El fraude en el Banco Mercantil

Durante los años 2002 y 2003 y antes de la adquisición de la mayoría de sus acciones por parte del Republic Bank Limited, de Trinidad y Tobago (el 8 de octubre del 2003), el Banco Mercantil S.A. experimentaba serios problemas de iliquidez, los cuales fueron solventados con facilidades y recursos en adelantos y redecuentos del Banco Central de la República Dominicana.

Esos adelantos y redescuentos ascendieron a la suma de unos SEIS MIL QUINIENTOS MILLONES DE PESOS (RD$6,500.000.000.00), los que fueron otorgados, entre otras razones, por el aporte que significa dicha asistencia económica a la estabilidad del sistema bancario y financiero del país.

Sin embargo, una parte importante de dichos recursos fue empleada por los principales ex ejecutivos y ex directivos en su provecho personal y para generar facilidades adicionales, obtenidas dolosamente, a las anteriormente recibidas por ellos y por muchos de sus vinculados.

De acuerdo con la auditoría forense realizada por la firma Duarte y Asociados, S.A.  y concluida el 24 de marzo de 2004, el Banco Mercantil fue administrado por un núcleo de empresas vinculadas entre sí por sus familiares que a su vez pertenecían al consejo de administración del banco y que estaban emparentados con su anterior principal ejecutivo, que lo era el presidente ejecutivo del mismo, Andrés Alejandro Aybar Báez. Con la anuencia del ex presidente del Consejo de Directores, Eduardo Jacinto Alejandro de Castro Sánchez, quien a través de su grupo de empresas, se benefició de manera extraordinaria mediante tasas activas y pasivas privilegiadas y muy lejanas a las del mercado, entre otras facilidades irregulares y fraudulentas, fueron creadas alrededor de 12 “empresas” con la finalidad de obviar la supervisión de las autoridades monetarias y financieras y ejecutar operaciones fraudulentas fuera de libros, a través de mecanismos diversos, tales como:

 

1)    Dar por existentes empresas ficticias o mejor aun, empresas sin acta de nacimiento a la vida legal o personalidad jurídica, que sólo funcionaban como cuentas para realizar operaciones de desvío fraudulento de valores para favorecer a sus ex ejecutivos y ex directivos. 

2)    Constituir empresas formales con vínculos innegables con el banco y sus empresas afiliadas, pues todos los miembros del Consejo de Directores de las mismas eran los del Banco Mercantil, S.A., compartían las operaciones del activo y el pasivo del banco, así como las instalaciones, personal, red telefónica y emblemas y signos distintivos del banco. 

3)     Fundar una empresa offshore, constituida en Panamá, que al igual que las que se describen en el número anterior compartían todo su activo y pasivo con el Banco Mercantil, S.A., así como el personal, instalaciones, etc., realizando sus operaciones principalmente en dólares de los Estados Unidos de América.  

Como consecuencia, los abogados del Banco Central y la Superintendencia de Bancos, en nombre de la Autoridad Monetaria y Financiera, presentaron una querella con constitución en parte civil en contra de seis ex ejecutivos y directivos del Banco Mercantil, a quienes acusan de haber dispuesto ilegamente de 6,500 millones de pesos.

La querella, presentada por los abogados Ramón Pina Acevedo, Artagnán Pérez Méndez, Carlos Salcedo, Jorge Luis Polanco y José Lorenzo Fermín, acusa a los ex ejecutivos del Banco Mercantil de la comisión de delitos de falsedad en escritura pública, falsedad de documentos de comercio y de banco, uso de documentos falsos, estafa calificada, abuso de confianza calificado, y alteración y manipulación de datos y documentos.

La documentación presentada por los representantes de los intereses del Estado demuestra que la falsificación y manipulación irregular de documentos se hizo con la intención de desviar la fiscalización e investigación de las autoridades monetarias y financieras y para elaborar y aprobar balances de Estados Financieros adulterados o falsos.

Las irregularidades cometidas buscaban ocultar operaciones fraudulentas en el Banco Mercantil, delito previsto y sancionado por la Ley 183-02 del 21 de noviembre del 2002, que regula las operaciones monetarias y financieras del país.

Los acusados por las autoridades son los señores Andrés Alejandro Aybar Báez, quien se desempeñaba como presidente desde el 1 de abril de 1989 hasta el 4 de agosto del 2003, y los ex ejecutivos Evelyn Altagracia Pérez Montandón, quien fue vicepresidenta de administración y finanzas; Eduardo Jacinto Alejandro de Castro Sánchez, quien era presidente del Consejo de Directores. También figura como acusado Ramón Aref Henríquez Risk, quien se desempeñaba como vicepresidente de Operaciones y Tecnología.

Los demás acusados son José Manuel Mateo Contreras, vicepresidente de Auditoria y Seguridad; y Rafael Maximiliano Moya Hernández, vicepresidente de Control Financiero.

Además de las violaciones a la Ley Monetaria y Financiera, los ex ejecutivos bancarios son acusados de violar el Código Penal en sus artículos 147, 148, 405 (modificado por la Ley No. 5224 del 29 de septiembre de 1959) y el artículo 408 (modificado por la Ley No. 461 del 17 de mayo de 1941). La querella sostiene que, valiéndose de acciones ilegales, los ex ejecutivos del Mercantil desviaron 6,500 millones de pesos.

Los ex ejecutivos del Mercantil establecieron un proceso en la referida institución bancaria mediante el cual se extraían fondos fuera de los libros del Banco, con la finalidad de obtener a su favor y de otros ex ejecutivos de la institución, de manera fraudulenta, una serie de beneficios y facilidades personales adicionales a los que tenían derecho y a los que figuraban en los libros y cuentas que eran presentados a las autoridades encargadas de la supervisión de la actividad y operaciones del sistema financiero nacional.  

Mediante la creación real, en pocos casos, y ficticia en casi todos, los ex principales ejecutivos y directivos del Banco Mercantil, S.A. generaron una serie de “empresas” que emitían cheques con firmas de personas inexistentes, beneficiarios ficticios y endosantes y endosos inexistentes e irregulares, todo ello con el deliberado y  fraudulento propósito de:

  1. Trasegar o producir desvíos fraudulentos de recursos del Banco Mercantil, S.A. para favorecer a sus más altos ex directivos y ex ejecutivos, mediante nóminas fuera de libro y otros beneficios, tales como bonos especiales, compra de vehículos de lujo, entre otros;

  2. burlar la supervisión bancaria y el alcance del control de las autoridades monetarias y financieras;

  3. sustraerse a las regulaciones y normas dictadas por la autoridad monetaria y financiera, específicamente sin que sea esto limitativo, a las relativas al encaje legal, haciendo que las operaciones por esa parte fueran más rentables;

  4. evadir impuestos;

  5. favorecer con “préstamos” y créditos, en su gran mayoría, sin respaldo o garantía alguna y sin retorno, a sus ex directivos y principales ex ejecutivos.

 En sus investigaciones, el Banco Central y la Superintendencia de Bancos hallaron que las instrucciones relativas a la operación de dichas cuentas se encuentran en el Memorándum referido precedentemente, del 21 de octubre de 1997 y que cuenta con las firmas del pasado presidente del Banco Mercantil, S.A., Andrés Alejandro Aybar Baéz y tres vicepresidentes del mismo, Juan R. Oller, Evelyn Altagracia Pérez Montandón y Juan Reyes M.

El Memorándum ordena de manera formal y expresa a los segundos vicepresidentes a ejecutar las operaciones bajo nombres ficticios, con la advertencia expresa de que bajo ninguna circunstancia se deben entregar informaciones escritas a los clientes.

 El 21 de octubre de 1997 la entonces ejecutiva del Mercantil, Evelyn Altagracia Pérez Montandón, solicitó al Comité Ejecutivo del Banco autorización para diversas cuentas de Servivalores S.A, bajo la responsabilidad respectiva de Maribel Alvarez, Rafael Maximiliano Moya Hernández y Mirtha Salazar.

Estas cuentas se abrieron para ser “afectadas” mediante cheques, de forma que  las personas que firmaban eran nombres de personas ficticias.

De acuerdo el Memorándum citado, Rafael de Moya era responsable de una cuenta con el nombre ficticio de Angel D. Camacho; Maribel Alvarez manejaba otra con el nombre falso de Cinthia Estepan; Mirtha Salazar se encargaba de otra cuenta con el nombre falso o ficticio de Ivelisse Nin.

 El instructivo interno del Banco Mercantil disponía que las operaciones en dólares fuesen manejadas a través de la cuenta Valmer, y que los beneficios producidos por la misma fueran transferidos a las cuentas Prinsa Comercial o Roi Consulting. Con estos beneficios Prinsa Comercial o Roi Consulting podían adquirir carteras del banco, las que se convertían en activos improductivos, pues al final de cada año se usaban para sanear las finanzas del banco y crear beneficios ficticios o lo que es lo mismo beneficios inexistentes, que eran empleados para justificar el pago de grandes sumas de dinero por concepto de salarios exagerados, doble nóminas, en pesos y en dólares, bonos, vehículos de lujo y una variada gama de beneficios a favor de los principales ex ejecutivos del banco.

Las numerosas cuentas referidas eran fraudulentamente engrosadas con depósitos de certificados de clientes del Banco. Sólo la cuenta servinvest manejó operaciones en el año 2003 ascendentes a la suma de TRES MIL MILLONES DE PESOS (RD$3,000,000,000.00) y la misma cuenta manejó en el año 2001 valores que suman TRES MIL CIENTO VEINTINUEVE MILLONES DE PESOS (RD$3,129,000,000.00).

Al mismo tiempo, a la cuenta de “Prinsa Comercial”, se les extraían los fondos observando el protocolo que a continuación se precisa:

1º. Emitiendo cheques a nombre de personas  inexistentes.

2º. Mediante cheques firmados por altos ex ejecutivos del Banco con otros nombres. Durante las investigaciones, los ex ejecutivos declararon ante un notario que firmaban los cheques y las cuentas con nombres ficticios, que los endosos eran realizados de igual manera y que las sumas cobradas venían a satisfacer las necesidades creadas para favorecer fuera de los libros a los principales ex ejecutivos y directivos del Banco.

3º. Endosando los cheques simultáneamente, a nombre de beneficiarios ficticios, con cédulas ficticias en los casos en los que se hacía constar, no habiéndose encontrado en los registros de la Junta Central Electoral ninguno de los números de cédulas de identidad y electoral indicados al dorso de los cheques a nombre de los supuestos beneficiarios, en los casos en que los mismos eran indicados.

 

Fraude en las transacciones y cambio de dólares

En el manual de procedimiento para el pago de pesos por el canje de dólares de sucursales o agencias, se establecía que “los cheques recibidos para el pago de operaciones deben ser remitidos a favor de una tercera persona. Estos se desviaban al Mercado de Divisas o se depositaban como cheque directamente a la cuenta de Servivalores (empresa que entonces operaba el grupo Mercantil), previa conversación con el Mercado de Divisas. Los cheques debían ser endosados sin el nombre o número de cuenta de Servivalores, y sellado por el cajero como pagado por caja”.

En uno de los párrafos finales del procedimiento de operaciones en dólares se ordenaba que para las operaciones en dólares hechas “fuera del sistema”, se “establecerá un mínimo de US$10,000.00 tanto para la compra como para la venta”, y que “las transacciones inferiores a este monto se tramitarán a través de la División Internacional (Ventanilla)”.

Pero, se ordenaba que se mantenga “la disposición de no entregar ningún tipo de evidencia física a los clientes que realicen este tipo de transacciones”. Asimismo, se ordena que los cheques en dólares que sean comprados a los clientes del Banco Mercantil debían ser “emitidos a favor de Mercantil Transacciones o a nombre del mismo cliente y endosado”, y “no podrán recibirse cheques a favor del Banco Mercantil”.

 

Cuentas y empresas fantasmas

Otras de las pruebas de fraude presentada por los abogados de la Autoridad Monetaria y Financiera es que los ex ejecutivos del Mercantil crearon empresas y cuentas para producir desvíos fraudulentos de recursos, mediante la falsificación de cheques y otras artimañas.

Entre las “empresas” creadas para estos fines (que nunca cumplieron con los requisitos legales de constitución) están Servivalores S.A., Adminvest, y SAT, S.A.

Asimismo, las cuentas Valmer, Prinsa Comercial o Roi Consulting, Asesores y Consultores, Micro G Consulting y Alco Solutions, todas sin ningún soporte jurídico ni de las normas establecidas en el sistema financiero nacional.

    

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