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Juan Bolívar Díaz | 09 de Enero del 2005
¡No más militares, por favor!

En la última edición del diario El Día del año recién concluido, la del 31 de diciembre para mayor precisión, se publica la información de que en los planes del Ejército Nacional para este 2005 figura el reclutamiento de otros 5 mil miembros para elevar a 32 mil los integrantes de ese instituto castrense. El mayor general José Ricardo Estrella Fernández, Jefe de Estado Mayor del Ejército Nacional, informó que los primeros mil de esos nuevos efectivos ya están siendo entrenados en San Isidro.

 

Junto a la promesa de que extirparán todo lo que esté dañado en esa unidad militar, el comandante Estrella Fernández justifica el aumento de sus efectivos en el increíble hecho de que asumió el cargo en agosto pasado encontrando más oficiales que soldados.

 

Ese dato ya lo había revelado el mismo oficial cuando participó hace tres meses en uno de los almuerzos del Grupo de Comunicaciones Corripio junto al secretario de las Fuerzas Armadas y los titulares de los demás institutos castrenses. Ya en esa oportunidad le pedimos que ratificara el dato y lo hizo.

 

Efectivamente, en materia de clientelismo y politiquería estamos estableciendo récords mundiales. Tenemos más oficiales que soldados en el Ejército Nacional, algo verdaderamente insólito, que seguramente no tiene parangón en la historia universal.

 

Pero no es porque tengamos pocos militares, porque 42, mil incluyendo los de la Marina de Guerra y la Fuerza Aérea, son mucho más de lo que necesita esta nación insular, sin ninguna amenaza militar exterior ni interior.

 

La totalidad de los efectivos militares sumaban 29 mil en 1996, cuando dejó el poder el presidente Joaquín Balaguer, y desde entonces su número se fue incrementando, especialmente en el gobierno del agrónomo Hipólito Mejía, aunque se inició en el anterior del doctor Leonel Fernández.

 

En otras palabras que los partidos posttrujillismo, los fundados por el inmenso civilista Juan Bosch, los que criticaban la utilización política de las Fuerzas Armadas por parte de Balaguer en época de confrontaciones externas e internas, han resultado más militaristas.

 

Ese crecimiento, del 45 por ciento, es mucho más significativo y contradictorio, por cuanto se ha dado justo en los momentos en que la nación vecina, Haití, clausuraba sus fuerzas armadas para quedarse sólo con una fuerza policial y cuando casi todos los países del mundo reducían su inversión militar, tras el final de la guerra fría.

 

Mientras se daba ese crecimiento de los efectivos militares, las fuerzas policiales se mantenían en unos 27 mil miembros, cantidad absolutamente insuficiente para el cumplimiento de su misión, cada vez más complicada a la vista del sostenido incremento de casi todas las expresiones de la delincuencia.

 

Es probable que no sólo en el Ejército tengamos el hecho insólito de más oficiales que clases, y que en la Marina de Guerra y la Fuerza Aérea se argumente también que requieren más soldados para corregir el error u horror. En tal caso pronto tendremos más de 50 mil hombres y mujeres sobre las armas, listos para defender la soberanía nacional. Aunque como siempre, una buena proporción estarán en cualquier cosa menos en entrenamiento ni servicio militar.

 

No logro entender por qué en esta época en que se pregona tanta transparencia en los asuntos del Estado, sin ningún peligro de orden militar, pasemos por alto una situación como la denunciada sin que se levante un coro para gritar no más militares, por favor.

 

Eso es tremendamente injusto en un país donde aún faltan muchos maestros, médicos, enfermeras y policías, adecuadamente pagados, con mejores condiciones de vida y de trabajo.

 

En cuanto al desbalance entre oficialidad y soldados hay que esperar que los recientes retiros de cientos de los primeros contribuya por lo menos a equilibrar la balanza, y que los próximos vuelvan al Ejército a la normalidad.

 

Pero si es necesario que pasen algunos años con ese desequilibrio, lo mismo da. Tendremos la ventaja de disfrutar de ese récord mundial. Y a lo mejor, si el destino nos depara una guerra, indeseada como improbable, estaremos en mejores condiciones de vencer al intruso enemigo. Puesto que un ejército integrado en su mayoría por oficiales, debe ser insuperable e invencible, ya que el clásico pelotón de combate, ha estado siempre constituido en más de un 80 por ciento de soldados.

 

Cinco mil efectivos más para el Ejército Nacional constituyen una ofensa nacional en medio de la crisis económica que sufre el país, cuando el Estado no puede pagar sueldos algo decentes. No sólo a los médicos, enfermeras, maestros y policías, sino tampoco a los mismos oficiales militares.

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