Dos de tres
Rafael Toribio - 30 de octubre 2003

Con la reforma constitucional de 1994 y el establecimiento de la mayoría absoluta de votos para lograr la Presidencia de la República se buscaba que a partir de entonces los gobiernos contaran con una amplia mayoría que le permitiera asegurar la gobernabilidad. Pero a pesar de que esto era lo que debía suceder, en la primera experiencia después de aprobada la reforma, que fue en las elecciones presidenciales de 1996, aunque se produce una alianza en la segunda vuelta, pero como fue más para ganar que para gobernar, el gobierno que surge no cuenta con la mayoría que se esperaba. Sin embargo, en las elecciones del 2000, la reforma produjo el resultado esperado: un gobierno de amplia mayoría, lograda en la primera vuelta.

Esta reforma determinaba también que el sistema político descansaría en la existencia de tres partidos, pues obtener el 50% mas uno de los votos en la primera vuelta no era tarea fácil para ningún partido; de no ser así, se forzaba a una alianza donde el partido que había quedado en el tercer lugar en la primera confería normalmente la mayoría necesaria para ganar en la segunda. Una eventual segunda vuelta, con la necesidad de una alianza para lograr el triunfo, daba un gran poder de negociación al tercer partido, razón por la cual las relaciones interpartidarias se suavizaban bajo el entendido de que la confrontación ahora podía hacer difícil la alianza luego. Lo esperado con la reforma se produjo de inmediato: tres partidos sustentan el sistema político y el que ocupa el tercer lugar es cortejado por los otros dos en espera de que le ofrezca el apoyo necesario para ganar las elecciones, en la primera o en la segunda vuelta. Pero sucede en la actualidad que dos de los tres partidos en que se sustenta el sistema político están atravesando una profunda crisis.

El Partido Revolucionario Dominicano (PRD) está al borde de una división a consecuencia de la decisión del actual Presidente de la República de optar por un segundo mandato y el rechazo a esta pretensión de todos los demás precandidatos. El enfrentamiento es tan fuerte que ha impedido que ya haya sido escogido el candidato del partido para las elecciones del 2004, cuando los otros dos ya lo han escogido. Por su parte, en el Partido Reformista Social Cristiano (PRSC) se escogió un candidato cuya legitimidad es fuertemente cuestionado por un sector de su propio partido y la dirigencia carece de un liderazgo efectivo para lograr una fórmula aceptada por todas las partes. Esto ha determinado que este partido se encuentre en un lejano tercer lugar en las preferencias electorales de la ciudadanía.

Cuando una mesa de tres patas tiene dos quebradas, no se puede sostener. Sin una salida unificadora en el PRD y en el PRSC, dos de los tres partidos en que se sustenta el sistema político, estaremos en una crisis del sistema de partidos. Perú, Venezuela, y ahora Bolivia, nos muestran lo que sobreviene. Debemos demandar de los partidos una mayor conciencia de su responsabilidad y que entiendan que las criticas que se les hacen no es para que desaparezcan sino para que se fortalezcan.

Rafael Toribio
rtoribio@intec.edu.do

 
30 de octubre 2003