![]() |
![]() |
|
|
|
El giro a la Izquierda El triunfo de Michelle Bachelet en las recién pasadas elecciones presidenciales de Chile, es el eslabón más reciente de las sucesivas victorias que ha tenido la izquierda en el continente americano. Antes que Bachelet le antecedieron Evo Morales en Bolivia, Néstor Kirchner en Argentina, Tabaré Vásquez en Uruguay, Martín Torrijos en Panamá, Lula Da Silva en Brazil y Hugo Chávez en Venezuela. La tendencia podría afianzarse si se dieran los triunfos de López Obrador en México, de los sandinistas en Nicaragua, el FMLN en El Salvador u Ollanta Humala (¿?) en el Perú. Las características de estas izquierdas no son exactamente las mismas, unas tienden a acercarse al centro del espectro político, mientras que otras han adoptado posiciones más radicales. Aunque en todos los casos han accedido al poder mediante elecciones democráticas y competitivas, en algunos de estos países lo han hecho sobre la base del colapso del sistema de partidos y una profunda conflictividad política y social. Son los casos de Venezuela y Bolivia, en los cuales puede decirse que el ascenso del MVR y el MAS, implican una ruptura profunda con los sistemas de partidos anteriormente existentes. Hay casos en que, por el contrario, el triunfo de estas izquierdas es el resultado de un prolongado proceso de acumulación de fuerzas y articulación de pactos con partidos políticos de otras tendencias, lo cual les ha garantizado una mayor gobernabilidad aunque también ha limitado las fronteras de sus decisiones. Se trata de situaciones en las cuales estos partidos de izquierdas no podrían acceder al poder contando únicamente con sus propias fuerzas. Podríamos decir que en esta corriente se inscriben el PT de Lula y el Partido Socialista de Chile; pero también el del Frente Amplio de Uruguay que en gran medida logró atraer al centro a su propuesta para poder alcanzar el porcentaje exigido por el balotaje uruguayo. Algunas de estas izquierdas han logrado no sólo obtener el poder, sino mantenerse en el mismo. Chávez se ha consolidado en el mando gracias a la bonanza petrolera que le ha permitido desarrollar sus planes sociales (“misiones”) que le generan un mayor apoyo en la población, mientras que la oposición actúa de manera torpe y confusa, abandonando los espacios legales de la lucha política y aislándose cada vez más del electorado. Los socialistas también se han sustentado en el permanente crecimiento económico de Chile, aunque han tenido que enfrentarse a una oposición más articulada e influyente, que sin embargo, no ha podido doblegar a la Concertación. Lula, a pesar de los graves escándalos de corrupción que han afectado a su entorno, parece un candidato potable a la reelección; lo mismo que Kirchner en Argentina, que tiene a su favor el encabezar un período de recuperación económica y de estabilidad política, luego de la debacle de hace algunos años. La dirección de la economía por estas izquierdas acusa diferencias sustantivas. Tenemos desde la ruptura con el FMI, el ALCA y otros organismos financieros internacionales, que ha sido promovida por Chávez y Kirchner, hasta la renovada colaboración que con el Fondo han tenido los gobiernos de Lula y de los socialistas en Chile. En política internacional tampoco existe homogeneidad. Hay quienes han decidido diversificar las relaciones internacionales de sus respectivos países sin dejar de reconocer el rol fundamental que juega Estados Unidos en la política occidental. Es el caso del Partido Socialista y el PPD de Chile, el Frente Amplio de Uruguay, el PT de Brazil y el PRD de Panamá. Otros, como Chávez y Evo Morales, mantienen una retórica antiimperialista y de enfrentamiento con Estados Unidos, que no se corresponde en el caso de Venezuela, con las fluidas relaciones comerciales que mantienen los dos países. Sin embargo, también esta izquierda latinoamericana del siglo XXI tiene denominadores comunes. Por una parte, parece haber comprendido la importancia de mercados regulados que actúen como mecanismo dinámico para estimular la producción de bienes y servicios a los consumidores, insistiendo al mismo tiempo en la necesidad de mantener una activa intervención del Estado en los servicios básicos, como educación y salud. Otro punto común es la voluntad de promover acuerdos de cooperación subregional que potencien los lazos comerciales de los distintos países y les coloquen en mejores condiciones de insertarse en el mercado internacional. Un ejemplo de ello es el relanzamiento del MERCOSUR o los diferentes acuerdos energéticos bilaterales y multilaterales que se han pactado en Sudamérica. De todos las candidaturas de izquierda que se presentarán en los próximos meses, la que más tiene posibilidades es la de López Obrador en México. El descrédito del PRIN y del PAN, y la singular popularidad de este candidato, son elementos que juegan a su favor aunque habrá que esperar a ver como maniobra el antiguo caciquismo del PRI en los Estados del interior mexicano. El PRD mexicano ha logrado conectarse adecuadamente con un amplio movimiento social y sindical que ha estado demandando un cambio en México desde hace algunos años, sin por ello caer en posiciones radicales respecto de la clase empresarial o las relaciones con Estados Unidos. En El Salvador y Nicaragua, hasta tanto el FMLN y el FSLN no lleven candidaturas que manden a los electores un claro mensaje de moderación política, no parece que será posible que alguna de estas fuerzas logre alcanzar el porcentaje requerido para un triunfo electoral. Estas sociedades todavía están muy fragmentadas por la guerra civil y continúan asociando a candidatos como Daniel Ortega o Shafik Nadal, con las intimidades de este conflicto. En el caso de Humala, aún cuando pueda quedar primero en las elecciones del Perú, todo indica que perdería una segunda fuerza electoral y que los votantes peruanos darían prioridad a una candidatura más cercana a la tradición política de ese país, cansados de la improvisación que ha caracterizado al gobierno de Toledo. José Angel Aquino
13 de enero 2006 |