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Alianzas y Dilemas: El PLD Después de la experiencia del Frente Patriótico en 1996, la dirigencia peledeísta ha quedado fascinada con sus alianzas con el Partido Reformista. Han visto con buenos ojos el que el PRSC no haya podido completar exitosamente el relevo dirigencial derivado de la muerte de Balaguer, en la medida en que la debilidad de los reformistas les ha permitido cooptar una parte importante de sus dirigentes y sus votos. Hoy el PLD apuesta nuevamente a una alianza con el PRSC, que le permitiría fortalecer el segmento político gobernante y disminuir la influencia perredeísta en las Cámaras Legislativas y los Ayuntamientos. Aunque el PLD no ha encontrado en las cámaras una oposición tajante a las diferentes iniciativas del Ejecutivo, es evidente que el Gobierno preferiría un Congreso más favorable con el cual no tuviera la necesidad de desarrollar largas jornadas de negociación en torno a los temas más conflictos que somete a su decisión. El PLD es el partido que más puede ofrecer a los reformistas. Tratándose de una alianza para la obtención de cargos públicos y estando ausente toda visión programática, el PLD se beneficia de su posición de partido gubernamental, pudiendo garantizar a los reformistas una presencia masiva en los ayuntamientos. Es verdad que esto aumentaría el carácter depredador de la gestión municipal, pero evidentemente, esta no es una preocupación que se encuentra en los actuales cálculos de nuestro liderazgo político. La alianza con los reformistas también significa para el PLD garantizar una cuota congresional que por sí mismo le resulta bastante difícil obtener. El PLD de hoy no es el de las elecciones de 1990, en las cuales consiguieron la mitad de los senadores y el 40% de los diputados. En ese momento en el PLD despuntaba toda una dirigencia local vinculada al sector profesional, a los medios de comunicación y al activismo político municipal; que tenía un prestigio propio y pudo enfrentarse con cierto éxito a los caudillos reformistas, que lograron retener la mayoría del Senado en base al fraude electoral. Actualmente, aunque el PLD cuenta con una mayor estructura nacional y aparece primero en las encuestas de opinión, su mayor debilidad consiste en no tener un liderazgo con raíces sólidas en las distintas provincias y municipios del país. En muchos casos, por demás, los candidatos de los grupos dominantes al interior del partido (Danilo-Leonel), son menos populares en los votantes que aquellos que no están identificados directamente con uno de estos grupos o pertenecen al alicaído grupo de Jaime David. En esta alianza, como en las anteriores, el PLD parece dar predominio a las fuerzas más conservadoras de su coalición. Aunque mantiene una alianza con otros seis (6) grupos minoritarios, de todos estos el que más se destaca es la Fuerza Nacional Progresista (FNP) y su líder Vincho Castillo, fortaleciendo la tendencia hacia la derecha y la real politik que parece haber ganado la batalla en esa comunidad política. Sin embargo, el PLD corre también un riesgo importante en esta nueva maniobra electoral. Aunque los morados pueden pactar sin ningún rubor con el PRSC, ese pacto fortalecería la mezcolanza conservadora del partido que el propio Leonel Fernández ha bautizado como de “ideología boschista-vinchista”. En consecuencia, alejándose cada vez más de sus raíces históricas, el PLD se fortalece con adhesiones coyunturales, sobre la base del clientelismo y el populismo, lo que le produce un capital político frágil que a mediano plazo resulta insostenible. Por demás, esta actitud deja el campo libre al PRD que podría reagrupar el sentimiento progresista, si constituye un nuevo frente de centroizquierda sobre la base de candidaturas frescas que enarbolen un discurso programático.
José Angel Aquino
11
de noviembre 2005 |