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Razones
de preocupación Últimamente hemos sido víctimas de acontecimientos y decisiones que han puesto a prueba nuestra capacidad de sobre vivencia emocional, al menos, pero también material. El liderazgo nacional se ha empeñado en desafiar la resistencia de los dominicanos y de las dominicanas para no caer en el desaliento, la impotencia o el abatimiento que conduzca a la aceptación, cuando no al simple lamento, frente a sus comportamientos y ejecutorias. Pero también han comprometido nuestro futuro. Día tras días vemos esa insistencia, a través de distintas actuaciones, para que el desánimo reduzca la voluntad del rechazo, de la indignación y de la cólera. Tenemos suficientes razones que conspiran contra la esperanza y la ilusión. Pero tenemos que sobreponernos y derrotar a quienes se esfuerzan tan tesoneramente a que renunciemos a un futuro mucho mejor que el presente. En lo económico, recientemente hemos visto como la acción fraudulenta de un grupo financiero privado, unida a un mal manejo de la situación por las autoridades monetarias, nos coloca en la situación que estaba en país al inicio de la década de los 90, lo que representa que probablemente tengamos que invertir unos diez años para volver a la situación en que estábamos cuando el PBI creció al 6.5% anual durante una década. Las dificultades económicas que padecemos nos obligaron a recurrir al Fondo Monetario Internacional y aceptar como condicionalidades las decisiones que debieron haberse tomado, reclamadas por amplios sectores de la sociedad, pero que el gobierno entendía que no eran las convenientes. Como si lo anterior fuera poca cosa, damos marcha atrás a la capitalización en el sector eléctrico y se asume una parte significativa de la distribución de la energía eléctrica, que estaba en manos privada, bajo el supuesto que el Estado hará una gestión mucho mejor que la privada, sobre todo en momentos en que el Presidente de la República busca la reelección. Después de firmar el convenio con el FMI se han tomado decisiones, como la anterior, que han determinado que éste tenga que ser revisado, pues los equilibrios acordados dejan de existir con esas decisiones, deteniéndose su ejecución y hasta los desembolsos esperados por programas con el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo. A esto se agrega ahora que las firmas internacionales que evalúan y clasifican las economías de los países, califican la nuestra con signo negativo, cuestionando la capacidad nacional para manejar la economía, cumplir con los compromisos adquiridos, con lo que esto representa para atraer la inversión externa que tanto necesitamos. En lo político, el panorama es tan problemático o más que el económico. Presenciamos, con estupor, iniciativas legislativas que tratan de justificar la necesidad de la descentralización a través de la balcanización y desmembramiento del territorio nacional, que de seguro conducirá al caos y al aumento de la empleomanía pública. Lo lamentable del caso es que lo que se puede catalogar como un despropósito, algunos legisladores lo ven como una oportunidad para ampliar el clientelismo. Y esto sucede sin que el partido al que pertenecen presente una postura institucional opuesta, y que tampoco lo haga el Jefe del Estado, lo que les hace aparecer a ambos como cómplices por acción u omisión. A pesar de que la creación de nuevos Municipios y Provincias debe ser una decisión consensuada al mas alto nivel político, vemos que aquí puede lograrse por la decisión de un legislador que reivindica una aspiración, cierta o no, de un líder desaparecido de su partido. Es motivo de preocupación también que pese a los inconvenientes que está produciendo la decisión del Presidente Mejía de aspirar a un segundo período consecutivo, tanto para el país como para su propio partido, los aprestos reeleccionistas continúan, desconociendo resultados de recientes encuestas y las opiniones de organismos internacionales. Mientras el PRD se encuentra en peligro de división, o al menos de no poder presentarse unido en las elecciones; que recientes encuestas indican que la mayoría de la población expresa su oposición a la reelección del actual Presidente la República y organismos internacionales de monitoreo y evaluación financiera señalan que la prioridad del gobierno es la reelección, poniendo en peligro la política de ajustes firmada, y que la corrupción en vez de disminuir se ha incrementado, el proyecto reeleccionista marcha como si en el país existieran las mejores condiciones para hacer exitosa una iniciativa de esta naturaleza. Las circunstancias económicas y las políticas parecen aconsejar la conveniencia de desistir de la búsqueda de la reelección. Sin embargo, sus partidarios defienden que pese a todos los obstáculos lograrán imponer la repostulación del ingeniero Hipólito Mejía en el partido, y que la reelección triunfará en las elecciones del 2004. O estamos ante percepciones diferentes, en que una necesariamente está errada, o quienes promueven la reelección desde el Palacio Nacional entienden que disponen de los recursos necesarios para vencer todos los obstáculos. Además de todo lo anterior, particularmente considero altamente preocupante que un Jefe de Estado en una entrevista por televisión justifique que la fidelidad a la palabra no abarca el campo de la política porque en política se puede mentir y hasta no respetar los acuerdos. La justificación esgrimida es que otros no respetaron la palabra empeñada ni los acuerdos firmados. Estas declaraciones, en momentos donde las posiciones políticas encontradas demandan llegar a acuerdos y la solución a las dificultades financieras obligan a observar lo pactado y recuperar la confianza de los agentes económicos, son, cuando menos, desafortunadas. ¿Qué hacer? Lamentar la gravedad de la situación sin decisión de alguna acción es aceptar la impotencia y la imposibilidad de poder, al menos, contribuir a rectificar decisiones, o hacer ver las consecuencias de persistir en ellas. Mantener el silencio es renunciar al derecho y el deber que tenemos como ciudadanos y ciudadanas de reclamar de las autoridades que nos gobiernen bien y hacerles pagar el costo político cuando se empeñan en hacerlo mal. Y lo podemos hacer de manera individual, manifestando nuestras opiniones, y de manera colectiva a través de las organizaciones sociales a las que pertenecemos. En momentos de gravedad, y en esta ocasión lo estamos, el desaliento, la pasividad y el silencio es complicidad con lo que sucede y con quienes son responsables de los padecimientos del país. Rafael Toribio |