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Los Partidos de Bolsillo La Junta Central Electoral ha rechazado la solicitud de reconocimiento formulada por once (11) agrupaciones políticas en formación y veintitrés (23) movimientos políticos independientes. Estos grupos políticos han comenzado a ejercer el derecho al pataleo y es muy probable que sea atendida una que otra de las solicitudes que están presentando para que sus casos sean revisados. Sin embargo, la decisión de la Junta parece confirmar la tendencia que ha tenido el organismo en la última década en el sentido de restringir el reconocimiento de nuevas organizaciones políticas. Después de las gestiones que encabezaron los doctores Froilán Tavárez y Manuel García Lizardo, para los procesos electorales de 1990 y 1994, respectivamente, y que se caracterizaron por ser excesivamente receptivas a las solicitudes de reconocimiento de nuevos partidos; tuvimos el período presidido por el Dr. César Estrella Sadhalá, en la cual no se otorgó reconocimiento a ninguna nueva organización política. A partir de aquí, pocos partidos han logrado obtener su reconocimiento electoral, muchos de los cuales lo han perdido al no obtener el respaldo electoral que la ley exige. En verdad, la mayoría de los “nuevos partidos” que se presentan ante la Junta tras una franquicia electoral, no llenan ni los requisitos legales que exige la ley, ni los que caracterizan, desde el punto de vista social y político, a un partido político. En primer lugar, la nómina de afiliados de estos “partidos” se elabora incluyendo a numerosas personas que ni siquiera han sido consultadas al respecto o que no son localizadas por los inspectores de la JCE, pues sus direcciones son inexistentes. Estos “partidos” no tienen organismos directivos municipales permanentes ni locales abiertos en todo el territorio nacional. Muchas veces lo que figura como “local” partidario es la casa o apartamento de un dirigente, afiliado o incluso amigo de la organización. Pero más que limitarnos a señalar el incumplimiento de los requisitos mínimos que al respecto impone la ley electoral, lo más importante es que muchos de estos partidos no representan grupos sociales o pensamientos doctrinarios diferentes a los que ya existen incorporados a la geografía política nacional. Son organizaciones políticas minúsculas, “partidos de bolsillo”, como se les decía en los ´60, sin ningún tipo de anclaje en la sociedad dominicana; cuyo rostro de presentación es la ausencia de ideas y su capacidad para encaramarse en la cola de cualquier partido mayoritario que le garantice beneficios mínimos. Estos partidos de bolsillo se constituyen en instrumentos que permiten a sus “dirigentes” la obtención de prebendas y beneficios personales, gracias a las alianzas con los tres (3) partidos mayoritarios; y a la contribución económica que prevé la ley electoral. Así, participan aliados en las elecciones congresionales y municipales para garantizar no perder el reconocimiento; y en las elecciones presidenciales presentan una candidatura independiente, lo que les permite acceder a un jugoso financiamiento sin ningún riesgo de perder el reconocimiento, pues el hecho de haber “obtenido” un regidor (en la alianza de medio término con los partidos mayoritarios) es suficiente para preservar su personería jurídica. Lo notorio es que en el interregno electoral estas organizaciones suelen desaparecer del mapa político nacional. No tienen locales abiertos ni hacen opinión pública, y apenas aparece su delegado político ante la Junta Central Electoral o su flamante “presidente”; a recoger el cheque mensual que entrega el organismo a los partidos en los años no electorales. Muchos de estos grupos, que suelen presentarse como una alternativa a los partidos tradicionales, terminan repitiendo las peores prácticas que han criticado y aumentando el desprestigio de la política nacional. Desde las gradas, añoramos el surgimiento de nuevas opciones partidarias fundadas en visiones innovadoras de la política y la sociedad; que tengan liderazgos con sólidas raíces en las comunidades y la opinión pública; extrañamos el desarrollo de verdaderos partidos emergentes que decidan construir con paciencia y laboriosidad un camino propio, incorporando a la acción política a aquellos ciudadanos quejosos pero apáticos; a los jóvenes que hoy se forman en medio de la incertidumbre y la desconfianza que provoca el clientelismo y la mercantilización de la política. En fin: deseamos nuevas organizaciones políticas que de verdad sean partidos para la democracia, enriquezcan el debate nacional y no se conviertan en grupos organizados para incorporarse a la dilapidación de los recursos públicos y al tráfico de influencia de los intereses privados.
José Angel Aquino
27 de enero 2006 |