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El costo de la transparencia La transparencia no es fácil. Ni automática. Tampoco la construcción de la institucionalidad. Cuando un proceso público funciona como está supuesto a hacerlo, es porque muchos y diversos actores se han empeñado en ello. Nunca sucede esto de forma espontánea. Sin el compromiso de estos actores – individuos e instituciones – es virtualmente imposible lograr un grado aceptable de transparencia en el manejo de los asuntos públicos, pues es sabido que aquellos que están dispuestos a abusar del más mínimo resquicio del sistema siempre están al acecho. Por tanto, igual que la lucha diaria entre la limpieza y la mugre, la vigilancia debe ser permanente, tanto desde dentro como desde fuera de las instituciones. Hablando de actores identificados con la transparencia y la institucionalidad, de cuando en vez surgen personas que demuestran vocación y carácter excepcionales en estos temas. Ya sea que les toque trabajar como servidores o servidoras públicos, o bien jugar roles de vigilancia y seguimiento desde fuera, invariablemente estos individuos se convierten en blancos de aquellos que ganan con la turbidez del ambiente. Pareciera incluso que lo único que consiguen estas personas a cambio de su apego por lo que se sabe correcto son ataques despiadados. Después de todo, como se sabe que no callarán ni doblegarán su conciencia frente a los despropósitos en las áreas de su incumbencia, la única solución es sacarlos del medio. Como sea. A como dé lugar. Un ejemplo perfecto de esta situación lo constituye el caso de Aura Celeste Fernández en su gestión como jueza de la Junta Central Electoral. Su caso es digno de estudio para quien le interese medir el costo de la transparencia en sociedades sub-democráticas. En efecto, feroz y sistemático ha sido el ensañamiento contra Aura Celeste. Y con un objetivo claro: hacerla renunciar de la Junta Central Electoral. Así de temible es esta señora. No hay que ser un genio para darse cuenta de quiénes se beneficiarían con su salida. A estas alturas, queda claro que los promotores del cuestionado contrato SOMO-JCE verían el cielo abierto con la salida de Aura Celeste de la Junta. Me refiero a todos los promotores del contrato SOMO-JCE. Esto incluye, desde luego, tanto a los representantes oficiales del consorcio SOMO como a funcionarios de la propia Junta que están comprometidos con el mismo más allá de lo que es aceptable por la ética institucional. Con la eliminación de Aura Celeste también se beneficiarían aquellos que aspiran a usar para beneficio propio los recursos que maneja la institución electoral. Sacándola, estarían eliminando un gran obstáculo. Después de todo, se trata de la voz del pleno que ha demostrado tener más valentía para echar un pleito en defensa del buen gobierno institucional, aún resistiendo fuertes presiones y poniéndose de frente al poder que exhiben algunos oficiales del tribunal. Para acorralar a Aura Celeste los métodos han sido variados. Por un lado, la utilización de voces y plumas de alquiler como parte de una campaña pública cuidadosamente montada y financiada. Por el otro, la manipulación interesada de información; mezclando el ocultamiento descarado e ilegal de información pública con divulgación aviesa de baratos chismes extraoficiales. Y eso es lo que se ve. No quiero imaginarme las zancadillas que no trascienden. No deben ser pocas las presiones que recibe a diario la Dra. Fernández por cometer el pecado imperdonable de querer dar un servicio público con sentido ético e institucional. ¿Vale la pena invertir salud en aras de la transparencia? Estoy seguro que Aura Celeste sabe que sí y que, como siempre, está dispuesta a asumir ese alto costo. Sin embargo, Aura Celeste necesita apoyo. Es cierto que no está sola – así lo demostró el affaire de los mal llamados incentivos que reciben los jueces del pleno – en su visión conceptual de lo que debe ser el manejo del Estado. Pero también es cierto que frente a intereses concretos que necesitan borrarla del mapa, Aura Celeste no tiene suficiente compañía. Los grupos de interés ciudadanos deberían cerrar filas con ella. Deberían apoyar explícitamente sus esfuerzos por elevar la institucionalidad y aumentar la transparencia en la Junta Central Electoral. Yo, por lo pronto, estoy con ella.
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