Mi amigo Hendrik Kelner colecciona episodios, curiosidades históricas, anécdotas y personajes pintorescos, y ha desarrollado la habilidad de detectar falsos expertos y “tontos con iniciativa”. Uno de sus personajes favoritos es Güeba Rodríguez, antiguo pelotero, miembro del Pabellón de la Fama, célebre por sus razonamientos mucho antes de que Yogui Berra, el catcher de los yanquis, fuera mundialmente famoso por sus consejos empresariales y sus celebradas ocurrencias, como la de que: “nada se acaba hasta que no se termina”.
Güeba Rodríguez se hizo célebre en Santiago por sus “silogismos”. Tan excelentes como los de muchísimas personas, entre las cuales podemos estar usted y yo. O Germán, el inefable sereno del edificio donde vivo, que cada vez que es sorprendido en falta, “demuestra” la “lógica” de su, “alegadamente”, correcto proceder. Personalmente tengo mucha aprehensión con los individuos que suelan decir: “Por lógica, tal o cual cosa”. A menudo su “lógica” me recuerda que Güeba argüía que “la luna es más importante que el sol, porque ésta alumbra de noche, que es cuando más se necesita”. (Cualquiera añadiría: Especialmente si hay apagones, lógicamente). No pocos aficionados y diletantes de la ciencias, al leer sobre la teoría del Big Bang y la de la Evolución llegan, “por lógica”, a la conclusión de que Dios no existe. Otros, viendo tanta maldad en el mundo, se convencen de que un Dios que permita eso, “por lógica”, es cruel o no existe. La lógica funciona como un tiro en la recámara, que gana el que primero dispara. Hubo un aficionado a las matemáticas que demostró, por lógica, que nadie puede ir del kilómetro 1 al kilómetro 2, porque tiene que pasar por el kilómetro uno y medio, pero antes, tenía que pasar por el uno y cuarto, por el 1 y 1/8, por el 1 y un 1/16 , 1 y 1/32,…1 y 1/1000…y que hay infinitos puntos intermedios por los cuales hay que pasar, que “por lógica” nunca se puede llegar al kilómetro dos.
Cualquier palabrero pseudocientífico, antes que convencer al otro, queda él mismo convencido de su propia lógica, que equivale, según él, a “la” lógica, o sea, a la única posible. Hay también muchos que por rebeldía, conveniencia o mañosería, desarrollamos una lógica apabullante: no hay quien nos convenza de que hagamos lo que Dios manda. Unos y otros somos súper lógicos, con tal de salirse cada cual con la suya.
Los poderosos (peor si son inteligentes), tienen problemas especiales con la lógica, porque a menudo confunden la obediencia y la sumisión de sus subalternos con su presunta genialidad y capacidad de razonamiento lógico. Los cibaeños, cuando se sienten oprimidos por la lógica demagógica, reaccionan diciendo: ¡Últimamente!; ¡Eh máh!; ¡Toi jarto!