Efectos No Deseados
José Angel Aquino, 06 de enero 2006

A veces las políticas implementadas en un contexto determinado suelen tener consecuencias no previstas o no deseadas por sus artífices. Cuando Estados Unidos financió y asesoró a los Talibanes para expulsar a los invasores soviéticos de Afganistán o promovió la secesión de la URSS de los estados nacionalistas del Asia Central, jamás se imaginó que estaba construyendo el semillero para un ejército terrorista que atacaría directamente al territorio estadounidense. Por su parte, Gorbachev concibió la perestroika y la glasnot como mecanismos que sirvieran para “renovar” y “fortalecer” el sistema soviético, pero en verdad, terminó abriendo la caja de Pandora que precipitó la disolución de la URSS y el fin del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS).

Así sucede en el ámbito electoral. El PRD promovió, junto a diversas organizaciones sociales, la adopción del sistema de doble vuelta electoral para evitar que continuaran produciéndose los triunfos que Balaguer alcanzaba con alrededor del 30% de los votos; pero a la postre, este sistema se convertiría en el principal obstáculo para el triunfo de su líder histórico, el Dr. Peña Gómez, en las elecciones del 1996. Los reformistas patrocinaron por años diversos tipos de fraudes electorales, para ser luego víctimas de estos mismos fraudes, aprendidos y mejorados por sus aventajados alumnos del PLD y el PRD. Hipólito Mejía auspició la  aprobación de la reelección presidencial consecutiva en la reforma constitucional del 2002, lo cual no sólo no fue suficiente para que pudiera reelegirse; sino que también ha creado la posibilidad legal de que su archirival, Leonel Fernández, opte por un inmediato período presidencial.

Durante años en el PLD se cuestionaba el mantenimiento de una estructura orgánica de cuadros que limitaba su ascendencia en torno a sus simpatizantes y le impedía constituirse en un partido nacional de verdadero arraigo de masas. Para superar este déficit y ponerse en sintonía con la lucha electoral que caracteriza nuestro sistema político, ese partido comenzó un proceso de “democratización” que le permitió engrosar sus filas con una cantidad importante de militantes. La membresía del PLD pasó de ser de unos cuantos miles (alrededor de 20 mil) a alcanzar la suma de un millón doscientos mil personas, según sus dirigentes.  De ese millón doscientos mil personas que integran la abultada matrícula peledeísta, en la práctica han participado en sus procesos electorales alrededor de 300-400 mil personas, que en todo caso convierten a esa entidad política en un partido de masas. La base del PLD se amplió, pero esta circunstancia trajo algunos efectos no deseados que se han evidenciado en los procesos internos de los últimos tiempos.

Uno de estos efectos perversos es que las políticas clientelares que caracterizan a la lucha electoral para capturar las adhesiones de los electores, se han trasladado a las entrañas del PLD. Una proporción importante de esas “masas” que han ingresado a las filas peledeístas, no lo han hecho para manifestar su vocación de servicio a la patria o cumplir el ideal ético boschista, sino para “buscársela” como puedan con los líderes que más prebendas y beneficios personales les ofrezcan. Por eso, cada vez se necesita más dinero para ser candidato y es menos importante la competencia, la experiencia de Estado y la militancia comprobada de los aspirantes. Este fenómeno está provocando el desplazamiento de un conjunto de líderes formados en la tradición peledeísta,  por una serie de outsiders, personas adineradas o empresarios metidos a políticos. El fenómeno no se vio en su justa dimensión en las elecciones para designar las autoridades internas del PLD ya que los grupos predominantes en ese partido orientaron la votación en un sentido muy preciso. Pero en las elecciones para las candidaturas congresionales y municipales es otra cosa.

Estando ya disuelto el grupo de Jaime David, todos los aspirantes se autoproclaman como seguidores de Danilo-Leonel. No se trata entonces de una lucha entre diferentes grupos sino entre distintos aspirantes del mismo grupo. Esos aspirantes buscan el apoyo de una base clientelar lo cual coloca en franca desventaja a quienes no poseen de los recursos económicos para garantizar esos votos. El fenómeno Juancito Sport, que promete arrasar en su aspiración  a ser candidato a Síndico por Santo Domingo Este, es probable que se repita en varias partes del país.

Con la conversión del PLD en un partido de masas, sus dirigentes buscaban hacerlo más democrático. Pero en la medida en que esas masas son dominadas por el clientelismo, la política peledeísta depende cada vez más del los empresarios y el dinero (a veces proveniente de fuentes non sanctas), lo cual disminuye su naturaleza democrática.  Este, que es un fenómeno que afecta a todo el sistema político, debe llamar a un serio análisis por parte del liderazgo nacional. Las elecciones primarias no garantizan por sí mismas que exista una mayor democracia al interior de los partidos. Cuando en estas elecciones no se regula rigurosamente las campañas internas y los medios lícitos para la obtención de apoyo electoral, se provoca que los partidos sean copados por representantes de intereses personales y corporativos, ajenos a la perspectiva pública o ciudadana.  

El desafío de los partidos políticos es garantizar adecuados niveles de participación de su militancia en la elección de sus candidatos, pero creando al mismo tiempo las condiciones que fomenten la igualdad en la competencia partidaria, promuevan la discusión de ideas y limiten la proliferación de prácticas clientelares. En caso contrario, seguirá predominando el dicho popular de que papeleta mató a menudo y morocota se alzó con to´.

José Angel Aquino

06 de enero 2006