Riesgo e indefensión
Ramón Tejada Holguín - El Caribe, 17 de noviembre 2005   

El riesgo se ha tornado tan complejo como las sociedades, lo que trae nuevas e inusitadas inquietudes. En el centro se coloca la humanidad como víctima y verdugo de sí misma. Hay quienes son más verdugos y la mayoría somos más víctimas.  

El riesgo puede ser externo, "causado por la tradición o la naturaleza", o manufacturado, fruto de la intervención humana sobre el mundo.  

El manufacturado se asocia a la probabilidad de que la humanidad, con su irresponsable accionar sobre la naturaleza, provoque daños ecológicos que comprometan a las futuras generaciones o terminen con gran parte de la vida sobre el planeta (Anthony Giddens, "Un mundo desbocado", Taurus). 

En “La Sociedad del Riesgo: Hacia una Nueva Modernidad" (Paidós), Ulrich Beck coloca la noción de riesgo en el centro de la reflexión sobre la crisis ecológica y social.  

Se publicó en 1986, el mismo año en que en Chernóbil, Ucrania, cuando era todavía Soviética, errores humanos provocaron la fusión del núcleo de un reactor que liberó una gran cantidad de residuos radiactivos que flotaron sobre más de la mitad de Europa.  

Cerca de dos mil personas perecieron, millones respiraron o ingirieron partículas radiactivas, sin que todavía se sepa a ciencia cierta sus consecuencias, ya que los efectos de la contaminación continuarán en el futuro.  

La humanidad está expuesta a sufrir las consecuencias del calentamiento global, del deterioro de la capa de ozono, de la deforestación; corre el peligro de que el batir de alas de una mariposa en el África desencadene la furia de los vientos. La recién finalizada temporada ciclónica fue particularmente cruel con los pobres de Estados Unidos y México. 

Sobrevivimos en el centro del riesgo debido a las altas probabilidades de ocurrencia de desastres ecológicos y sociales provocados por la indolencia y voracidad de un sector de la humanidad. Esos son los riesgos manufacturados.  

En Dominicana hay a quienes no les importa que todo el edificio social se venga abajo un día de estos, porque pueden tomar un avión a lugares más seguros; lo que no saben es que ya nadie está seguro en ningún lugar. Para ellos, los cálculos de riesgos son vitales para la operación de los mercados.  

Para nosotros, son vitales para la organización de la sobrevivencia. El asunto sacude los cimientos del alma y afecta la calidad de vida, la espiritual y la material.  

Los niveles de certeza y certidumbre cada día son menores, lo que afecta la visión del futuro y la conducta humana.  

En lo económico no hay empleos seguros; hay decisiones estatales que llevan a la quiebra a sectores medios y a los pobres los atrapan en vorágines incontrolables. 

El riesgo, en nuestros países, se convierte en temor paralizante y difuso que, cual corriente de agua subterránea, arrasa con la voluntad y el espíritu. Se piensa que ante tanta inseguridad lo mejor es quedarse tranquilo: todo es lo mismo.

El sentido de indefensión provocado por el riesgo debilita el tejido social y estimula el individualismo salvaje. Hoy día una de las importantes funciones públicas es el control del riesgo y de quienes lo quieren todo. 


Ramón Tejada Holguín

17 de noviembre 2005