Forma y Contenido
Rafael Toribio - 23 de octubre 2003

Utilizamos determinados términos, y no otros, para designar o referirnos a hechos o situaciones, porque ellos son los que mejor las reflejan, presentándolas tales como son. Esto es lo que nos permite conocerlas, y hacerlas conocer a los demás, con toda la descarnada realidad que representan. Sin embargo, apreciamos que se está produciendo un esfuerzo, proveniente de varias litorales, orientado a que se utilicen términos sustitutivos, o pretendidamente equivalentes, que realmente no siempre dicen lo mismo y algunas veces expresan otra cosa muy diferente. Aduciendo el enriquecimiento del lenguaje, y para evitar posible injusticias o estigmas, se defiende la conveniencia de utilizar términos "light", elegantes. Pero es muy posible que al final lo que realmente tengamos sea un lenguaje deformador o encubridor de realidades. Algunos ejemplos nos lo puede hacer evidente.

Años atrás, a los países con los peores niveles de desarrollo humano los llamábamos atrasados; luego fueron catalogados como subdesarrollados. Ahora los denominamos como "países en vías de desarrollo". Algo parecido ha pasado con la realidad de que la mayoría de las personas de un país, y del mundo, se va todas las noches a la cama sin haber comido, o injerido menos de lo necesario. Eso siempre se ha llamado hambre. En estos tiempos algunos se empeñan en designar esta terrible situación como "inseguridad alimentaria". A quién estaba en la condición de carencia generalizada para ser y hacer, es decir, para poder producir y llevar una vida como persona humana, siempre se le llamó pobre. Hoy se disfraza con el término de "carenciado". Cuando alguna persona o algún grupo humano se encontraba en condiciones de existencia muy precarias, lo que hacía víctima, con graves consecuencias, de cualquier dificultad, a nivel popular se decía que estaba "hecho tira y recomendado para hilacha". Ahora se encuentra simplemente en "circunstancias especialmente difíciles". Ayer, cuando un grupo de personas, por sus condiciones particulares de vida, estaba expuesto más que otros a ser presa de alguna enfermedad en particular, decíamos que tenía todas las probabilidades de ganarse la rifa porque jugaba todos los números. Lo que se dice ahora es que "es un grupo de alto riesgo".

Como es fácil apreciar, una gran parte de estos términos que presentan terribles dramas humanos de una forma elegante, pero restándole la carga descriptiva que las anteriores denominaciones tenían, se elaboran en los organismos de cooperación internacional. A ellos les debemos también que los errores cometidos en la ejecución de proyectos, algunos con graves consecuencias, lo conozcamos como "lecciones aprendidas". También como producto elaborado en el ámbito internacional está el cambio reciente en la denominación de la decisión unilateral de un Estado de atacar a otro, por entender que es una amenaza para su seguridad. Antes era un acto de agresión injustificable. Ahora no es más que la acción derivada de la aceptación de la doctrina del "ataque preventivo".

Pero en este intento por enmascarar y desfigurar la realidad, tampoco nosotros nos quedamos atrás. Frente a actuaciones reñidas con lo moral, se recurre a que "la defensa es permitida". Y el terrible mal de la corrupción ha terminado siendo nada más que "indelicadezas". También nos apuntamos a tratar de que la forma oculte el contenido.

Rafael Toribio
rtoribio@intec.edu.do

 
23 de octubre 2003