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El Bloque "Progresista" En el año 1980 los grupos izquierdistas Línea Roja del 14 de Junio, Voz Proletaria y Bandera Roja se fusionaron constituyendo el Partido de los Trabajadores Dominicanos (PTD), en lo que podría definirse como uno de los últimos esfuerzos desarrollados por la izquierda criolla por detener el proceso de “involución grupuscular” que le caracterizó después de finalizada la guerra de abril de 1965. Esta semana, al intervenir el Presidente Leonel Fernández en el acto conmemorativo de los 25 años de la fundación del PTD, afirmó que el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) encabezaría un bloque “progresista” para enfrentarse al bloque conservador constituido por la alianza entre el Partido Revolucionario Dominicano y el Partido Reformista Social Cristiano. Hipólito Mejía contestó inmediatamente la afirmación de Fernández, calificando de “reaccionario” el bloque que encabeza el PLD y proclamando que el bloque progresista está formado por el PRD y sus nuevos aliados coloraos. Así las cosas, siguiéndole la corriente a estos dos protagonistas de la política nacional, en las próximas elecciones los dominicanos tendremos un menú suculento, con dos opciones progresistas como platos fuertes. La realidad, sin embargo, es un tanto distinta a la expresada por las declaraciones de estos dirigentes. Desde el fin de la guerra fría y el derrumbe de las dictaduras burocráticas de Europa del Este, los partidos políticos entraron en muchos países en un proceso de cuestionamiento respecto a sus fundamentos ideológicos. Los teóricos del nuevo escenario mundial plantearon que se habían terminado las ideologías y que ya no era necesaria ninguna distinción entre progresistas y conservadores, entre izquierdas y derechas. El tema se debatió mucho en Europa y particularmente Norberto Bobbio, reivindicó la vigencia de la díada derecha-izquierda planteando que siguen siendo concepciones del mundo y la política diferenciadas por factores determinantes: mientras la izquierda gira en torno a la búsqueda de la igualdad, la derecha se concentra más en la libertad. “El elemento que mejor caracteriza las doctrinas y los movimientos que se han llamado izquierda –señala Bobbio-...es el igualitarismo....entendida como una tendencia a exaltar más lo que convierte a los hombres en iguales...que desiguales...y a favorecer las políticas que tiendan a convertir en más iguales a los desiguales..La derecha está más dispuesta a aceptar lo que es natural, y aquella segunda naturaleza que es la costumbre, la tradición, la fuerza del pasado”. En el caso dominicano, no hemos tenido este debate en profundidad. Las principales fuerzas políticas han adoptado una política pragmática orientada al éxito electoral, dejando en un lejano plano sus lineamientos doctrinarios e ideológicos. Este proceso se acentuó con la adopción del sistema de doble vuelta electoral en la reforma constitucional de 1994, sistema que como afirma Duverger, tiende a castigar la política ideológica, premiar al centro y frenar el dinamismo partidario. Peña Gómez fue el último que constituyó un frente de clara matriz centroizquierdista, el Acuerdo de Santo Domingo, que murió con el triunfo de Hipólito Mejía en las elecciones del 16 de mayo del 2004. A partir de este momento, los principales partidos políticos han caído en un proceso de decrepitud ideológica, limitando su creatividad a corroborar los dictados del Fondo Monetario Internacional y otros asesores externos. Los gobiernos que han encabezado los autoproclamados “progresistas”, Leonel Fernández e Hipólito Mejía, se han caracterizado por copiar las recetas del denominado Consenso de Washington, que trajeron bajo el brazo los funcionarios de algunos organismos internacionales y que mandaban a realizar privatizaciones masivas, disminuir las capacidades del Estado, fomentar la inversión extranjera y privada sin regulaciones, eliminar los subsidios, limitar las políticas sociales y esperar que la mano invisible de Adam Smith repartiera la riqueza y disminuyera la desigualdad. Gobernantes que han sido incapaces de instaurar políticas sociales integrales, que mantienen el presupuesto anual destinado a la educación o la salud por debajo del 3%, que sancionan reformas fiscales que gravan a la clase media y a los sectores populares mientras premian a los más ricos, que no implementan políticas de control al creciente deterioro ambiental que ocasiona el turismo barato o que se muestran silenciosos ante temas como el del aborto o la violencia intrafamiliar, no pueden en modo alguno catalogarse de progresistas. Proyectos políticos que fomentan la corrupción, el nepotismo, el oligopolio partidario, la evasión fiscal empresarial, la destrucción del mercado laboral y el envilecimiento moral de la ciudadanía, no sólo ha renunciado a la condición de progresistas; sino que no llegan siquiera a acreditarse de una ética conservadora. Leonel e Hipólito deberían hacer más visibles sus bloques progresistas, colocarlos encima del obelisco o del Huacal, porque yo, francamente, no los veo. José Angel Aquino
16
de diciembre 2005 |