En política, el optimismo es casi siempre mejor compañía que el pesimismo. Los gobernantes deben mantener la capacidad de movilizar los gobernados para obtener objetivos, y cuando el desánimo arropa, el liderazgo se evapora.
El presidente Leonel Fernández siempre busca resaltar el optimismo; incluso ante las adversidades predica que las crisis generan oportunidades. Lo hace sin aspavientos y de manera consistente.
Por ejemplo, cuando se difunden pronósticos de ventarrones, el Presidente emite algún mensaje de esperanza.
Así lo hizo desde Nueva York hace unos días, en medio de las dificultades económicas de Estados Unidos, cuando voces dominicanas alertaron sobre la necesidad de tomar medidas para proteger el país de los posibles efectos nefastos.
En sus esfuerzos por enviar señales positivas, el Presidente ha declarado que la economía dominicana está “blindada”. Lo hizo hace unos meses ante el desconcierto por los altos precios del petróleo y productos alimenticios, y lo reitera con frecuencia de distintas maneras.
Ciertamente, la República Dominicana no ha experimentado a la fecha una debacle económica, a pesar de los precios astronómicos del petróleo y los altos subsidios a la energía que consumen muchos recursos nacionales.
En medio de las adversidades ha ayudado el acuerdo de Petrocaribe con Venezuela, el flujo de divisas en remesas e inversiones extranjeras y la política de estabilidad macro-económica que el gobierno ha asumido desde 2004, no obstante el desvarío reeleccionista de este año.
¿Pero está realmente la economía dominicana blindada? No.
No está blindada porque el sustento principal de la economía dominicana es la migración y las remesas.
La migración al exterior es el escape que encuentra un inmenso sector de la población dominicana que no puede acceder a trabajos adecuados en el país.
Es el mecanismo de movilidad social por excelencia al que recurren todas las clases sociales dominicanas, incluso muchos jóvenes de clase media alta.
Una vez se establecen en el exterior, ellos se convierte en una fuente fundamental de sustento familiar para los que quedan en el país.
Sin la inyección diaria de remesas, dinero que va directamente al presupuesto de alrededor de 25% de los hogares, las condiciones de vida se hicieran insoportables. Actualmente se habla de crisis económica en Estados Unidos y Europa, donde radica la mayor parte de la población dominicana migrante.
Pero esta crisis no ha alcanzado todavía niveles que afecten de manera significativa a los inmigrantes porque el desempleo no se ha disparado.
Para ilustrar, tomemos el caso de Estados Unidos, donde vive la mayoría de los inmigrantes dominicanos.
Ciertamente hay una fuerte crisis financiera y el desempleo ha aumentado, pero sólo alcanza el 6.1%. Es decir, la crisis financiera norteamericana no ha producido todavía un desempleo masivo, que sin dudas afectaría a los inmigrantes dominicanos.
Además, a pesar de las turbulencias financieras, la economía norteamericana ha seguido creciendo y la inflación es relativamente baja. Muy distinta sería la situación si la economía norteamericana decreciera abruptamente y aumentara la inflación.
Si Estados Unidos logra sobrepasar la crisis financiera actual sin que se produzca una fuerte recesión económica, entonces la economía dominicana no sufrirá de manera significativa los efectos negativos.
Otra será la historia si en Estados Unidos se registra un fuerte y prolongado decrecimiento económico con alto desempleo.
La República Dominicana puede atraer grandes depósitos al Banco Central si se mantiene la estabilidad macro-económica, pero esto no compensaría por una pérdida significativa de remesas.
Las remesas, no los depósitos de los inversionistas ricos en el Banco Central, es el dinero que permite a muchos dominicanos de clase media y baja cubrir sus gastos diarios.
Además, son los inmigrantes dominicanos los compradores de muchas viviendas que construye el sector privado.
La economía dominicana estará “blindada” siempre y cuando se conjuguen tres factores claves: la estabilidad macro-económica, el flujo de remesas y el subsidio al petróleo. El gobierno dominicano tiene control sobre el primero, no sobre los otros.