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La
denuncia del Cardenal sobre transplante de órganos En la edición de este periódico
correspondiente al 29 de septiembre leí con interés la denuncia que hizo
el Cardenal López Rodríguez acerca del uso ilegal de transplantes de órganos
en nuestro país, seguida, un día más tarde, por una respuesta de parte
del doctor Ashley Baquero donde señalaba la imposibilidad de que
semejante actividad pudiera estarse llevando a cabo en la República
Dominicana. Desafortunadamente,
por lo que se señala en la reseña periodística, el señor Cardenal no
entró en detalles sobre quiénes están detrás de esta monstruosidad, ni
sobre la fuente de las informaciones que le llevaron a pronunciar una
denuncia tan seria. No dudamos por un instante de las
buenas intenciones del máximo representante de la iglesia católica de
nuestro país pero nos preocupa mucho el efecto nocivo que semejante
acusación pueda tener en nuestra población en lo que respecta a la
actitud de la misma frente a los transplantes de órganos. Desde hace varios años me he dedicado
a la medicina de transplante de pulmón en los Estados Unidos y ha sido
una experiencia dolorosa mirar como muchos de mis pacientes fallecen en la
lista de espera, abrazados a la tenue esperanza de un transplante que
nunca llegó. La principal razón de esta trágica circunstancia es la
falta de donantes, la cual se debe, entre otras cosas, a una visión
distorsionada de una parte de la población
en lo que respecta a los transplantes de órganos. Aún en los Estados
Unidos, donde los transplantes son rutinarios y donde existe un sistema
altamente sofisticado para asegurar la distribución de los órganos de
una manera ética, muchas personas desconfían de esta modalidad terapéutica
que tantas vidas ha salvado. Esto es particularmente cierto en
nuestro país, donde una población pobremente educada ha mostrado una
desconfianza visceral ante los trasplantes, fruto, sin duda, de un
desconocimiento casi total sobre los procedimientos necesarios para
realizar un transplante de cualquier órgano. La inmensa mayoría de los médicos
envueltos en trasplantes de órganos son profesionales muy serios y
dedicados que no se prestarían jamás al tráfico de órganos. Aunque
hubiesen médicos dispuestos a hacerlo, en nuestro país hay pocos centros
con la capacidad de realizar estos complejos procedimientos quirúrgicos,
y pocos cirujanos con la
experiencia necesaria. Por otro lado, es poco probable que
alguien pueda extraer órganos aquí para llevárselos a otro país ya que
los mismos empiezan a descomponerse rápidamente y deben ser insertados en
el recipiente en el plazo de unas pocas horas. A todo esto hay que sumar
el hecho de que el donante y el recipiente deben ser compatibles, por lo
que no es tan fácil conseguir "voluntarios". No quiero decir con esto que sea
imposible traficar con órganos en nuestro país, ya que hay otras formas de hacerlo como, por ejemplo, llevar
al donante al extranjero y realizar allí la cirugía. Pero aunque el
Cardenal López Rodríguez le hace un gran favor a la sociedad cuando
expresa su preocupación sobre este delicado asunto, en nuestra opinión
sus bien intencionados esfuerzos podrían hacer más difícil la labor que
un puñado de dominicanos, como el Dr. Baquero, vienen realizando por
varios años en su afán por concienciar a la población sobre los
beneficios de los transplantes. Al señor Cardenal le pedimos que
aporte las pruebas que tiene a las autoridades para determinar si
realmente existe un tráfico ilegal de órganos, pero que al mismo tiempo
use su prestigio para que los dominicanos se enteren de que no existe un
acto más cristiano que la
donación desinteresada de un órgano para devolverle la salud y la vida a
otro ser humano, y que el mismo puede ser realizado de una manera ética y
legal en nuestro país a través de los canales apropiados. He vivido en varias ciudades en los
Estados Unidos y en todas ellas cada vez que alguien se entera que soy
dominicano la respuesta inevitable ha sido " ah!, de ahí es que
viene el pelotero fulano de tal". La única excepción a esta regla
ha sido la ciudad de Shreveport. Allí la gente me decía "ah!, de ahí
es que viene el doctor Baquero".
Conocí a varios pacientes de Ashley antes de conocerlo a él, y
todos, sin excepción, mostraban un
agradecimiento y admiración por su trabajo francamente conmovedores.
Todos mis colegas que lo conocían eran de la misma opinión. Que un
profesional como él haya decidido volver a nuestro país a emprender una
tarea tan ardua es digno de todo el apoyo que se le pueda ofrecer. El drama de muchos dominicanos que hoy afrontan la penuria de una hemodiálisis esporádica y costosa, por no decir inaccesible, podría terminar si personas como el Cardenal López Rodríguez aprovechan su indudable influencia para sacar de las tinieblas a un pueblo al que la ignorancia, tanto o más que la pobreza misma, le ha negado los beneficios de una de las áreas más nobles de la medicina. Dr. Francisco G. Alvarez Aquino 03
de octubre 2003 |