Alianzas y Dilemas: El PRD
José Angel Aquino, 04 de noviembre 2005  

De todos los partidos políticos dominicanos, es el PRD el que tiene una mayor experiencia en la conformación de alianzas políticas. Desde la década de los ´70, cuando en varias ocasiones logró unificar a la mayoría de la oposición antibalaguerista, hasta en los cercanos ´90, cuando la constitución del Acuerdo de Santo Domingo fue uno de los pilares estratégicos sobre los cuales el Dr. Peña Gómez logró el relanzamiento de ese partido político y su posicionamiento en los primeros lugares de las simpatías del electorado. El PPH, tendencia predominante en el PRD, fue un tanto tímida a la hora de concitar aliados para las elecciones del 2002 y del 2004, desmembrando el Acuerdo de Santo Domingo y prefiriendo una participación solitaria que le reportó un impresionante éxito en las elecciones congresionales y municipales, aunque no así en las elecciones presidenciales. 

Hoy, ante una nueva coyuntura electoral, se le presentan diferentes alternativas al perredeísmo. A diferencia de las alianzas patrocinadas por Peña Gómez, que tenían un claro matiz programático y social, la actual dirigencia del PRD parece inclinarse por un pacto con los reformistas sobre la base de la distribución de cargos electivos. Esta alianza presenta diferentes ventajas para el PRD. Por una parte, permite la consolidación de un bloque opositor conformado por dos de las tres principales fuerzas políticas, lo cual coloca al partido oficialista, el PLD, en una evidente situación de defensiva. Una campaña electoral en la que el PLD tenga que enfrentar a este bloque, repercutirá negativamente en la popularidad de ese partido, que luchará en franca posición de desventaja frente a caudillos locales curtidos en el proselitismo criollo. El PRD con esta alianza, puede consolidar su posición como líder de las fuerzas opositoras del país, lo que lo coloca en una óptima posición de cara a las elecciones presidenciales del 2008. 

Otra ventaja para el PRD de una alianza con los reformistas, es que garantiza que el PLD no obtenga mayoría parlamentaria en ninguna de las cámaras legislativas e incluso, que su representación en el Senado continúe siendo exigua. Recordemos que es el Senado de la República el que va a elegir la nueva Cámara de Cuentas, la Junta Central Electoral y los titulares de la Defensoría del Pueblo. En todo caso, con una representación minoritaria en las cámaras legislativas, el gobierno continuaría obligado a negociar con la oposición los diferentes proyectos de leyes que tenga la necesidad de que el Congreso le apruebe, lo cual le limitaría su capacidad de gobierno.  

Es evidente que si el PRD logra la alianza con los coloraos evitaría a su vez una alianza de estos con el PLD; alianza esta última que para el PRD tendría consecuencias funestas pues los reformistas, además de tener los líderes locales que al PLD le hacen falta, podrían continuar diluyéndose en el PLD con el consecuente fortalecimiento del principal contendor del perredeísmo. El PRD debe garantizar, por lo menos, que el Partido Reformista vaya solo, en caso de que no logre incorporarlos a su proyecto de coalición. 

Desde luego, una acuerdo del PRD con los reformistas les obliga a repartir una parte del “pastel electoral” con los coloraos, que no han ocultado sus ambiciones desmedidas en ese aspecto. Para el PRD, que actualmente ostenta la mayoría del Senado y de las sindicaturas del país, esta alianza significa renunciar de antemano a una parte importante del poder que hoy disfruta. Sin embargo, también debe considerarse que es improbable que el PRD pueda obtener un éxito electoral similar al de las elecciones del 2002, por lo que muchas de estas posiciones pueden perderse de todas maneras, e incluso, caer en manos del PLD. Lo que sí puede producirse es que una alianza formal entre el PRD-PRSC, inédita en la historia política nacional, contribuya a profundizar el proceso de degradación ideológica perredeísta, que se vería desprendido de sus últimos escrúpulos en un pacto que busca exclusivamente el poder por el poder. 

La otra alternativa que tiene el PRD es propiciar una nueva edición del Acuerdo de Santo Domingo, pactando con diferentes partidos minoritarios y reencontrándose con sus planteamientos programáticos históricos. Aunque es cierto que estos partidos han sacado históricamente una votación muy baja, cuando se consideran en su conjunto llegan a obtener de un 5% a un 8%, lo cual puede ser decisivo en algunas demarcaciones electorales. Además, algunos de estos partidos tienen importantes líderes locales que agregan prestigio y popularidad a la boleta perredeísta. Esta opción podría abrir las puertas a que el PRD retome los postulados socialdemócratas, convoque a muchos ciudadanos que actualmente no tienen ninguna simpatía electoral definida y se convierta en una opción de poder con un discurso diferente a las demás fuerzas políticas mayoritarias.

 

José Angel Aquino

04 de noviembre 2005