Los métodos de investigación policial no pueden ser más arcaicos y groseros. Pensemos en los operativos de desarme de la población. Impiden la libertad de tránsito consagrada en la Constitución, provocan engorrosos tapones, y afectan el comercio y la vida nocturna, ya que la gente tiende a salir menos de noche por temor a pasar el mal rato de ser revisado más de una vez. Hay formas más eficaces para evitar que los civiles porten armas, por ejemplo, combatiendo de manera efectiva el tráfico de armas, fiscalizando mejor las ventas legales y optimizando la concesión de permisos para el porte y tenencia de armas de fuego.
Hay quejas de que los jueces dejan libres a conocidos malhechores. Quizás por eso muchos celebran las muertes de supuestos delincuentes en los llamados intercambios de disparos, lo que convierte a la policía en jueces que sólo saben imponer la pena de muerte, la cual no existe en nuestro ordenamiento jurídico. Lo cierto es que en ocasiones la policía no sustenta correctamente los casos o no actúa apegada a los preceptos jurídicos cuando investiga a un ciudadano.
A veces el ministerio público y sectores de la prensa forman parte del perverso engranaje. Recientemente el comerciante Rafael Jáquez fue apresado, acusado de ser el autor intelectual del asesinato del senador Darío Gómez. Todo parece indicar de que se trató de un error, ya que cuatro días después fue liberado. Al comerciante se le violaron sus derechos: fue detenido por más de 48 horas sin que se le formulara cargo alguno, al momento de ser apresado no se le notificó las razones, y sectores de la prensa le crucificaron.
Muchos pensaron que con el cambio de jefe policial las cosas cambiarían, pero no. El problema es más complejo que un cambio cosmético de rostro. De lo que se trata es de modificar los métodos de investigación arcaicos y la visión que los policías tienen de la delincuencia. La policía actúa como si viviéramos bajo una dictadura: el mismo trato que se les daba a los desafectos al régimen de Trujillo y a las izquierdas durante el balaguerato se les da hoy a los sospechosos.
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