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Paulo Herrera Maluf | 16 de Mayo del 2007
¡A la Bastilla!

La acción emprendida por el ciudadano periodista Huchi Lora, luego de ver violado su derecho a acceder a información pública sobre la viabilidad técnica del Metro de Santo Domingo, marca un antes y un después en el ejercicio de la ciudadanía política activa en la República Dominicana. Y la decisión del Tribunal Contencioso, Administrativo y Tributario de ceñirse a la ley convierte la iniciativa de Huchi en una clarinada para el resto de sus conciudadanos y conciudadanas.

 

Está clarísimo. Se trata de un disparo de salida, de una bengala que ilumina el camino para quienes estamos preocupados por la ausencia de transparencia y por la carencia de mecanismos de rendición de cuentas.

 

Y el camino – para individuos y organizaciones – va de la denuncia; general, impersonal y tan trillada que no causa ni siquiera asombro; a la demanda; concreta, responsable y dirigida a sujetos específicos de los poderes públicos. Llegó la hora. Ya no quedan excusas.

 

Debemos trascender las quejas, los paneles y los seminarios. El tiempo de las palabras terminó. Ha llegado el tiempo de utilizar con intensidad y responsabilidad los instrumentos que tenemos a nuestra disposición para hacer presión de la buena. Contrapeso del bueno. Eso es democracia.

 

Después de todo, la única manera de obtener transparencia es imponiéndola. Nadie, absolutamente nadie, pasa de una situación menos transparente a otra más transparente si puede evitarlo. Esperar que ese tránsito lo hagan los oficiales y representantes de los poderes públicos por decisión propia es irreal.

 

Incluso en los casos en que el diseño institucional prevé la rendición de cuentas entre las diferentes instancias del Estado, la vigilancia ciudadana es más que necesaria. No existe otra forma de combatir la complacencia y el usufructo del poder para fines individuales y grupales.

 

Claro que para hacerlo, los ciudadanos – de nuevo, los individuos y, muy especialmente, las organizaciones – debemos abandonar nuestra propia complacencia y asumir el rol que nos toca, con todos los riesgos que esto implica. Más que nunca, debemos recordar que la democracia está supuesta a incomodar y a ser incómoda. Una democracia cómoda sólo lo es de nombre.

 

Pontificar desde una poltrona intelectual ya no será suficiente. De hecho, nunca lo fue. La novedad está en los espacios institucionales que facilitan el ejercicio de un nuevo tipo de ciudadanía política profesional. No usarlos para que avance la agenda de la transparencia y la rendición de cuentas sería una gran irresponsabilidad y pondría en evidencia la oquedad de los discursos.

 

Lo que hizo Huchi Lora es lo que deberíamos estar haciendo todos y todas. Imponer transparencia. Que es lo mismo que imponer, a la larga y siempre que podamos arrancar del sistema judicial las consecuencias para los trasgresores, una nueva forma de hacer política. Con el tiempo, nuestros políticos profesionales no tendrán más remedio que elevar el nivel de sus discursos y de sus realizaciones.

 

Sabemos que es un camino largo y difícil, pero es el que hay. Parafraseando un merengue de hace años, el tabaco es fuerte, pero hay que fumárselo. Si, como sociedad, tendremos oportunidad alguna vez contra la impunidad, será comenzando a poner en evidencia pública y oficial las barbaridades de las que nos quejamos.

 

En cuanto al Metro, Huchi demostró su punto, como admitió el propio Director de la OPRET. El proyecto se está haciendo sin los estudios mínimos que garanticen su seguridad. No sabemos qué pasará ahora, pero hay varias cosas que están claras.

 

Está claro quién sería el responsable si sucediera una tragedia en el Metro, que esperamos que no suceda. Está claro que el funcionario a cargo del próximo megaproyecto lo pensará dos veces antes de ser ligero con los estudios y los permisos necesarios. Y está claro que los ciudadanos debemos responder al ejemplo de Huchi como si fuera un grito de guerra.

Impresora



 

 
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