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El baile de Lola y otros merengues Como caña pa’l ingenio. Como se deja llevar Lola, la muchacha del merengue Juangomero. Así quisieran llevar la consulta para la reforma constitucional muchos de los juristas de la comisión presidencial de expertos. Al menos, las señales así lo indican. Sólo hay que dar una leída a la lista de preguntas de la guía para la discusión para darse cuenta de por dónde va la cosa. Lo que se supone que debe ser un proceso abierto y pausado de construcción de consenso, amenaza convertirse en una mera formalidad. Un levantamiento de preguntas cerradas y dirigidas al contenido previamente decidido. Si finalmente imponen una consulta de ese tipo, habrán logrado efectivamente bailar a los que participen en ella. Caña pa’i molino, en efecto. Los que se animen a participar se verían reducidos a instrumentos para permitir que el Presidente luzca como un adalid de la democracia y de la participación, aún cuando proponga el mecanismo de reforma que conviene al partido de gobierno en la coyuntura actual. Poco parece importarles a los juristas que el partido de gobierno haya renegado de la Constituyente. Poco parece importarles si la consulta termina convertida en una pantomima. Para ellos, el nombre del juego luce ser salir del paso con la consulta. Y pronto, considerando que se comenta que el Presidente quisiera tener listo el proyecto de reforma para el 27 de febrero de 2007. Suponemos que de ahí nace la prisa de los señores juristas. A todo esto, todavía nadie sabe en qué consistirá la consulta en la práctica, porque nadie aún se ha dignado a explicarlo, a pesar de que varias organizaciones han solicitado repetidas veces aclaraciones al respecto. Hasta ahora, el tema se ha tratado como un secreto de estado. No ayudan a que la consulta se sienta democrática los pronunciamientos de expertos extranjeros traídos y pagados por el gobierno para opinar sobre el proceso. No puede extrañar a nadie que estos expertos estén de acuerdo con las propuestas del Presidente. Con tanto alimento para la suspicacia, cabe preguntarse cuál es el destino de la consulta. ¿Se sancochará - como aquel sancocho prieto- para degustación de sólo unos pocos comensales escogidos? ¿Hay aún oportunidad para que, por el contrario, resulte un merengue bueno’e bailai para todos, como el pambiche lento? No creemos ser ingenuos y no estamos sorprendidos con la marcha de los acontecimientos. En otras ocasiones hemos establecido nuestras reservas respecto de un llamado a la participación realizado desde una enorme asimetría de poder. Sin embargo, pensamos que todavía hay ciertas esperanzas. Para empezar, nos atrevemos a darle todavía el beneficio de la duda al Presidente Fernández. Ya hemos dicho que a muchos miembros de la comisión de expertos les importaría muy poco si la consulta resultase una burda manipulación. Para ellos, lo importante es sentir que así complacen al Presidente. Para este último, no obstante, una consulta que no logre llenar las expectativas de participación no debería ser un resultado satisfactorio. No desde el punto de vista político. Y es que tanto han insistido el mandatario y su partido en una consulta auténticamente democrática, que si consiguen algo muy diferente podrían perder parte del apoyo que tienen en sectores sociales organizados. Vaya, que se verían bastante feos. El equivalente merenguero a quedarse como perico atrapa’o. Luego están los doctores Doré Cabral y Villamán. Ambos han apostado su amplia credibilidad y su gran prestigio a una consulta bien manejada en términos de participación. A ellos les llegó el momento de actuar. De asumir la dirección del proceso. Creemos que están a tiempo para hacer sentir su autoridad moral y política frente a otros actores del lado gubernamental del proceso, para corregir el rumbo y encauzar la consulta por donde debe ir. Para ello, hay que quitarle velocidad a la reforma. Hay que hacer transparente cuál será el protocolo de la consulta. Hay que asegurarse de que ese protocolo será incluyente y participativo. Y hay, sobre todo, que permitir que sea la consulta la que decida cuál será el mecanismo de reforma que finalmente se usará. Si ya es bastante difícil confiar de entrada en el proceso, mucho más lo es aceptar como democrática la consulta que quieren imponer muchos de los expertos de la comisión de juristas: una consulta semi-cerrada en todos los temas y totalmente cerrada en un tema tan sensible como el método de reforma. Cuando se baila bueno goza la pareja: ella y él. La sociedad y el Presidente. Y no sólo él. Si sólo goza él siempre, será difícil que ella no le dé calabazas la próxima vez que él la saque a bailar. Por el momento, si las cosas siguen como van, parece que nos van a llevar con la mesa al caco a una nueva decepción. Si el rumbo se corrige de inmediato, todavía hay tiempo para que la fiesta se arregle. Para que goce todo el mundo. Para bailar bueno al ritmo de un merengón.
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