Las cancelaciones en El Caribe
Fausto Rosario - 04 de octubre 2003   


Casi los que forman parte de esta lista recibían mis reportajes y artículos semanales, que eran escritos bajo la sombrilla de El Caribe, periódico en el que como periodista estuve laborando desde el 15 de abril del 2001 hasta el pasado lunes, 15 de septiembre de 2003, cuando el nuevo director, Víctor Manuel Tejada, me entregó la carta con la que se me cancelaba.  

Sobre mi salida, y la de otros periodistas, quiero exponer algunas informaciones:  

El Caribe forma parte de un grupo financiero, el Grupo Popular, que a su vez es propietario de una cadena de radio y de una estación de televisión (CDN radio y CDN televisión). El grupo hizo esas incursiones luego de pasar por momentos difíciles, a mediados de los años noventa cuando rumores que se originaron en su competencia (Grupo Bancomercio, propietario del diario El Siglo), lanzaron falsas informaciones que crearon una crisis de imagen del Banco Popular y le ocasionaron una corrida que pudieron sortear.  

Esa experiencia les convenció de la necesidad de adquirir medios de comunicación y con su influencia obtener ventajas, como había ocurrido con los demás grupos financieros que habían incursionado en la banca (ejemplos del Grupo Financiero Nacional, el Consorcio Bancomercio, el Grupo Financiero Banco Universal y el emergente, en ese momento, Banco Intercontinental). Con excepción del Grupo Popular, todos los demás grupos financieros quebraron y desaparecieron o se encuentran proceso de extinción en este momento (Bancomercio, Banco Universal, Baninter y Bancrédito).  

Se trató de una decisión de auto-protección, y no de una inversión económica con visos de rentabilidad. La rentabilidad, si la consideraron, sería política. Sin embargo, pocas instituciones son tan sensibles en su manejo frente al público como las financieras, y son muy pocas las que resisten la presión del poder.  

El grupo propietario de El Caribe demostró en varias ocasiones que cedía fácilmente ante las presiones y que no tenía muy claramente establecida la responsabilidad social de los medios de comunicación que administraban.  

Eso explica por qué un diario relanzado a finales de 1999, en apenas cuatro años haya tenido 6 directores (Antonio Emilio Ornes, Luis Canela, Miguel Febles, Bernardo Vega, Fernando Ferrán y Victor Tejada), y que haya habido un director ejecutivo (Víctor Bautista), una subdirectora (María Virgen Gómez), un editor general (Iban Campo), cuatro administradores (Ilse Mena de Rodríguez, Antonio Florez-Estrada, María Angelica Haza y Luis García Recio), y una larga lista de funcionarios que nunca tuvieron claras sus funciones (Relaciones Públicas, Proyectos Especiales) y que fueron sustituidos como parte de un reciclaje natural en ese grupo empresarial .  

El Caribe se inició en su nueva etapa bajo el concepto de ser un periódico “arrevistado”, lo que significaba que cada día se haría una revista periodística, dejando que los demás diarios cargaran con los temas fuertes del día, mientras el periódico “arrevistado” se dedicaba a destacar las cosas positivas y bellas, las noticias raras, pero siempre desechando la denominada “pornomiseria”. Lo gráfico, la calidad de las fotografías estaba por encima de los contenidos. Por eso, siempre se estableció que antes de escribir una historia, el periodista mismo debía contar con un diseño. Eso también explicaba que se trataba del proyecto periodístico más costoso de la historia del país, tomando en cuenta que todas sus páginas estarían ilustradas con fotografías full color.  

Esa idea fue vendida por un grupo se asesores vinculados  a la Universidad de Navarra (con fuerte influencia del Opus Dei), que operan como empresa y que se identifican como Innovation, bajo la dirección de Juan Antonio Giner. Para el relanzamiento de El Caribe, en 1999, ellos fueron los que designaron a casi todo todo el personal, los que decidieron las secciones, quienes decidieron los salarios y quienes establecieron las prioridades. Esa es también la explicación a la altísima presencia de periodistas extranjeros en ese momento, especialmente españoles, porque sus organizadores ni creían ni creen que el país tenga profesionales con capacidad para hacer un diario de calidad. Tampoco había administradores, en su criterio, y trajeron desde Costa Rica a un administrador vinculado a ellos, Antonio Florez-Estrada, que en una de las muchas crisis de identidad fue cancelado por los propietarios del medio.  

Los asesores de Innovation, que habían dejado a cargo del proyecto a un diseñador de periódicos digitales (Juan Fernando Dorrego y esposa) fueron los que en su primera etapa fracasaron en la oferta de un periódico suave, con noticias raras y bonitas, buenas fotografías y alejado de los conflictos a que nos tenían acostumbrados los demás periódicos dominicanos. Ellos también sembraron de espinas el camino del Director Ejecutivo Miguel Febles (entonces no había un Director General), y de alguna manera contribuyeron con su cancelación a la llegada de Bernardo Vega).  

Esos asesores trataron de imponerle a Bernardo Vega, el nuevo director desde diciembre del 2000, un estilo de diario que no iba con la realidad dominicana ni se perfilaba como una necesidad del mercado. Vega creó la estructura para que el diario fuese otra cosa, y así se produce el gran cambio del diario El Caribe, y la consiguiente salida de los asesores de Innovation, luego de una larga batalla.  

Vega contrató nuevos periodistas y atrajo al diario a ejecutivos con alta calidad profesional y reconocimiento ético. Contando con el equipo de profesionales que había contratado, Vega resistió los intentos de Innovation de sacarlo de circulación, y en diciembre del 2002 en Grupo Popular prefirió abandonar la asesoría de Innovation.  

El periódico ganaba prestigio y se crecía, y Bernardo Vega y su equipo de profesionales produjeron cambios que ayudaron al diario a competir en un escenario de crisis de los otros medios impresos.  

Un aliado circunstancial de la recontratación de Innovation fue el presidente de la República, Hipólito Mejía, y los funcionarios del Gobierno, quienes lanzaron una campaña pocas veces vista en el país contra un director de un diario. La política informativa de El Caribe creaba ronchas y había que desprestigiarlo, debilitarlo frente a los dueños del periódico. Así, los dueños al parecer no resistieron la embestida, y en el mejor momento del diario decidieron su salida, y terminar así con los ataques y las presiones del Gobierno.  

El control del periódico, en su cotidianidad, estaba en manos del director ejecutivo y del jefe de redacción. Fue entonces cuando llegó, en mayo del 2003, la crisis de Baninter y con ello la crisis del sector financiero. Independientemente de la cautela con que se manejaron esos temas, El Caribe tuvo una participación destacada en que el público conociera la verdad de los acontecimientos.  

Fue El Caribe quien reveló los documentos confidenciales firmados entre Ramón Báez Figueroa y Pedro Castillo, para la compra por absorción del Baninter, y también quien reveló la crisis interna de la Asociación Popular de Ahorros y Préstamos, así como la estrecha relación comercial, documentada, entre Luis Alvarez Renta y Ramón Báez Figueroa. También fue El Caribe quien dio a conocer los detalles de la participación del Consultor Jurídico del Poder Ejecutivo, Guido Gómez Mazara, a favor de Luis Alvarez Renta y en perjuicio del Estado y del Banco Central.  

Cada uno de esos trabajos (y algunos otros como los favores oficiales para una familia que instalaría un sistema de rayos X en los puertos del país, o la compra de tubos por parte de la CAASD a una empresa en la que su director es co-propietario), crearon un ambiente de tensión entre la Gerencia y la Dirección del diario, que terminó por imponer una censura estricta sobre lo que se publicaría en la primera página cada día.  

La idea que se ha puesto a circular es que las cancelaciones en El Caribe se debieron a estrictas razones administrativas y financieras. No es correcto aceptar esa explicación. La sustitución del Director General no cabe en esa explicación, porque en su lugar fue designada otra persona. La cancelación de Víctor Bautista, el Director Ejecutivo, tampoco. Se creó una subdirección, que no existía, y se designó a una periodista. Permanece en el diario la persona del Editor General, como el Editor de Cierre, como los jefes de redacción y la editora de Multimedia. También se canceló al editor económico, y se designó a otro macroeditor de economía. Incluso, en el ámbito administrativo se crearon nuevos cargos, incluyendo el de un nuevo Vice-presidente Ejecutivo, que no existían antes de nuestra cancelación, y manteniendo los puestos de Presidente, Vice-presidente y Secretario del Consejo de Administración.  

El periódico sigue teniendo las mismas pérdidas y sigue siendo financiado por el mismo grupo. Es más, ahora podría ser mucho más costoso su financiamiento debido a que los asesores de Innovation cobran en dólares grandes sumas de dinero, y permanecen en el país para ayudar a rehacer el periódico “light”, “arrevistado” y no comprometido que ellos han prometido hacer rentable en un período de seis meses.  

Las cancelaciones tuvieron un profundo sello de contenido. Solo hay que ver detenidamente el periódico que se estaba haciendo hasta el 13 de septiembre y el que se está publicando desde entonces.  

Un amigo mío, a quien aprecio mucho, me dijo en una ocasión que las cosas siempre tienden a buscar su origen, y creo que con El Caribe se está cumpliendo esta sentencia.

 

Fausto Rosario Adames  
fausto.rosario@codetel.net.do


04 de octubre 2003