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Gobernabilidad y Elecciones de Medio
Término Diversos dirigentes políticos e intelectuales dominicanos, han planteado la necesidad de reunificar las elecciones congresuales y municipales con las elecciones presidenciales. Mientras los primeros insisten en el “alto costo” que implica tener elecciones de medio término, los segundos se inclinan por señalar que unas elecciones congresuales separadas de las presidenciales, no resultan convenientes a la gobernabilidad democrática. Se plantea en este sentido que los electores votan para que un presidente gobierne, lo cual se dificulta si este no cuenta con una mayoría congresional que le de luz verde a los proyectos de leyes que sustentarán su gestión de gobierno. Al analizar la influencia del calendario electoral en la representación política, se parte de una premisa que ha sido ampliamente comprobada en términos empíricos: cuando hay elecciones simultáneas el elector se concentra en el nivel presidencial lo cual produce un efecto “arrastre” en los demás niveles de elecciones, consistente en que los candidatos presidenciales transmiten su popularidad a los candidatos congresuales y municipales. Por eso, el presidente que resulte electo mediante este sistema, casi siempre contará con una mayoría congresional favorable. Sin embargo, cuando se afirma que las elecciones de medio término perjudican a la gobernabilidad, no se toman en cuenta dos factores presentes en la realidad política dominicana. En primer lugar, los presidentes de la República todavía adoptan muchas decisiones al margen de la ley y no pasa nada. Por ejemplo, el pasado presidente, Hipólito Mejía, contrajo préstamos con empresas privadas para la realización de calles y carreteras y adjudicó a esas mismas empresas los contratos de construcción, todo sin pasar por el Congreso ni convocar ninguna licitación. El actual presidente, Leonel Fernández, ha iniciado la construcción de un metro con fondos públicos, a pesar de que no estaba previsto en la ley de presupuesto y gastos públicos. La verdad es que el Congreso no ejerce todavía un control efectivo sobre la actividad del Ejecutivo, lo que permite que este tome muchas decisiones sin que ningún poder del Estado le fiscalice. El informe anual de rendición de cuentas que presenta el Ejecutivo al Congreso, es aprobado por este año tras año sin que sea siquiera leído por la mayoría de los legisladores. En resumida cuenta, el que un Presidente no tenga mayoría en el Congreso no le ha limitado en la práctica su capacidad para gobernar. El otro punto que es necesario ponderar, se refiere a que la gobernabilidad democrática no debe ser únicamente entendida como la capacidad de gobernar que tiene un presidente. También forma parte de ella la necesaria construcción de consensos entre los diversos actores políticos y sociales, respecto de los problemas fundamentales que afectan a un país y las principales soluciones que la sociedad pretende impulsar. La gobernabilidad democrática entraña una efectiva interlocución entre los diferentes poderes del Estado, respetando cada uno el ámbito de sus decisiones, pero ejerciendo las facultades constitucionales que les están conferidas para su interrelación dinámica como contrapeso mutuo. Vista desde esa óptica, las elecciones de medio término contribuyen grandemente a la gobernabilidad, en la medida en que un Congreso en el cual el Ejecutivo no tenga una mayoría aplastante obliga a un acercamiento entre estos poderes del Estado para producir una oportuna concertación. Pero además, un Congreso dominado por la oposición, siempre entrañará un obstáculo importante para los excesos y las aventuras políticas, las reformas constitucionales de madrugada o las hipotecas del patrimonio público a los financistas internacionales; acciones que con tanta frecuencia suelen seducir a quienes ejercen en nuestro país el Poder Ejecutivo y que siempre encuentran cómplices solícitos en otros habitáculos del poder. José Angel Aquino
25
de noviembre 2005 |