La denuncia del Cardenal sobre transplante de órganos
Francisco G. Alvarez Aquino - 03 de octubre 2003

En la edición de este periódico correspondiente al 29 de septiembre leí con interés la denuncia que hizo el Cardenal López Rodríguez acerca del uso ilegal de transplantes de órganos en nuestro país, seguida, un día más tarde, por una respuesta de parte del doctor Ashley Baquero donde señalaba la imposibilidad de que semejante actividad pudiera estarse llevando a cabo en la República Dominicana.  Desafortunadamente, por lo que se señala en la reseña periodística, el señor Cardenal no entró en detalles sobre quiénes están detrás de esta monstruosidad, ni sobre la fuente de las informaciones que le llevaron a pronunciar una denuncia tan seria.

No dudamos por un instante de las buenas intenciones del máximo representante de la iglesia católica de nuestro país pero nos preocupa mucho el efecto nocivo que semejante acusación pueda tener en nuestra población en lo que respecta a la actitud de la misma frente a los transplantes de órganos.

Desde hace varios años me he dedicado a la medicina de transplante de pulmón en los Estados Unidos y ha sido una experiencia dolorosa mirar como muchos de mis pacientes fallecen en la lista de espera, abrazados a la tenue esperanza de un transplante que nunca llegó. La principal razón de esta trágica circunstancia es la falta de donantes, la cual se debe, entre otras cosas, a una visión distorsionada de una parte de la  población en lo que respecta a los transplantes de órganos. Aún en los Estados Unidos, donde los transplantes son rutinarios y donde existe un sistema altamente sofisticado para asegurar la distribución de los órganos de una manera ética, muchas personas desconfían de esta modalidad terapéutica que tantas vidas ha salvado.

Esto es particularmente cierto en nuestro país, donde una población pobremente educada ha mostrado una desconfianza visceral ante los trasplantes, fruto, sin duda, de un desconocimiento casi total sobre los procedimientos necesarios para realizar un transplante de cualquier órgano. La inmensa mayoría de los médicos envueltos en trasplantes de órganos son profesionales muy serios y dedicados que no se prestarían jamás al tráfico de órganos. Aunque hubiesen médicos dispuestos a hacerlo, en nuestro país hay pocos centros con la capacidad de realizar estos complejos procedimientos quirúrgicos, y pocos cirujanos con  la experiencia necesaria.

Por otro lado, es poco probable que alguien pueda extraer órganos aquí para llevárselos a otro país ya que los mismos empiezan a descomponerse rápidamente y deben ser insertados en el recipiente en el plazo de unas pocas horas. A todo esto hay que sumar el hecho de que el donante y el recipiente deben ser compatibles, por lo que no es tan fácil conseguir "voluntarios".

No quiero decir con esto que sea imposible traficar con órganos en nuestro país,  ya que hay otras formas de hacerlo como, por ejemplo, llevar al donante al extranjero y realizar allí la cirugía. Pero aunque el Cardenal López Rodríguez le hace un gran favor a la sociedad cuando expresa su preocupación sobre este delicado asunto, en nuestra opinión sus bien intencionados esfuerzos podrían hacer más difícil la labor que un puñado de dominicanos, como el Dr. Baquero, vienen realizando por varios años en su afán por concienciar a la población sobre los beneficios de los transplantes.

Al señor Cardenal le pedimos que aporte las pruebas que tiene a las autoridades para determinar si realmente existe un tráfico ilegal de órganos, pero que al mismo tiempo use su prestigio para que los dominicanos se enteren de que no existe un acto más cristiano  que la donación desinteresada de un órgano para devolverle la salud y la vida a otro ser humano, y que el mismo puede ser realizado de una manera ética y legal en nuestro país a través de los canales apropiados.

He vivido en varias ciudades en los Estados Unidos y en todas ellas cada vez que alguien se entera que soy dominicano la respuesta inevitable ha sido " ah!, de ahí es que viene el pelotero fulano de tal". La única excepción a esta regla ha sido la ciudad de Shreveport. Allí la gente me decía "ah!, de ahí es que viene el doctor Baquero".  Conocí a varios pacientes de Ashley antes de conocerlo a él, y todos, sin excepción, mostraban  un agradecimiento y admiración por su trabajo francamente conmovedores. Todos mis colegas que lo conocían eran de la misma opinión. Que un profesional como él haya decidido volver a nuestro país a emprender una tarea tan ardua es digno de todo el apoyo que se le pueda ofrecer.

El drama de muchos dominicanos que hoy afrontan la penuria de una hemodiálisis esporádica  y costosa, por no decir inaccesible, podría terminar si personas como el Cardenal López Rodríguez aprovechan su indudable influencia para sacar de las tinieblas a un pueblo al que la ignorancia, tanto o más que la pobreza misma,  le ha negado los beneficios de una de las áreas más nobles de la medicina.

Dr. Francisco G. Alvarez Aquino
E-mail alvarez.francisco@mayo.edu

03 de octubre 2003