Políticos y actores
Rafael Toribio - 16 de octubre 2003

Siempre se ha estimado que en cada político hay una parte de un actor; de alguien que por la actividad a la que se dedica tiene que saber desempeñar distintos papales, y hacerlo bien para que el público le otorgue credibilidad. Por esta razón, aquí como en otros países, personas que han logrado notoriedad y reconocimiento en razón de que su trabajo lo realizan a través de algún medio de comunicación masivo, deciden incursionar en la política. Sin embargo, la experiencia en estos casos no siempre ha sido exitosa. La mayoría no logra la candidatura a la que se postula. Otros la ganan, y en sus ejecutorias evidencian que la política no es su fuerte, sino la actuación, la animación o producir diversión, cuando no la utilización del micrófono para la comunicación. El político, por su parte, sobre todo en estos momentos de predominio de una cultura que privilegia la imagen, en especial a través de la televisión, tiene que desarrollar sus potencialidades histriónicas para poder adecuarse a los distintos papeles que debe asumir en la búsqueda del favor de la ciudadanía, en especial de sus grupos más significativos. Muchos actores o trabajadores del espectáculo quieren ser políticos y los políticos tienen que hacerse actores.

En Estados Unidos un mal actor terminó siendo considerado un gran Presidente. Ese fue el caso de Reagan, quien antes fue Gobernador del Estado de California. Recientemente, Arnold Schwarzenegger gana la Gobernación de ese Estado. Ambos son actores de calidad parecida, Gobernadores del mismo Estado y pertenecientes al mismo partido, el Republicano. Es posible que Arnold siga los pasos de Reagan, pero aunque no sea así ha demostrado que un actor, aunque no sea muy bueno, puede ganar el cargo de Gobernador en un Estado que representa la sexta economía del mundo.

Como la política se considera el arte de hacer posible lo probable, lo que implica la necesidad de adecuarse a las exigencias de las circunstancias; buscar el favor de la ciudadanía, que se encuentra organizada en agrupaciones distintas con intereses diferentes, y a veces contrapuestos; atender las demandas de todos los grupos y tratar de dejarlos satisfechos, el político tiene necesariamente que actuar, encarnando distintos papeles y personajes, según sean las necesidades de cada grupo. Por esta razón, cada político termina siendo un gran actor representando, no lo él es, sino lo que los demás quieren que sea y diga. Y debe hacerlo de manera convincente, mucho más cuando intenta reelegirse o volver al cargo que ya ha ejercido. Como ya es conocido por los papeles antes desempeñados, tiene que emplearse a fondo para ser nuevamente aceptado.

La mayoría de los políticos reconocen que para tener éxito deben actuar y desempeñar papeles que estiman coyunturales y necesarios. Normalmente se inician en la política con el propósito de llegar al poder para realizar los postulados de su partido que han hecho suyos. Pero con el tiempo desempeñan tantos papeles distintos, en diferentes escenarios y antes públicos tan diversos, que al final olvidan el suyo para quedarse con los que le demandan. Desde un inicio con un propósito loable, terminan siendo una simple máscara.

Rafael Toribio
rtoribio@intec.edu.do

 
16 de octubre 2003