Alianzas y Dilemas (1)
José Angel Aquino, 28 de octubre 2005  

La desideologización del sistema de partidos y la implementación de la doble vuelta electoral, pusieron fin a los escrúpulos que algunas fuerzas políticas habían tenido para promover alianzas de cara a las elecciones nacionales. El “Frente Patriótico” fue el primer experimento de coalición en la nueva realidad nacional, que terminó con el éxito electoral para el PLD y el desquite soñado para Balaguer. Más tarde, el PRD supo articular alianzas veladas con los reformistas para afianzar el triunfo de Hipólito Mejía o el predominio del partido en las elecciones de medio término, a través del denominado “acuerdo del desacuerdo” que propiciara Hatuey Decamps. En el 2004, el PLD vuelve nuevamente aliado a una fracción de los reformistas, aprovechando la avidez de poder que siempre ha caracterizado a los coloraos.

En la época de la guerra fría, como ha dicho Manuel Antonio Garretón,   las contradicciones entre partidos políticos de derecha e izquierda se percibían como antagónicas y excluyentes. Alianzas de este tipo eran impensables. Hoy, cuando nos resulta trabajoso clasificar alguno de nuestros partidos mayoritarios como de derecha o de izquierda, ha cesado todo obstáculo a una política de alianzas “pragmática”, es decir, orientada únicamente por el propósito de obtener el poder. Pero estas posibilidades generan al mismo tiempo numerosos riesgos y oportunidades, dilemas claves para el fortalecimiento o la disolución de los partidos políticos. Tomemos, por ejemplo, a los reformistas.

El Partido Reformista Social Cristiano (PRSC) viene de tener un pobre desempeño en las elecciones del 2004, alcanzando su peor votación histórica. La mayoría de la población le percibe como un partido “bisagra”, esto es, con una tendencia natural a apoyar los demás partidos políticos mayoritarios e incapaz de recorrer un camino propio. En esas circunstancias, parecería lógico que los reformistas tendrían que optar por una participación independiente, que les permita reconstruir su identidad y mística frente al electorado. El PRSC es uno de los partidos que más líderes locales tiene y aunque quedó en un tercer lugar en las últimas elecciones de medio término, obtuvo alrededor del 23% de los votos. Además, los reformistas tendrán suficientes recursos para la campaña electoral, pues luego de la reforma a la ley electoral realizada este año, recibirán igual cantidad de fondos públicos que el PRD y el PRSC, aun cuando obtuvieron apenas un 8.14% en las últimas elecciones nacionales.

Sin embargo, parece que los reformistas han rechazado recorrer un camino independiente y  han optado por favorecer una de las propuestas de alianza que les han formulado el PRD y el PLD. En esta decisión probablemente influya el hecho de que la militancia reformista, acostumbrada a los beneficios del poder, es cada día menos fiel a un partido que no controla ningún estamento del Estado y no puede “boronearlas”. En esas circunstancias, esa membresía se deja seducir fácilmente por las ofertas que le llueven de otros litorales, fundamentalmente del PLD. Por eso, la cúpula del PRSC se ve en la necesidad de construir ofertas electorales que tengan altas probabilidades de ganar, para así entusiasmar a su militancia y preservar su integridad.

Ahora, la pregunta es, ¿ con quién deben pactar los reformistas? ¿Con un PLD en el Gobierno Central o con un PRD en el gobierno Congresional y Municipal? Cada una de estas opciones ofrece ventajas y desventajas.

Una alianza con el PLD le echaría a los reformistas toda la insatisfacción ciudadana con el desempeño del Gobierno, impidiéndole presentarse ante la opinión pública como una activa fuerza de oposición. Le dejaría sin argumentos frente a los ex reformistas que pactaron con el PLD para las elecciones del 2004 y aquellos dirigentes que posteriormente han ingresado al tren gubernamental a pesar de ser sancionados por el partido. Pero por otro lado, en el toma y daca clientelar que caracteriza la política dominicana, es el PLD que puede ofrecerle a los reformistas mayores beneficios, tanto en relación con las candidaturas centrales como en cuanto a los empleos públicos. El PLD tiene el Gobierno Central, no necesita los empleos de los ayuntamientos o el Congreso; tampoco tiene necesidad de presidir alguna de las cámaras legislativas. Por otra parte, si el PRSC pasa a ser la principal fuerza en los ayuntamientos y el Congreso, podría estar en mejores condiciones para alcanzar una segunda posición en las elecciones presidenciales del 2008 y luchar por la presidencia de la República en una Segunda vuelta electoral.

Una alianza con el PRD le ofrece menos ventajas clientelares a los reformistas y le quita impulso a su esfuerzo por posicionarse como la principal fuerza de oposición. Pero, en otro sentido, esta alianza crea las bases para una concertación de la oposición con miras a las elecciones del 2008, frente a un PLD que aunque ha bajado su popularidad en el electorado, sigue encabezando las encuestas y tiene vía legal expresa para la reelección. Esta alianza crea menos peligros para la identidad de los reformistas, ya que existe menos proximidad histórica entre el PRD y el PRSC, lo que dificulta el reclutamiento o la absorción de la militancia reformista por el PRD. Y sobre todo, una alianza con el PRD permitiría que el Partido Reformista profundice su discurso de oposición al Gobierno sin las ataduras que le impondría la reedición de un nuevo Frente Patriótico.

 

José Angel Aquino

28 de octubre 2005