En mayo del 2006 sostuve que la transición hacia nuevos liderazgos en el sistema político se estaba cerrando, iniciándose la etapa de la consolidación.
Las preguntas
¿Es cierto? ¿Estamos pasando del tipo de liderazgo caudillista ejercido por Balaguer, Bosch y Peña Gómez a un tipo de liderazgo político más acorde con los cambios que han ocurrido en la sociedad dominicana y el mundo?
Los principales indicadores que me llevaron a afirmar que estábamos llegando al desenlace de la transición del liderazgo fueron:
1.El PLD había logrado reconstituir un liderazgo colectivo presentándose como el partido más fuerte del sistema. En las elecciones congresuales y municipales actúo como un colectivo, su campaña fue partidaria. Fernández como presidente del PLD y como presidente de la República se integró a la misma y comprometió su liderazgo. Le fue bien. Danilo Media hizo su trabajo como uno de los principales hombres del PLD, quizás como el más importante organizador y estratega. O por lo menos así se vio. No se niega que hubo problemas en las internas, pero se observaba que Danilo y Leonel, juntos, tenían el control del aparato partidario: se erigían como los líderes y su unión auguraba que el PLD sería el centro de la reconstitución del sistema político dominicano que ya estaba aprendiendo a vivir sin los viejos caudillos.
2.Se observaba que el fracaso electoral del PRD en las congresionales y municipales podría ser aprovechado por los grupos que habían sido más proclive a la socialdemocracia y habían tenido mayores contactos con la ciudadanía y en especial con las bases tradicionales del PRD. Así mientras el PLD se ubicaba como el partido que rescataba la tradición conservadora, el PRD parecía poder encaminarse hacia la tradición del liderazgo popular. Claro, esto no ocurrió. Pero, el PRD pasó la prueba de una convención nacional sin grandes divisiones, y si bien la corriente que tiende a fortalecerse es la más clientelista, al menos la lucha por el control del aparato parece tener ganadores claros y se están estableciendo mecanismos para la convivencia entre los grupos.
3.Teníamos, pues, que se reconstruían dos partidos dentro del sistema, lo que garantizaba que la competencia política tendría interlocutores. El PLD se presentaba como el más fuerte y estable y con mayores probabilidades de quedarse en el gobierno, el PRD se observaba como el principal partido de oposición. Lo interesante de todo es que no parecía que una figura en específico tuviera éxito en el intento de reencarnar a uno de los tres grandes líderes. Había quienes lo intentaban, tanto en los partidos como en las organizaciones civiles, el hecho era que parecía imposible que lo lograra. Es decir, el aparato partidario sustituía claramente el personalismo de los tres caudillos desaparecidos, y cualquier intento de algún dirigente de construir un liderazgo personal echaría abajo todo el andamiaje sobre el que se sostenía la unidad partidaria. Elevando al líder, pero reduciendo la capacidad del partido. Pensé que la mayoría de los dirigentes estaban conscientes de esa situación.
4.Sé que se preguntan por el PRSC. Había indicios, y los hay todavía, de que era el partido que menos probabilidades tenía de constituir un nuevo liderazgo. Basta observar una dirigencia dispersa cual satélite de uno de los dos partidos que actualmente se presentan como mayoritarios. Las tendencias internas que apostaban y apuestan por el fortalecimiento de ese partido son menores, carecen de recursos y se ven apabullada por el clientelismo político.
Un paréntesis: definición de la etapa caracterizada por la transición de liderazgo
Debo explicar que entiendo por transición de liderazgo. Transición de liderazgo, para mí, significa que debemos pasar por una etapa de construcción de liderazgos colectivos y organizacionales para sustituir a los líderes carismáticos y caudillistas desaparecidos. No me refiero al surgimiento de líderes mesiánicos que sustituyan a los tres caudillos que dirigieron la sociedad dominicana durante las cuatro últimas décadas. Sostengo que la muerte física de los tres caudillos, Bosch, Peña Gómez y Balaguer, debió implicar la muerte del liderazgo caudillista en el seno de los partidos. La creciente complejidad del sistema político, la entrada en escena de actores distintos a los partidos tales como grupos de presión, organizaciones empresariales, fundaciones proto-empresariales y grupos de las clases medias que demandaban una nueva forma de hacer política, le planteaban un reto a los partidos y era obvio que nadie podía sustituir al caudillo.
Si bien en la nación sigue existiendo un amplío conglomerado que padece de “ciudadanía de baja intensidad”, es decir que no reclama a plenitud sus derechos ya sea por acción, omisión, cobardía u oportunismo. Es creciente la conformación de un tipo de ciudadanía distinta, que ha encontrado espacios de expresión y de presión. Que apuesta por reglas claras, que no teme participar, ya sea en partidos, organizaciones civiles o simplemente expresarse como ciudadanos y ciudadanas independientes. Transición de liderazgo, en ese contexto, significa organizaciones capaces de responder a los desafíos que la complejidad de la nueva república demanda.
Para enfrentar con éxito esos desafíos, a los que agrego la globalización y la creciente influencia de organismos internacionales, los partidos deben estar dotados de líderes que tiendan a la acción colectiva.
Respuesta a la pregunta: ¿pasamos a la consolidación de nuevos liderazgos?
La respuesta es: -fui muy optimista en mayo del 2006, seguimos en la transición, nada se ha consolidado, parafraseando a Marx "todos los sólidos dirigentes se desvanecerán en el aire". Para pasar de la “Transición de liderazgos” a la consolidación se debe apostar por la construcción de partidos estables con mecanismos institucionales que regulen la competencia política y con visiones claras sobre el futuro dominicano. Pero, para los partidos el mínimo proceso de competencia política interna, como la elección de las candidaturas a puestos electivos y la selección de dirigentes, resulta traumático. Los partidos tampoco tienen agendas diáfanas, y para colmo o se las imponen otras naciones o se las impones instituciones supranacionales.
Ninguno ha logrado superar la pérdida del padre fundador, son ollas de grillos e intrigas políticas incapaces de construir una entidad colectiva. Bueno, no toda la dirigencia es igual. Hay gente buena en cada partido, que ven con preocupación el futuro y son conscientes de los desafíos. Pero, se les ha hecho difícil, por diversos motivos, ayudar a superar el personalismo y el clientelismo internos. Los partidos, como colectivo, no han entendido cuál es el tema central de esta película del cine de terror que se llama “El futuro dominicano”. Y viven en una transición perenne.