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Ramon Tejada Holguin | 02 de Mayo del 2005
¿Bella durmiente o bestia?

Las masas son vistas por quienes gobiernan como la Bella Durmiente que al ser despertada por su príncipe azul promete una alianza matrimonial cuyos votos se renovarán cada cuatro años. Ilusos e ilusas quienes creen que es una mujer sumisa. Han cambiado mucho los tiempos: es necesario renovar los votos matrimoniales día a día, con acciones y no con palabras bien dichas y en el momento preciso pero sólo palabras.

 

Hay quienes no están evaluando las consecuencias de las acciones e inacciones gubernamentales en toda su dimensión, por lo que una noche cualquiera, el beso no irá a parar a la mejilla de la Bella Durmiente sino en el cuello de la Bestia de la desesperación y las protestas populares.

 

No se trata exclusivamente de un problema de imagen. El problema no son las palabras pronunciadas. El verdadero problema es la inorganicidad de esas palabras hermosas y bien dichas. El problema real es la forma en que se mantiene a la población a la expectativa de que lo mejor vendrá, pero a veces se dice que ya vino y se desean construir obras faraónicas, pero los pobres no mejoran y se les vuelve a decir que salimos de lo peor pero lo mejor vendrá.

 

Decir inorganicidad de las palabras significa que los discursos no tienen sustentos en la realidad y la práctica cotidiana del gobierno.

 

Ah, la ambigüedad es otro de los factores preocupantes. ¿Ejemplo? La lucha contra la corrupción se ve empaña por el anuncio de que se invertirán 35 millones de dólares (sí, son 35 y no 25 como se ha dicho) en una clínica privada del cual el Secretario de Salud, el hermano del Secretario, y políticos afectos al gobierno son inversionistas mientras los hospitales públicos claman por simples gasas.

 

No se toman acciones claras con respecto al caso de la decoración de la Suprema Corte de Justicia y la Procuraduría o el caso de la Biblioteca de la UASD, parecería que son hechos que no han sido conocidos en las instancias palaciegas, ¿O sí? Para colmo cada vez más se tiene la percepción que el caso Quirino evidencia la podredumbre de todo el sistema político y no exclusivamente de un partido. La profilaxis es necesaria: no importa quienes caigan. Es este el momento, el futuro lo construimos ahora.

 

Las masas, sí, las masas, las personas que votan cada cuatro años, se están cansando, hastiando. O por lo menos yo lo estoy. Hay algunas protestas ya, pero el presidente, la cúpula militar y el PLD saben muy bien que estos sectores representan una parte reducida de la sociedad dominicana, y su capacidad de movilización es muy limitada.

 

No se duerman en sus laureles, señores del gobierno que las veletas están dando signos precisos de que el viento está cambiando y hay un presagio pendiente de tormenta, al estilo argentino, ecuatoriano o boliviano. Si seguimos por la pendiente que transita el gobierno en este último mes, muchos se sumaran a esos sectores tan inorgánicos como esas palabras, y las protestan tendrán organicidad como en todo momento de crisis, aunque con débil liderazgo, lo que las hará más peligrosas.

 

Hay que entender que las palabras no pueden tapar el hoyo negro devorador de la confianza y la paz que los irrefutables hechos han creados cual supernova. Baja el dólar y los precios de lo que la gente come cotidianamente no se reducen en la misma medida. Suben los impuestos pero no se hace un uso eficiente de los recursos desde el punto de vista de la política social.

 

Excusen, creo que exageré, porque la pregunta a responder es: ¿Hay una política social clara o se pretende poner una “curita” que apenas tapará una parte de la herida? Ese es el verdadero problema, el que debe ser enfrentado, la ausencia de políticas públicas que beneficien a la mayoría.

 

Hay demasiados sectores que hacia el descontento: no se responde a las masas y se comienza a enfrentar al gran empresariado. El gobierno no ha sabido crear una base social que le apoye sus ejecutorias, no ha podido construir un puente de confianza entre los sectores populares que le votaron, no ha definido con claridad quienes serán sus aliados. Ha creído que su base es el partido, el PLD y sólo el PLD. Eso mismo creyó el agrónomo Hipólito Mejía, que tenía la sartén presidencial por el mango perredeista y los irrefutables hechos lo arrasaron

 

Tanto las acciones como las inacciones gubernamentales están creando un sentimiento de frustración en esa masa votante que flota espléndidamente de un partido a otro. Hay la necesidad de acciones inmediatas, de menos palabras inorgánicas aunque bonita, pronunciada con donaire y garbo, es urgente que la gente perciba que existe un equipo trabajando en el Capitolio, que se está prestando atención a sus demandas

 

La moraleja del cuento híbrido de la Bella Bestia Dormida nos la presenta el ex-presidente Hipólito Mejía, en carne propia y carne viva: el declive de su gobierno y persona se inicia cuando la gente comenzó a percibir que sus palabras eran inorgánicas, que había una desconexión entre el hombre de palabra y las acciones de ese hombre de palabra, que los funcionarios no trabajaban como equipo unido y Mejía se dedicaba a defenderlos a raja tabla, a pesar de los hechos irrefutables y tozudos, y se corona cuando por encima de la nación y la ciudadanía colocó al PRD, o mejor dicho al sector llamado PPH, y para repostularse destruyó la limitada institucionalidad de ese partido.

 

Miren hoy lo que es esa organización que marcha a paso agigantado hacia el risco borrascoso del Pepehachismo destructor. Los ejemplos, señoras, señores, los ejemplos deben ayudan a modificar el horizonte de la caravana. Es este el momento, mañana puede ser tarde.

Impresora



 

 
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