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Un
Gobierno de todos y para todos La profunda
crisis en que se encuentra el país, que abarca los ámbitos económicos,
sociales, políticos y morales, reclaman el apoyo y la colaboración de
los distintos sectores de la sociedad para asegurar la gobernabilidad y
para que el nuevo gobierno pueda enfrentar con éxito los graves problemas
que afectan a toda la población, en especial a la de bajos ingresos. En
lo económico padecemos una drástica disminución en la calidad de vida;
en lo social una precariedad nunca vista de los servicios públicos; en lo
político el la oposición tiene las mayorías en el Congreso y en los
Ayuntamientos. Los fraudes bancarios, los beneficiarios y las
complicidades conocidas, evidencian un descalabro moral que afecta a gran
parte del liderazgo nacional. En las Cámaras Legislativas se conoce un
proyecto de reajuste tributario para, a través de nuevos impuestos,
lograr recursos económicos para cubrir déficit, sin destinar nada a
inversión social que promueva el desarrollo humano. Lo más probable es
que, pese a los esfuerzos y a las buenas intenciones, en el corto plazo,
el nuevo gobierno no pueda satisfacer adecuadamente las expectativas y
demandas de la población. En una
situación como la indicada se apela a la formación de un “gobierno de
unidad nacional” que agrupe en torno al gobierno las mejores voluntades
del país para que, en un esfuerzo mancomunado, podamos superar las
dificultades. Se formulo ese reclamo y el nuevo Presidente declaró que
esa es su decisión. Ante la carencia de un Acuerdo Nacional sobre lo que
debe hacerse desde el gobierno, en ocasiones anteriores los gobiernos de
unidad nacional han terminado en una invitación a algunos miembros de la
oposición a compartir el poder, donde cada integrante utiliza el sector
de poder puesto bajo su autoridad para beneficio de su proyecto político
particular y de los miembros de su parcela política. Cuando el invitado
no pertenece a algún partido político, el cargo se utiliza entonces para
proteger los intereses económicos del sector a que se pertenece. Como la
superación de la grave situación en la que nos encontramos no podrá
lograrse sin el concurso de todos y los antecedentes que tenemos no es en
realidad de gobiernos de unidad nacional, considero que debemos ser más
creativos para lograr la colaboración de todos los sectores bajo
modalidades mas apropiadas. En ese sentido me arriesgaré a
formular las siguientes sugerencias. En vez de
gobierno de unidad nacional, como simple invitación a disfrutar del
ejercicio del poder, preferiría que se hablara de una gobierno de amplia
participación o de integración nacional porque lo que se busca sea la
colaboración y el apoyo de representantes de distintos sectores de la
sociedad, que participando en diferentes ámbitos territoriales y
sectoriales, aporten sus esfuerzos en la dirección acordada con el
gobierno después de un proceso deliberativo. Que a falta
de un acuerdo nacional sobre los problemas y prioridades, haya una clara
indicación por parte del gobierno de su compromiso de preservar las
conquistas en la democracia electoral, lograr mayores avances en la
dimensión civil de la democracia, que tiene que ver con el
fortalecimiento del Estado de Derecho y de la Justicia, y reducir el gran
déficit existente respecto a la democracia social que debe manifestarse
en iniciar el crecimiento económico y transformarlo de inmediato en
desarrollo. Como no se podrá lograr resultados a corto plazo, el gobierno
debe enviar mensajes claros hacia donde es que caminaremos. Una señal
que puede indicar cual será el comportamiento con los demás es lo que
hace con sus aliados. El cumplimiento de compromisos razonables con las
fuerzas políticas que lo apoyaron puede ser un indicador positivo, en el
entendido de que van al gobierno a trabaja por el país, no para beneficio
de su parcela política. Otra buena señal sería que la capacidad y la
honestidad sean condiciones indispensables para ser nombrado en un cargo público,
tanto para los miembros del partido, como para los aliados. Rafael
Toribio 18
de agosto 2004 |