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Las
cancelaciones en El Caribe
Sobre mi salida, y la de otros periodistas, quiero
exponer algunas informaciones: El Caribe forma parte de un grupo financiero, el
Grupo Popular, que a su vez es propietario de una cadena de radio y de una
estación de televisión (CDN radio y CDN televisión). El grupo hizo esas
incursiones luego de pasar por momentos difíciles, a mediados de los años
noventa cuando rumores que se originaron en su competencia (Grupo
Bancomercio, propietario del diario El Siglo), lanzaron falsas
informaciones que crearon una crisis de imagen del Banco Popular y le
ocasionaron una corrida que pudieron sortear. Esa experiencia les convenció de la necesidad de
adquirir medios de comunicación y con su influencia obtener ventajas,
como había ocurrido con los demás grupos financieros que habían
incursionado en la banca (ejemplos del Grupo Financiero Nacional, el
Consorcio Bancomercio, el Grupo Financiero Banco Universal y el emergente,
en ese momento, Banco Intercontinental). Con excepción del Grupo Popular,
todos los demás grupos financieros quebraron y desaparecieron o se
encuentran proceso de extinción en este momento (Bancomercio, Banco
Universal, Baninter y Bancrédito). Se trató de una decisión de auto-protección, y no
de una inversión económica con visos de rentabilidad. La rentabilidad,
si la consideraron, sería política. Sin embargo, pocas instituciones son
tan sensibles en su manejo frente al público como las financieras, y son
muy pocas las que resisten la presión del poder. El grupo propietario de El Caribe demostró en
varias ocasiones que cedía fácilmente ante las presiones y que no tenía
muy claramente establecida la responsabilidad social de los medios de
comunicación que administraban. Eso explica por qué un diario relanzado a finales
de 1999, en apenas cuatro años haya tenido 6 directores (Antonio Emilio
Ornes, Luis Canela, Miguel Febles, Bernardo Vega, Fernando Ferrán y
Victor Tejada), y que haya habido un director ejecutivo (Víctor
Bautista), una subdirectora (María Virgen Gómez), un editor general (Iban
Campo), cuatro administradores (Ilse Mena de Rodríguez, Antonio Florez-Estrada,
María Angelica Haza y Luis García Recio), y una larga lista de
funcionarios que nunca tuvieron claras sus funciones (Relaciones Públicas,
Proyectos Especiales) y que fueron sustituidos como parte de un reciclaje
natural en ese grupo empresarial . El Caribe se inició en su nueva etapa bajo el
concepto de ser un periódico “arrevistado”, lo que significaba que
cada día se haría una revista periodística, dejando que los demás
diarios cargaran con los temas fuertes del día, mientras el periódico
“arrevistado” se dedicaba a destacar las cosas positivas y bellas, las
noticias raras, pero siempre desechando la denominada “pornomiseria”.
Lo gráfico, la calidad de las fotografías estaba por encima de los
contenidos. Por eso, siempre se estableció que antes de escribir una
historia, el periodista mismo debía contar con un diseño. Eso también
explicaba que se trataba del proyecto periodístico más costoso de la
historia del país, tomando en cuenta que todas sus páginas estarían
ilustradas con fotografías full color. Esa idea fue vendida por un grupo se asesores
vinculados a la Universidad
de Navarra (con fuerte influencia del Opus Dei), que operan como empresa y
que se identifican como Innovation, bajo la dirección de Juan Antonio
Giner. Para el relanzamiento de El Caribe, en 1999, ellos fueron los que
designaron a casi todo todo el personal, los que decidieron las secciones,
quienes decidieron los salarios y quienes establecieron las prioridades.
Esa es también la explicación a la altísima presencia de periodistas
extranjeros en ese momento, especialmente españoles, porque sus
organizadores ni creían ni creen que el país tenga profesionales con
capacidad para hacer un diario de calidad. Tampoco había administradores,
en su criterio, y trajeron desde Costa Rica a un administrador vinculado a
ellos, Antonio Florez-Estrada, que en una de las muchas crisis de
identidad fue cancelado por los propietarios del medio. Los asesores de Innovation, que habían dejado a
cargo del proyecto a un diseñador de periódicos digitales (Juan Fernando
Dorrego y esposa) fueron los que en su primera etapa fracasaron en la
oferta de un periódico suave, con noticias raras y bonitas, buenas
fotografías y alejado de los conflictos a que nos tenían acostumbrados
los demás periódicos dominicanos. Ellos también sembraron de espinas el
camino del Director Ejecutivo Miguel Febles (entonces no había un
Director General), y de alguna manera contribuyeron con su cancelación a
la llegada de Bernardo Vega). Esos asesores trataron de imponerle a Bernardo Vega,
el nuevo director desde diciembre del 2000, un estilo de diario que no iba
con la realidad dominicana ni se perfilaba como una necesidad del mercado.
Vega creó la estructura para que el diario fuese otra cosa, y así se
produce el gran cambio del diario El Caribe, y la consiguiente salida de
los asesores de Innovation, luego de una larga batalla. Vega contrató nuevos periodistas y atrajo al diario
a ejecutivos con alta calidad profesional y reconocimiento ético.
Contando con el equipo de profesionales que había contratado, Vega
resistió los intentos de Innovation de sacarlo de circulación, y en
diciembre del 2002 en Grupo Popular prefirió abandonar la asesoría de
Innovation. El periódico ganaba prestigio y se crecía, y
Bernardo Vega y su equipo de profesionales produjeron cambios que ayudaron
al diario a competir en un escenario de crisis de los otros medios
impresos. Un aliado circunstancial de la recontratación de
Innovation fue el presidente de la República, Hipólito Mejía, y los
funcionarios del Gobierno, quienes lanzaron una campaña pocas veces vista
en el país contra un director de un diario. La política informativa de
El Caribe creaba ronchas y había que desprestigiarlo, debilitarlo frente
a los dueños del periódico. Así, los dueños al parecer no resistieron
la embestida, y en el mejor momento del diario decidieron su salida, y
terminar así con los ataques y las presiones del Gobierno. El control del periódico, en su cotidianidad,
estaba en manos del director ejecutivo y del jefe de redacción. Fue
entonces cuando llegó, en mayo del 2003, la crisis de Baninter y con ello
la crisis del sector financiero. Independientemente de la cautela con que
se manejaron esos temas, El Caribe tuvo una participación destacada en
que el público conociera la verdad de los acontecimientos. Fue El Caribe quien reveló los documentos
confidenciales firmados entre Ramón Báez Figueroa y Pedro Castillo, para
la compra por absorción del Baninter, y también quien reveló la crisis
interna de la Asociación Popular de Ahorros y Préstamos, así como la
estrecha relación comercial, documentada, entre Luis Alvarez Renta y Ramón
Báez Figueroa. También fue El Caribe quien dio a conocer los detalles de
la participación del Consultor Jurídico del Poder Ejecutivo, Guido Gómez
Mazara, a favor de Luis Alvarez Renta y en perjuicio del Estado y del
Banco Central. Cada uno de esos trabajos (y algunos otros como los
favores oficiales para una familia que instalaría un sistema de rayos X
en los puertos del país, o la compra de tubos por parte de la CAASD a una
empresa en la que su director es co-propietario), crearon un ambiente de
tensión entre la Gerencia y la Dirección del diario, que terminó por
imponer una censura estricta sobre lo que se publicaría en la primera página
cada día. La idea que se ha puesto a circular es que las
cancelaciones en El Caribe se debieron a estrictas razones administrativas
y financieras. No es correcto aceptar esa explicación. La sustitución
del Director General no cabe en esa explicación, porque en su lugar fue
designada otra persona. La cancelación de Víctor Bautista, el Director
Ejecutivo, tampoco. Se creó una subdirección, que no existía, y se
designó a una periodista. Permanece en el diario la persona del Editor
General, como el Editor de Cierre, como los jefes de redacción y la
editora de Multimedia. También se canceló al editor económico, y se
designó a otro macroeditor de economía. Incluso, en el ámbito
administrativo se crearon nuevos cargos, incluyendo el de un nuevo Vice-presidente
Ejecutivo, que no existían antes de nuestra cancelación, y manteniendo
los puestos de Presidente, Vice-presidente y Secretario del Consejo de
Administración. El periódico sigue teniendo las mismas pérdidas y
sigue siendo financiado por el mismo grupo. Es más, ahora podría ser
mucho más costoso su financiamiento debido a que los asesores de
Innovation cobran en dólares grandes sumas de dinero, y permanecen en el
país para ayudar a rehacer el periódico “light”, “arrevistado” y
no comprometido que ellos han prometido hacer rentable en un período de
seis meses. Las cancelaciones tuvieron un profundo sello de
contenido. Solo hay que ver detenidamente el periódico que se estaba
haciendo hasta el 13 de septiembre y el que se está publicando desde
entonces. Un amigo mío, a quien aprecio mucho, me dijo en una
ocasión que las cosas siempre tienden a buscar su origen, y creo que con
El Caribe se está cumpliendo esta sentencia.
Fausto Rosario Adames |