de Reglamento de Compras y Contrataciones de Bienes, Servicios, Obras y Concesiones”, que se convertirá en un decreto. Si se respeta, reducirá las posibilidades de actos corruptos. Una vez se promulgue el decreto, las organizaciones de la sociedad civil y la CNECC se convertirán en vigilantes permanentes del cumplimiento del decreto e informarán quiénes lo obedecen y quiénes no.
Su existencia legitimará los reclamos de transparencia, por lo que será un importante instrumento gubernamental para prevenir la corrupción. No digo de ninguna manera que con la creación de la CNECC se acabará la corrupción, tampoco digo que su creación es una panea, demiurgo de la transparencia, digo que es un pequeño pero significativo paso de avance, una herramienta importante para el combate de la corrupción administrativa en el país.
No soy ingenuo y sé lo difícil que es llevar los corruptos de este y otros gobiernos a la Justicia: hay indicios de que la lucha contra la impunidad es bloqueada debido a transacciones que se realizan al amparo de una gobernabilidad mal entendida. Esa es una batalla que debemos continuar las organizaciones civiles. Pero, no debemos aislarnos de espacios como la CNECC.
No debemos convertirnos en francotiradores y francotiradoras expertos y expertas que se la pasan chachareando, pero son incapaces de mostrar acciones concretas a favor de la lucha contra la corrupción o simplemente no pueden sumarse a un trabajo colectivo. La lucha contra la corrupción en un país como el nuestro no es labor de Llaneros Solitarios o Héroes o Heroínas individuales, debe ser construcción colectiva, hacerse con inteligencia y capacidad para saber cuáles son las conquistas que en cada momento pueden alcanzarse.
En ocasiones la crítica radical es una forma de desmovilización y sembrar el desamparo entre la gente. Hay que ir ganando terrenos para la transparencia, ir construyendo círculos virtuosos, hay que estimular y apoyar lo bien hecho. No niego el valor de la critica, por el contrario creo en ella, la ejerzo dentro de la CNECC y en las organizaciones que participo, lo que niego es el valor de la cháchara perpetua según la cual nada esta bien, lo que niego es esa predisposición a criticarlo todo sin construir nada, sin apostar por la participación en alguna instancia. El radicalismo absoluto es la mejor forma de permitir que las cosas sigan exactamente como están. Hay que arriesgarse y no creerse inmaculado diamante.
La CNECC es, además, un ejemplo de Comisión gubernamental basada en el trabajo voluntario. Ninguno de los representantes de las organizaciones de la sociedad civil, el empresariado o las iglesias cobra por su permanencia en ella. Ninguno de sus miembros, ya sea del sector público o privado, recibe dinero como viático o dieta por su participación en las reuniones.
Dicho en palabras de la gente común: la CNECC es uno de los granos con que la gallina se llena el buche, pero lo peor sería que la gallina se muriera de hambre y sed de justicia. Estamos cumpliendo un papel modesto pero de trascendencia futura. Hay que fortalecer a quienes dentro del Gobierno y la sociedad luchan por la transparencia y la rendición de cuentas. Sin dejar de demandar castigo para quienes cometen acto de corrupción en la actualidad, para quienes lo cometieron en el pasado y en especial para los culpables de los fraudes bancarios.